Dos decenios después de que Franz Beckenbauer personificase el puesto de líbero en los años 1970, Masami Ihara brilló con luz propia en ese papel. El jugador que más veces ha vestido la camiseta de la selección japonesa quedó asociado para siempre con dos partidos dramáticos, ambos encuentros de clasificación para la Copa Mundial de la FIFA en los que experimentó emociones totalmente opuestas.

Los nipones se quedaron sin participar en EE UU 1994 por un tanto en el último minuto, pero replicaron clasificándose para Francia 1998 gracias a un gol de oro. FIFA.com ha hablado con Ihara de los momentos que marcaron su carrera como futbolista, y también de sus primeros pasos como entrenador.

Los comienzos
Ihara, oriundo de Shiga, jugaba de delantero en su época de bachiller, pero se reconvirtió en defensor en la Universidad de Tsukuba. La "muralla de Asia", apodo por el que se le conocía, recibió su primera convocatoria con la selección japonesa en 1988, siendo todavía un estudiante universitario de segundo año, y llegó a acumular 122 partidos con los colores de su país, una cifra que nadie ha igualado.

Su trayectoria profesional empezó en el Nissan en 1990, para luego militar en tres destacados clubes japoneses, Yokohama F. Marinos, Jubilo Iwata y Urawa Red Diamonds. Formaba parte de la plantilla del Marinos cuando se fundó la J.League en 1993, y pudo vivir la intensa rivalidad que sostenía con el Verdy Kawasaki. El duelo entre ambos conjuntos decidió la edición inaugural del campeonato, que se adjudicaron el Verdy y su célebre atacante Kazu Miura.

Por aquel entonces, Ihara era un joven prometedor en un equipo de calidad y experiencia, en el que jugaba el ex internacional argentino Ramón Díaz. Sin embargo, en 1995 ya se había convertido en una pieza clave del equipo que conquistó el primer título de la J.League para la entidad. Su regularidad como zaguero era tal que su nombre fue incluido en el mejor once del torneo durante cinco temporadas consecutivas.

Momentos memorables
Aunque dejó un notable legado dentro de su club, en el continente asiático se hizo famoso por sus vigorosas actuaciones en la competición preliminar para la Copa Mundial de la FIFA, que casi dieron a Japón un puesto en las citas de 1990 y 1994. Su recuerdo futbolístico más doloroso pertenece a la segunda de estas campañas clasificatorias.

Japón necesitaba vencer a Irak en su último compromiso para acceder por primera vez al torneo mundialista, y parecía a punto de lograrlo cuando llegó ganando al tiempo añadido de un choque disputado en Qatar, terreno neutral. Pero los sueños del país se desvanecieron cruelmente en la "Agonía de Doha". Jaffar Omran Salman empató para los iraquíes en los instantes finales, y fue su acérrimo rival, la República de Corea, quien viajó a EE UU 1994 en lugar de los Samuráis Azules.

"Eso supuso el mayor punto de inflexión de mi carrera. No creo que hubiera seguido jugando hasta los 35 de no haber sido por Doha. No habría seguido entregándome tanto como lo hice en la J.League", sostiene Ihara. "Este doloroso recuerdo se convirtió en una motivación enorme para mí. Me dio hambre de alcanzar nuevas metas, y fue algo que no he podido olvidar nunca".

Pero la agonía se transformó en éxtasis cuatro años más tarde, cuando Ihara, Miura, el guardameta Yoshikatsu Kawaguchi y el genial centrocampista Hidetoshi Nakata, entre otros, clasificaron por primera vez a Japón para una Copa Mundial de la FIFA, gracias a un triunfo con gol de oro sobre Irán en una emocionante eliminatoria de repesca. El partido pasó a la historia como la "Alegría de Johor Bahru". Ihara, ahora con 41 años, cree que la desilusión sufrida en Doha les ayudó a alcanzar Francia 1998.

"Yo siempre digo que en el fútbol nunca se sabe lo que puede pasar", declara. "La República de Corea obtuvo el billete para Estados Unidos venciendo 3-0 a la RPD de Corea. Si Japón le hubiese ganado a Irak, Corea del Sur no habría tenido esa oportunidad, pero se aferró a ella luchando hasta el final. A nosotros nos ocurrió lo mismo en la fase previa de Francia 98: no sabíamos cómo iba a terminar, pero mostramos nuestra verdadera fuerza y nuestra disposición a batirnos".

Japón se despidió de Francia sin sumar ningún punto, e Ihara se propuso continuar hasta la próxima edición, aunque una serie de lesiones le obligaron a renunciar al combinado nacional al año siguiente, y a colgar definitivamente las botas en 2002. Con todo, recuerda su carrera con cariño. "Estoy muy orgulloso de haber jugado en el Yokohama F. Marinos, el Jubilo Iwata y el Urawa Reds, y tuve la gran suerte de poder trabajar con entrenadores fantásticos", sentencia.

En la actualidad
Tras situar a la selección sub-23 japonesa en el Torneo Olímpico de Fútbol Masculino Pekín 2008, Ihara recaló a principios de este año en el Kashiwa Reysol como segundo entrenador. Es modesto acerca de sus aptitudes como técnico, y afirma no estar seguro de su idoneidad para el cargo, a pesar de sus evidentes dotes de liderazgo.

"Es diferente a ocuparse de la selección olímpica; un entrenador de club está con sus jugadores a diario", explica. "Siempre tengo que pensar cuidadosamente lo que debo hacer por el equipo y por los futbolistas. En eso consiste el trabajo".