La Premier League inglesa cuanta actualmente con la participación de jugadores extranjeros procedentes de todos los rincones del mundo. También la situación contraria, la emigración de futbolistas ingleses al extranjero, disfrutó hace tiempo de un periodo de auge, aunque muy breve. Glenn Hoddle formaba parte de aquellos años dorados del fútbol inglés fuera de las fronteras del país, entre finales de la década de 1980 y principios de los años noventa. Hoddle triunfó lejos de su patria con un estilo juego muy suyo y a la vez muy europeo.

El mediapunta pasó 18 años de su carrera en el Tottenham Hotspur, al que llegó cuando era niño y con el que alcanzó un éxito considerable: ganó una Copa de la UEFA, dos Copas de Inglaterra y un Charity Shield de la FA (el equivalente a la Supercopa de Inglaterra). Fue una época que permanecerá para siempre en el recuerdo de los aficionados spurs. Aquel equipo plagado de talento, donde sobresalían con brillo propio Osvaldo Ardiles, Gareth Crooks, Chris Waddle, Gary Mabbutt y Clive Allen, brindó a la afición el periodo más triunfal del club desde las glorias de los años sesenta.

Sin embargo, después de casi dos décadas en el norte de Londres, Hoddle se desvivía por encontrar nuevos retos, según explicó en su conversación con FIFA.com. “Yo era un jugador, digamos, tipo Steven Gerrard. Era un hombre de un solo club”, comenta. “Había cumplido 29 años y llevaba en el Tottenham desde que tenía 11; es decir, muchísimo tiempo. Me fui al Mónaco, donde trabajé con Arsene Wenger. Conquistamos muchos triunfos y disfruté de cada segundo. Ganamos la liga y un trofeo europeo. El fútbol europeo me cautivó”.

Para nosotros, Glenn era le bon dieu, era dios.
Jean-Luc Ettori, ex compañero de Hoddle en Mónaco

Hoddle era un mediapunta muy dotado técnicamente, dueño de una visión y de un olfato de gol que desbarataban las defensas rivales. Su increíble repertorio de pases, su destreza con ambos pies y su toque sublime eran todo un espectáculo para los sentidos. Sin embargo, su talento se resentía a veces por las malas condiciones de los terrenos de juego y las duras entradas que caracterizaban la antigua primera división inglesa.

Wenger no podía entender que no se valorara mucho más el talento de Hoddle, y se preguntaba si, en realidad, el problema se reducía a que el futbolista estaba muy adelantado a su tiempo. Las opiniones del entonces capitán del Mónaco, Jean-Luc Ettori, subrayan la veneración que despertaba Hoddle en la liga francesa: “Para nosotros, Glenn era le bon dieu, era dios”. Hoddle había encontrado su sitio y, por lo que parece, no solo dentro de los estadios.

“Cuando llegué a Francia, se hacía hincapié en la técnica”, asegura. “A mí me encantaba el cambio de concepción, porque además de muy distinto, suponía por fin un reto y me resultaba muy gratificante. Allí crecí como futbolista. El estilo de vida era muy diferente, el estilo de juego era muy diferente, y todo junto se convirtió para mí en una experiencia maravillosa. A todo aquel que reúna condiciones, le animo a que lo pruebe”.

A pesar de que participó en dos Campeonatos Europeos y en dos Copas Mundiales de la FIFA, nunca llegó a alcanzar con la selección inglesa el mismo rendimiento que con el equipo de su club. Hoddle lo atribuye al restrictivo 4-4-2 tan de moda a finales de la década de 1980.

“Pese a todo, me siento muy orgulloso de los 53 partidos que jugué con la selección", admite. "Lo mejor que te puede pasar como futbolista es representar a tu país en el Mundial. Se trata de una experiencia muy gratificante. Fueron años maravillosos”.

Argentina, una espina en el corazón
Hoddle formó parte de la equipo que perdió por 2-1 a manos de Argentina en cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA 1986. El partido brindó a la historia de la competición dos momentos legendarios: el mítico gol de Maradona, con su fascinante carrera al área, y el tanto de la “Mano de Dios”. A Hoddle todavía le escuece la forma en la que se produjo aquella derrota, especialmente porque Inglaterra empezaba entonces a afianzarse como firme aspirante al título.

“La forma en la que caímos fue una farsa", manifiesta. "Si hubiéramos superado aquel encuentro, teniendo en cuenta el estímulo y la fe que poseíamos, creo que habríamos llegado a la final. Me parece que en el partido resultó más decisiva la mano de Maradona que su maravilloso gol, y recuerdo perfectamente que estuvimos a punto de marcar el 2-2. Gary Lineker sigue sin creerse que no entrara aquel balón en los últimos minutos”.

Concluidos los años brillantes como jugador, Hoddle emprendió con mucho éxito la carrera de entrenador. Se sentó en el banquillo del Chelsea y del Tottenham, y posteriormente dirigió a Inglaterra hasta octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 1998, donde volvió a perder ante Argentina. Actualmente ha aparcado por un tiempo esta labor para trabajar por restituir al fútbol lo mucho que este le ha dado en la vida.

Durante sus años de entrenador de clubes, pasó por la penosa experiencia de tener que rechazar a futbolistas jóvenes, de 18 o 19 años, porque no daban la talla. En aquella época comprendió que todo aquello suponía un gran desperdicio de prometedores talentos, y por eso mismo fundó en Andalucía (España) la Academia Glenn Hoddle.

Me encuentro aquí con unos jóvenes que están dando un paso muy importante.
Hoddle, sobre su Academia en España

“En mi opinión, tenía que rechazar muy pronto a jugadores muy jóvenes, cuando no sabía hasta dónde podían llegar con más formación, tiempo y madurez", recuerda. "Por eso decidí que algún día haría algo para solucionar esa situación”.

Ahora, cuatro años después del nacimiento del proyecto y dos años desde su puesta en marcha, el centro de formación funciona a pleno rendimiento. La escuela, fundada en España por su buen clima, ofrece también a sus pupilos la oportunidad de adaptarse a una nueva cultura y ampliar sus horizontes. “Me encuentro aquí con unos jóvenes que están dando un paso muy importante. Abandonan su país para trabajar en el extranjero, una circunstancia que sirve para abrirles los ojos y les muestra lo que podría depararles el futuro”.

El centro de formación se ha anotado ya un éxito importante con el fichaje por el Sevilla del delantero Ikechi Anya, un joven procedente del Wycombe Wanderers, que pasó nueve meses en la escuela. El centro de Hoddle, además, ha establecido una asociación fructífera con un club de la región, el Jerez Industrial. Dados los problemas financieros por los que atravesaba la entidad, Hoddle firmó un contrato para hacerse con el control y proporcionarle gratuitamente 22 jugadores cada temporada, con el objetivo de subir la calidad del equipo.

Con este nuevo planteamiento que está ganado adeptos en las esferas de la formación futbolística, Hoddle se prepara para abordar este proyecto a largo plazo, con el objetivo fundamental de producir talentos que atraigan la atención de los grandes clubes de toda Europa. “Nuestro trabajo consiste en brindar a la gente una segunda oportunidad. La meta final no es otra que encontrar un club para estos jugadores, y requiere mucho dinero, dedicación y esfuerzo. Lleva su tiempo, pero estamos encantados”.