Hay futbolistas que siempre serán recordados por un único momento de su carrera futbolística. Los más desafortunados pueden ver cómo una brillante trayectoria se ve completamente eclipsada por un embarazoso gol en propia puerta o un penal malogrado en un partido decisivo. Por suerte para Pat Bonner, él pertenece a otra categoría mucho más propicia. Y es que el nombre del venerado guardameta irlandés está invariablemente ligado al de un memorable paradón.
Aunque no fue, ni mucho menos, la mejor intervención de su carrera. Antes y después de aquel momento cuajó actuaciones brillantes en sus 80 convocatorias para la selección de Irlanda y en sus 642 partidos con el Celtic de Glasgow, su club de toda la vida. Aun así, ninguna ha sido tan trascendental ni tan recordada como el instante en el que atajó el penal ejecutado por el rumano Daniel Timofte, que supuso el pase de Irlanda a los cuartos de final de Italia 1990. La gesta se convirtió en un punto de inflexión para todo el país, de hecho, cualquier irlandés recuerda exactamente dónde se encontraba cuando "Packie" Bonner hizo historia.
Para el recuerdo
"Aún me sorprende el impacto que tuvo aquella parada", declaró Bonner a FIFA.com. "No pasa un día sin que alguien se acerque a mí para hablar de aquel momento y darme las gracias. No exagero si le digo que esa intervención en particular cambió mi vida para siempre, por lo menos en lo que al reconocimiento se refiere".
"Es algo muy bonito, aunque a veces me dan ganas de decir ‘¡Oiga, que también hice otras paradas! Pero me siento muy afortunado porque aquella campaña de la Copa Mundial logró algo único y muy especial, unir a todo el país. En aquella época, nuestra economía estaba fatal, había un ambiente de pesimismo, y creo que vernos en Italia, enfrentándonos cara a cara a los mejores del mundo, hizo cambiar la mentalidad de toda la nación. El fútbol puede ser así de importante, de eso no me cabe la menor duda".
Cuando el equipo de Jack Charlton regresó de Italia, alrededor de 500.000 personas abarrotaron las calles de Dublín para hacer saber a los jugadores lo importante que había sido su actuación en la cita mundial, unas escenas que Bonner nunca olvidará. El mundo del fútbol había sido testigo de la eclosión de la República de Irlanda como una potencia a tener en cuenta. Cuatro años después, los irlandeses volvieron a la Copa Mundial, aunque Estados Unidos 1994 fue una experiencia totalmente distinta.
"El choque cultural fue tremendo. Pasamos de Italia, un país apasionado por el fútbol, a Estados Unidos, donde era evidente que la mayoría de la gente ni sabía que se estaba disputando la Copa Mundial en su país. No se respiraba el mismo ambiente, así de simple, y el clima de Florida tampoco nos ayudó. Pese a todo, siempre recordaré el partido contra Italia en Nueva York, no por el hecho de que ganamos, sino por la manera en la que los aficionados irlandeses tomaron el estadio. Si hubiéramos estado en esa parte del país a lo largo de toda la competición, creo que habríamos disfrutado mucho más", explicó Bonner.
En la actualidad
Bonner fue el dueño y señor de la portería irlandesa durante 15 años, hasta 1996. Tras su paso por los cuerpos técnicos del Celtic y el Reading, regresó a la selección como entrenador de porteros bajo la batuta de Mick McCarthy. Pero la Asociación Irlandesa de Fútbol le encomendó una tarea que exige mucho más tiempo y dedicación. En la actualidad, el ex jugador de 49 años de edad está al frente del departamento más importante de la asociación en calidad de director técnico.
"Es un trabajo enorme, que además ha incrementado de manera espectacular desde mi nombramiento", apuntó Bonner. "Nuestros clubes no tienen centros de formación como en Inglaterra o Escocia, así que tenemos que formar a nuestros propios jugadores. Para ello hemos creado un plan exhaustivo que comprende desde el fútbol de base hasta la selección absoluta".
"El departamento que dirijo está compuesto por 110 personas, y hemos contratado los servicios de Wim Koevermans (ex internacional holandés) como responsable de rendimiento. Él y yo trabajamos en estrecha colaboración para asegurarnos de que aprovechamos al máximo nuestros recursos. Es una tarea tremendamente ardua, que no se parece a nada que haya hecho durante mis años como jugador. Pero estoy encantado de aportar mi granito de arena y espero contribuir a los éxitos futuros del fútbol irlandés".





