Hay un antiguo dicho chino que reza: "Un héroe no derrama lágrimas fácilmente". Fan Zhiyi, ex capitán de la selección china, sin duda mantuvo a lo largo de su carrera una actitud férrea que encaja bien con esa descripción, aunque no es sólo la conducta lo que le valió a este defensor la categoría de héroe entre los aficionados de su país.
En una trayectoria internacional que se prolongó durante doce años, y en la que condujo a la nación más poblada del globo a la clasificación para la primera Copa Mundial de la FIFA de su historia, el "General Fan", apelativo por el que todavía se le conoce cariñosamente en su tierra natal, también soportó muchas privaciones y adversidades, sin recurrir a muestras de emoción del estilo de Paul Gascoigne.
Pero hubo una excepción. Se produjo el 7 de octubre de 2001, cuando, después de imponerse 1-0 a Omán y obtener el pase a Corea/Japón 2002, el ex zaguero del Crystal Palace se envolvió en la bandera nacional, corrió hasta salir del campo y lloró en el vestuario. Fan, ahora con 38 años, recuerda bien cómo reaccionó entonces.
"Fue un éxito que trascendió el propio fútbol", recapitula Fan, en declaraciones exclusivas a FIFA.com. "Cuando terminó el partido y nos clasificamos por primera vez para un Mundial, me emocioné tanto que ni siquiera podía oír las apasionadas celebraciones que había a mi alrededor".
"Para el país, fue una misión cumplida al cabo de 44 años de esfuerzos, y para mí supuso la culminación de un sueño, después de fallar en las dos fases clasificatorias anteriores".
Tras reflexionar durante unos segundos, al fin encuentra las palabras que resumen el motivo de aquel brote de emoción, inusitado y poco común: "Fue porque, en aquel momento, habíamos esperado demasiado y pasado por demasiadas adversidades".
La conquista de Asia
Al igual que el legendario iraní Alí Daei, delantero que
estableció un récord de goles, Fan Zhiyi irrumpió en el panorama
internacional en el torneo de clasificación de Asia para los Juegos
Olímpicos de Barcelona 1992. Un año más tarde, participó en su
primera competición preliminar mundialista, sufriendo la primera
decepción con los colores de su país cuando Irak se clasificó en la
ronda previa a costa de China.
Cuatro años después, camino de Francia 1998, Fan llevaba el brazalete de capitán. Una vez más, su intento de acceder a la gran prueba terminó en desengaño, aunque le quedó el consuelo de saberse parte de la generación de futbolistas chinos con mayor talento que se recordaba.
"Había un grupo de jugadores de talento que venían pidiendo paso, y teníamos un equipo muy competitivo", señala. La selección china había adquirido una valiosísima experiencia de sus tentativas fallidas y, a las órdenes de Bora Milutinovic, acudió a la competición preliminar para la Copa Mundial de la FIFA 2002 en su mejor momento de forma y repleta de confianza. Por consiguiente, ganó cinco de sus seis partidos en la última ronda clasificatoria, y logró el billete para el torneo a falta de dos jornadas. Fan incluso se destapó marcando dos goles.
Al capitanear a China rumbo al primer certamen mundialista disputado en Asia, Fan, fuerza motriz del equipo y símbolo de su ardiente compromiso, recibió la mayor recompensa individual del continente: el premio al Mejor Jugador del Año de la AFC. Hasta la fecha, sigue siendo el único futbolista chino que posee este prestigioso galardón.
A pesar de su creciente fama, Fan y sus compañeros se dieron de bruces con la realidad en su estreno en la Copa Mundial de la FIFA, perdiendo los tres encuentros, frente a Costa Rica, Turquía y Brasil, con nueve tantos en contra y ninguno a favor. No obstante, los chinos no pudieron contar con la inspiración que hubiese aportado su capitán en óptimas condiciones físicas.
"Me lesioné en un amistoso antes del torneo, y sólo jugué el primer partido, contra Costa Rica", explica Fan. "Las abultadas derrotas ante Brasil y Turquía demostraron el abismo existente entre nosotros y los principales equipos del mundo. Nos queda mucho camino por recorrer para llegar a un nivel en el que podamos competir contra los mejores del planeta".
Puja por el Birmingham
En cuanto a los equipos por los que ha pasado, tras
distinguirse en la liga china, donde ganó el título con el Shanghai
Shenhua en 1995, Fan se convirtió en un pionero al fichar por el
Crystal Palace inglés en 1998. Su aventura europea continuó con
periplos por el Dundee escocés y el Cardiff City, antes de
incorporarse al Shanghai Zhongbang, de la primera división china,
donde apuró su carrera, hasta colgar las botas en 2005.
"No me gustó nada retirarme como futbolista, porque me encanta jugar al fútbol, y nunca lo abandonaré", dice.
Fiel a su palabra, Fan se reencontró con el deporte rey a principios de 2007, cuando aceptó entrenar al Suzhou City, de tercera división. Sin embargo, su pasión por el trabajo no fue suficiente para superar las dificultades financieras que afrontaba el club, y que provocaron su marcha ese mismo año.
La última implicación de Fan en el fútbol consiste en asesorar al empresario chino Carson Yeung, de Hong Kong, quien adquirió hace poco el 29,9 por ciento de las acciones del Birmingham City, conjunto de la Premiership inglesa, y cuyo sueño es hacerse con el control absoluto de la entidad. "Nuestro objetivo es tener todo el control del club en el futuro, lo que implica comprar el cien por cien de los valores", confirma Fan.
Puede que esa ambición tarde un tiempo en materializarse, ya que la junta directiva del Birmingham interrumpió a finales del año pasado las conversaciones con la empresa de Yeung, Grandtop International Holdings. Con todo, si la tenacidad de Yeung es similar a la de Fan como jugador, no puede descartarse que el consorcio chino vuelva a poner a prueba la determinación de los Blues.
Y en cuanto al propio Fan, ¿contempla un regreso a los banquillos? "¿Por qué no?", responde de inmediato, con su habitual entusiasmo. "Como he dicho, ¡nunca he llegado a dejar el fútbol!".



