La opinión de aficionados y especialistas es coincidente, más allá de los colores y las edades: Enzo Francescoli fue uno de los jugadores más elegantes que haya entregado el fútbol rioplatense. El Príncipe, tal como lo apodaron en Argentina, hizo honor a ese sobrenombre con su andar tanto dentro como fuera de la cancha, que lo ha convertido en uno de los íconos vivientes del deporte rey en la mayoría de los países donde jugó. A continuación, FIFA.com repasa su brillante trayectoria y particular presente.
Momentos inolvidables
Los habituales ojeadores del fútbol uruguayo ya avisaban, allá por fines de los años 70', que un desgarbado volante creativo hacía delicias con el balón en el humilde Wanderers de Montevideo. No se equivocaban: Francescoli, en 1981, ya destacaba en las filas del seleccionado nacional juvenil y se preparaba para fichar por el River Plate de Argentina. Casi nada, para alguien que había sido rechazado en las divisiones menores de Peñarol y River Plate de Uruguay "por ser muy flaquito".
"La primera etapa fue dura, River no andaba bien y yo no encontraba el puesto en la cancha. Hasta que me pusieron de atacante y comencé a revertir la imagen", recuerda el uruguayo que, rápidamente, recibió el apodo de Príncipe. ¿El autor? Su compatriota y relator, Víctor Hugo Morales. "En esa época escuchaba mucho el tango Príncipe y lo cantaba a cada rato. Hizo un gol y repetí una parte: ‘Príncipe soy, tengo un amor y es el gol'. El apodo le cabía justo al hombre algo melancólico, tristón, con un andar verdaderamente principesco", explica el periodista.
La historia es conocida: Francescoli explotó en su mejor nivel y fue vendido a Europa donde pasó por distintos equipos de Francia e Italia. Allí, su fútbol fue tan alto que incluso Zinedine Zidane se convirtió en uno de sus principales admiradores. "Era mi jugador favorito y esperaba verlo en acción en los entrenamientos", rememora Zizou quien, en homenaje, nombró Enzo a su propio hijo. "Fue muy fuerte enterarme de eso", reconoce el uruguayo. "Lo supe poco antes de enfrentarnos en la final de la Copa Intercontinental de 1996, por eso le di mi camiseta después del partido. Un tiempo después me enteré que la usaba para dormir en la concentración del Mundial 1998 y con la Juve. Fuerte, ¿no?", completa.
Su regreso a Sudamérica se produjo en 1994 y allí terminó por ganar todo lo que se propuso con River Plate, a excepción de aquel duelo en Japón con el Juventus. En la selección su idolatría no es tan alta como en Argentina, pero el uruguayo puede jactarse de haber capitaneado al equipo en las Copas Mundiales de la FIFA 1986 y 1990, así como ser el charrúa que más Copas América ha levantado -1983, 1987 y 1995, el último título oficial de la Celeste en el mismísimo Centenario-.
"Haber jugado dos Mundiales forma parte de un recuerdo enorme. Es cierto que no pude ganar el título, que es una variable que escapa a uno. Pero así y todo, aún disfruto de haber participado en dos eventos maravillosos, lo máximo para cualquier futbolista más allá del resultado", confesó a FIFA.com. ¿Qué recuerdos tiene de aquellos torneos? "Era otro tipo de fútbol. En el 86' llegué con mucha expectativa porque mi carrera estaba en ascenso, por eso me dolió mucho la eliminación. ¿Si me golpearon mucho? Bastante, sí. Era otro fútbol", reconoce.
"En 1990 llegamos con un equipo más fuerte, pero nos cruzamos con una Italia poderosa en octavos. En el Mundial no se trata sólo de ser un gran equipo, sino de encontrarte bien en el momento justo. Pero no puedo quejarme: logré más de lo que esperaba cuando empecé a perfilarme como profesional. Quizás no se me dio un paso por equipos como el Juventus o el FC Barcelona, aunque estuve cerca. Pero sería injusto si me quejara por algo que no me ha dado el fútbol".
En la actualidad
En el año 2002, cinco después de retirarse profesionalmente, Enzo se mudó a Miami junto a su mujer y sus hijos. ¿El motivo? Manejar los destinos de GolTV, el canal deportivo que repartió la señal del fútbol a los distintos rincones de Estados Unidos. El proyecto, llevado adelante junto a Paco Casal -su amigo y ex representante- y Nelson Gutiérrez -aquel marcador central que lo acompañó en distintos pasos de su carrera-, tuvo éxito y hoy le permite estar radicado nuevamente en Buenos Aires. "Voy a Miami una vez por semana, pero vivo la mayoría del tiempo en Argentina. Mi familia se habituó a la vida de aquí".
El cambio del campo de juego por las oficinas no fue tan complejo como podría pensarse. "Tenía todo racionalizado desde antes. A medias me hubiera costado, estar yendo al club, a la cancha... por eso corté de raíz y me junté con amigos para hacer otro tipo de cosas. Por suerte nos salió bien", completa quien, a sus 45 años, es consultado constantemente acerca de su retorno al fútbol en el papel de entrenador: "La verdad es que no lo siento aún. Estoy avocado a otro tipo de trabajo y no tengo tiempo para prepararme. Eso sí, en caso de hacerlo, será en River Plate o en la selección uruguaya, mis dos grandes amores".
Enzo Francescoli
Posición: Delantero
Clubes: Wanderers (URU), River Plate (ARG), Racing Matra de París (FRA), Olympique de Marsella (FRA), Cagliari (ITA), Torino (ITA), River Plate (ARG).
Selección nacional: 73 convocatorias, 17 goles
Palmarés: Campeón del Torneo Juvenil Sudamericano con Uruguay (1981), Campeón de la Copa América con Uruguay (1983, 1987 y 1995), Campeón de la Ligue 1 con el Olympique de Marsella (1990), Campeón de la Liga de Argentina con River Plate (1986, 1994, 1996 -2- y 1997), Campeón de la Copa Libertadores de América con River Plate (1996), Campeón de la Supercopa Sudamericana con River Plate (1997).





