Decir que Turquía es un país loco por el fútbol suena a tópico. Después de la alegría desatada por la conquista del tercer podio en la Copa Mundial de la FIFA Corea/Japón 2002, el mundo entero conoció la pasión con la que viven los turcos el deporte rey. Sin embargo, ese fervor no es nada en comparación con el delirio que acompaña siempre al derbi de Estambul entre el Galatasaray y el Fenerbahçe, los dos clubes más laureados del país.

Como exige la tradición, para los seguidores es más importante derrotar al eterno rival que levantar el título. Por uno de esos caprichos de la fortuna, en esta 36ª edición, el vencedor podría alcanzar los dos objetivos a la vez. Porque, además del prestigio, está en juego el liderazgo de la SüperLig, que actualmente corresponde al Fenerbahçe gracias a que se ha anotado un gol más que su rival, y por tanto la diferencia de goles está a su favor.

Es fácil imaginar, por lo tanto, la recepción que espera al líder este domingo en el estadio Ali Sami Yen. "Cuando llegas a Galatasaray, te dicen: 'Bienvenido al infierno'", recuerda Eric Gerets, antiguo entrenador del Galatasaray y actual técnico del Olympique de Marsella. "Durante esos derbis, tienes escalofríos de principio a fin. Se es deportista para vivir momentos como ésos. Aunque he entrenado y he jugado en varios países, aquello es otro mundo".

Un mundo que conoce bien Volkan Demirel, portero del Fenerbahçe, que aborda su noveno duelo capitalino con aplomo. "Nunca es fácil prepararse para un derbi, pero nuestro equipo juega tan bien y tenemos tantos jugadores capaces de marcar, que el balón seguro que terminará por entrar", vaticina el cancerbero de los Sari Kanaryalar ('canarios amarillos'). "Si vamos al Ali Sami Yen y jugamos como lo hacemos habitualmente, no tenemos nada que temer. Física y mentalmente, estamos preparados para batir al Galatasaray".

El Cimbom, apodo cariñoso que los hinchas del Galatasaray le han puesto a su club, podría haber acometido este encuentro con ventaja en la clasificación, pero los Leones perdieron el trono y a su entrenador hace tres semanas. Al día siguiente de un decepcionante 0-0 contra el Gaziantepspor, el alemán Karl Heinz Feldkamp dimitió, y el Fenerbahçe tomó la delantera. Si gana ahora, el Galatasaray, actualmente bajo la dirección de Cevat Güler, podría recuperar la primera plaza y enfilar el camino hacia su decimoséptimo campeonato, con tres puntos de ventaja a falta de dos jornadas para el final. Así empataría con su visitante en cantidad de trofeos de liga que coleccionan en sus vitrinas. Y agudizaría una rivalidad histórica ya de por sí bastante exacerbada.

Dos continentes, una pasión
Ciudad única en el mundo, a caballo de dos continentes, Estambul es caldo de cultivo ideal de una rivalidad tan acendrada, así como de la pasión concomitante. Ambos clubes fueron fundados a principios del siglo XX, con dos años de diferencia. En la costa europea, en 1905, los alumnos del liceo francés de Galatasaray, reputado por educar a la elite política de la nación, decidió crear un equipo de fútbol capaz de enfrentarse a los conjuntos griegos e ingleses. En el origen del proyecto, Ali Sami Yen se convirtió en una leyenda del club y luego prestó su nombre al estadio.

Pero en una metrópolis de 13 millones de almas es difícil congregar a todos los amantes del fútbol (los 13 millones, según los estambuliotas), en torno a un solo escudo. Así pues, en 1907, en la orilla opuesta del Bósforo, el Fenerbahçe vio la luz del día en el barrio de Kadiköy. Fue fundado dentro del secreto más absoluto, y vivió sus primeros años en la clandestinidad, porque el sultán Habdullamid II veía con malos ojos cualquier agrupación de jóvenes.

A la distinción geográfica se sumó pronto una diferencia social: el Fenerbahçe se convirtió en el club "popular", mientras que el Galatasaray era considerado como "aristocrático". Un siglo más tarde, estas distinciones ya no son más que recuerdos remotos. Se puede encontrar seguidores de ambos equipos a ambos lados del Bósforo, y las gradas de los dos estadios se llenan con aficionados representantes de todas las clases sociales.

En el ámbito deportivo, el Fenerbahçe posee desde la pasada temporada la mayor cantidad de títulos de liga (17), y es el único equipo que puede presentar un balance positivo frente a los Leones: 135 victorias, 115 derrotas y 109 empates en 359 encuentros. Pero el Galatasaray puede jactarse de haber hecho brillar el fútbol turco en la escena internacional. En el curso del inolvidable año 2000, ganó la Copa de la UEFA y la Supercopa de Europa. Estos trofeos enorgullecen a sus seguidores y espolean a los canarios amarillos, relativamente discretos en la escena europea.

Afanoso por ponerse a la altura de su contendiente, el Fenerbahçe ha emprendido una política "galáctica". Nicolas Anelka, Stephen Appiah, Pierre van Hooijdonk, Roberto Carlos y Zico han recalado en Kadiköy para intentar reeditar la hazaña conseguida por el rival. La temporada 2007/08 casi ha reequilibrado la notoriedad de los dos clubes en Europa a raíz de la magnífica campaña que los hombres de Zico han cuajado en Liga de Campeones. Invencibles en su estadio de Şükrü Saraçoğlu, tumbaron a potencias como el Inter de Milán, el PSV Eindhoven, el Sevilla y el Chelsea, y no se despidieron de la competición hasta cuartos de final, superados por los londinenses.

Un derbi de leyenda
La rivalidad franqueó un punto de inflexión en febrero de 1934. Lo que debería haber sido un partido amistoso se transformó en batalla campal entre jugadores e hinchas. A partir de entonces, las relaciones ya no volverían a ser las mismas, y los encuentros entre los dos equipos se convirtieron en partidos que no podían perderse bajo ningún pretexto.

En un país en el que el fútbol es casi una religión, la prensa, de ordinario muy concentrada en torno al balompié, aumenta sus ventas en un 50% durante la semana que precede al derbi. En esos días, la tensión sube constantemente antes de explotar en plena gran cita, donde, como manda la tradición de los derbis, se ven más nervios y tarjetas que regates y buenas jugadas.

En la hora del derbi, sólo cuenta el resultado. Para ver espectáculo y juego bonito, los seguidores de ambos bandos se conforman con los otros 32 partidos de liga. "Los jugadores saben lo que está en juego en estos encuentros", confirma Rıdvan Dilmen, antigua gloria de los canarios. "Cuando se gana, se entra en otra dimensión. Aunque ganes contra el Barcelona en la Liga de Campeones, no tendrás la misma sensación que si ganas contra el Galatasaray. Este partido es especial. Nosotros lo sabemos, y los seguidores también".

ElDemonio Dilmen y sus compañeros de equipo infligieron una diablura suprema en el domicilio de sus rivales en un choque de la Copa de Turquía disputado en 1989. Tras marcharse al descanso con un 3-0 en contra, el club de la ribera asiática logró lo imposible: remontar la desventaja e imponerse por 3-4. Fue un acontecimiento que hizo enmudecer a todo el estadio, a pesar de su fama de ser un infierno para los tímpanos. El Galatasaray tardó siete años en tomarse la revancha a las órdenes del escocés Graeme Souness. El otrora jugador y entrenador del Liverpool y del Glasgow Rangers pensaba conocerlo todo sobre derbis endiablados antes de disputar la final de la Copa de Turquía en 1996.

Tras vencer por 1-0 en la ida en su campo, los Leones cayeron por el mismo resultado en el encuentro de vuelta. Cuando la prórroga tocaba a su fin y ya todo el mundo se preparaba para la tanda de penales, el galés Dean Saunders marcó y dio la victoria y el trofeo a los visitantes. Loco de alegría, Souness agarró una inmensa bandera roja y amarilla y, ni corto ni perezoso, se fue a plantarla en el círculo central del estadio del Fenerbahçe... Tuvieron que pasar horas y cientos de policías para que el osado entrenador pudiera salir del recinto. Desde aquel día, el escocés es el hombre al que más ama media Estambul y al que más odia la otra media.

Ya se sabe que del amor al odio no hay más que un paso. Además del encono hacia el adversario, la pasión estambuliota es sobre todo una historia de amor: el de los seguidores por sus colores. Y en este sentido, ya se puede predecir un empate entre los dos equipos. En cuanto al choque del domingo, permitirá al vencedor acercarse a una nueva consagración y cubrirá de gloria a sus jugadores y seguidores. Hasta el siguiente derbi.