Para el Santa Cruz, uno de los tres clubes grandes del estado brasileño de Pernambuco, aquel acuerdo firmado en principios del 1983 era apenas uno más, como tantos otros que hace el club con los equipos más humildes del interior. Entonces, el "Santa" incorporó a un lateral derecho de 20 años y, a cambio, pagó al modesto Santo Amaro un precio insólito: un conjunto de camisetas de entrenamiento, dos pares de botines y dos pelotas. Nada más. Ese fue el valor de la primera transferencia en la carrera de Ricardo Barreto da Rocha, un futbolista que pasaría las siguientes 15 temporadas defendiendo los colores de algunos de los mejores equipos del planeta, y que alcanzaría la máxima gloria deportiva en la Copa Mundial de la FIFA en 1994.
No hizo falta mucho tiempo para que el Santa Cruz se diera cuenta del gran negocio que había hecho por aquel lateral derecho: al cabo de dos años, Ricardo Rocha ya despertaba el interés del Guarani de Campinas. En el nuevo club volvió a su posición de origen, zaguero central, y de ahí a conseguir su primera convocatoria con la selección brasileña hubo apenas un paso. Durante los siguientes años, pocos defensas brasileños fueron tan respetados en el mundo como Ricardo Rocha: ganó tres veces el premio de mejor central del Campeonato Brasileiro, disputó dos Copas Mundiales de la FIFA y lo hizo todo con tal seriedad y liderazgo que fue apodado el Sheriff.
"A lo largo de mi carrera hice innumerables andanzas, de hecho pasé por 11 clubes en cuatro países", rememora para FIFA.com el ex central de, entre otros, São Paulo, Real Madrid, Vasco da Gama y Newell's Old Boys. "Pero tengo el orgullo de haber estado nada más que en equipos de primera línea y siempre a un buen nivel, jugando siempre un papel importante en cada uno de ellos".
Momentos imborrables
Debido a ese alto nivel y a la personalidad de líder que siempre ha demostrado dentro de la cancha, Ricardo Rocha fue prácticamente indiscutible en Brasil durante toda una década. Fue convocado para disputar dos Copas Mundiales de la FIFA y, sin embargo, por esas vueltas del destino, su participación en la prueba máxima del fútbol se reduce a apenas tres partidos.
En Italia 1990 -momento en el que adoptó el apellido "Rocha", para diferenciarse de Ricardo Gomes- ganó la posición de titular en el tercer partido de la fase de grupos, que se saldó con victoria por 1-0 ante Escocia. El siguiente fue la derrota en octavos de final ante Argentina, cuando Ricardo Rocha fue uno de los varios brasileños que no pudieron parar la genialidad de Diego Maradona en la acción que resultó en el gol de la victoria, anotado por Claudio Caniggia.
Con la eliminación, las esperanzas brasileñas viajaron a Estados Unidos cuatro años después, con Ricardo como parte del once inicial de Carlos Alberto Parreira. Pero entonces llegó aquel fatídico minuto 69 del partido inaugural ante Rusia (triunfo por 2-0) , cuando una lesión muscular en la pierna izquierda cerraría su historia mundialista. Aldair, su sustituto, jugó los siguientes seis partidos en el camino hacia la conquista brasileña.
Pero eso no significa que haya frustración total. "No habría manera de sentirme frustrado siendo campeón del mundo. Eso era lo más importante para cada uno de los 22 jugadores que estábamos ahí", asegura Ricardo. "Sentí una tristeza inmensa en el momento de la lesión, eso sí, porque un Mundial es una oportunidad única, que no te permite fallos o lesiones. Pero la alegría del título lo compensó todo".
Actualmente
A pesar de que su historia con la selección nacional prácticamente se cerró después de aquella Copa Mundial, Ricardo Rocha siguió algunos años más militando en grandes clubes brasileños y en el Newell's Old Boys argentino. Colgó los botines en 1998, tras unos meses en el Flamengo y, desde entonces, siempre estuvo cerca del fútbol.
Rocha abandonó su inconfundible bigote y hoy tiene, en sociedad con su ex compañero de Vasco da Gama Alexandre Torres (el hijo del capitán brasileño en México 1970, Carlos Alberto Torres), una empresa que organiza eventos deportivos y gerencia la carrera de futbolistas. Además, es socio del ex volante Djalminha en la organización del Showbol, una modalidad de fútbol indoor. Por ahora, su prioridad es popularizar la práctica de dicha modalidad, pero no descarta una incursión en los banquillos como entrenador. "Quizás en el futuro. Creo que tengo el talento para ello", se ríe el ex defensa. "Si dentro de la cancha ya fui el ‘Sheriff', ¿como no podría serlo afuera?".
Datos personales:
Posición: zaguero central
Clubes: Santo Amaro (1982), Santa Cruz (1983-84), Guarani (1985-88), Sporting Lisboa-POR (1988), São Paulo (1989-91), Real Madrid-ESP (1991-93), Santos (1993), Vasco da Gama (1994-95), Fluminense (1996), Newell's Old Boys-ARG (1997-98), Flamengo (1998).
Selección nacional: 42 partidos
Palmarés: Copa Mundial de la FIFA EEUU 1994, Juegos Panamericanos (1987), campeón del estado de Pernambuco (1983), campeón del estado de São Paulo (1989), Campeonato Brasileiro (1991), Copa del Rey (1993), campeón del estado de Rio de Janeiro (1994), Balón de Oro en Brasil (1994), Balón de Plata en Brasil (1986, 1989, 1991 y 1993).




