¿Cuál es su primer recuerdo de la Copa Mundial de la FIFA?
La famosa semifinal de 1982 entre Alemania y Francia, cuando Schumacher detuvo el balón. Es un mal recuerdo, ya que perdimos por ese penal que falló Maxime Bossis. El buen recuerdo lo tengo de 1986: la victoria de Francia contra Brasil, con el penal que transformó Luis Fernández.

Michel Platini lo hizo debutar con la selección francesa en 1990. Sin embargo, no fue convocado para la Eurocopa de 1996. ¿Qué sintió cuando fue incluido en la lista en 1998?
Yo soñaba con volver a subirme al tren en marcha. En 1990, con 19 años de edad, iba por delante de mi generación. En 1992 participé en la Eurocopa de Suecia. Sin embargo, en 1993 perdimos contra Bulgaria e Israel cuando nos bastaba con un solo punto para acceder a la Copa Mundial de Estados Unidos... A eso le siguieron dos o tres años de travesía del desierto.

En 1998, la selección era objeto de críticas y Aimé Jacquet era muy discutido. ¿Afectó ese ambiente al equipo? ¿Cuál era su estado de ánimo?
No nos afectó realmente. Ya conocemos a la prensa y no creo que sea un síndrome puramente francés. En todos los países donde el fútbol ocupa un lugar importante, siempre hay una prensa que hace el trabajo que considera que tiene que hacer.

Su gran combatividad se refleja en las imágenes de los diferentes partidos, y solía ser uno de los primeros en acudir a felicitar al jugador que había marcado. ¿Es su seña de identidad?
En el Arsenal me apodaban "el León". En la selección de Francia, dependía también del puesto en el que jugase. Empecé como defensa, y luego me incorporé al centro del campo. En esa posición, si no ofreces un rendimiento físico importante pasas desapercibido, pues eres el enlace entre la defensa y el ataque. En lo que respecta a la celebración de los goles, si yo era el primero en felicitar al jugador era simplemente porque estaba contento, por él y sobre todo por el equipo.

En la final, usted intervino en momentos clave, especialmente en los saques de esquina. ¿Los había preparado meticulosamente?
Cada uno de los seis o siete jugadores que acudían a rematar un córner sabía exactamente dónde debía colocarse dentro del área. El que lo lanzaba, a su vez, tenía que tener en cuenta las cualidades defensivas del rival en el juego aéreo. Si tienes una buena técnica y una buena precisión en el toque, puedes conseguir siete de cada diez veces poner el balón donde quieres. Por supuesto, algunas veces fallas por completo en el saque: el balón no va lo suficientemente alto o, por el contrario, demasiado alto; u otras veces el portero logra atraparlo con facilidad. Pero generalmente, cuando juegas al máximo nivel, sabes dónde quieres ponerlo.

En el caso de la final, ¿intentó deliberadamente apuntar a la cabeza de Zidane?
Sí, la puse al primer palo porque sabía que "Zizou" se estiraba bien en vertical. Entre sus cualidades, nadie mencionaba su juego de cabeza porque casi nunca metía goles de cabeza. Yo también había notado que, en los saques de esquina, los brasileños siempre ponían un jugador en el segundo palo, pero solían dejar el primer palo desguarnecido. Había que pegarle al balón lo bastante alto y a la vez lo bastante fuerte para impedir que lo interceptara no sólo el guardameta, sino también el defensa.

Tras los dos tantos de Zidane, ¿cuáles fueron las consignas recibidas en el descanso?
¡En el vestuario imperaba un estado de excitación extremo! En el terreno de juego, los brasileños se buscaban y algunos se echaban la bronca. Y si ganas por 2-0 y tus rivales se están abroncando entre sí, puedes concluir que has dado un paso de gigante hacia la victoria. Nuestra exaltación era tal que Aimé Jacquet tuvo que decirnos: "Ahora, chicos, a calmarse, ¡reanudamos el partido como si fuéramos 0-0!". Mientras sólo hubiesen hincado una rodilla, ¡todavía no estaba ganado!

Efectivamente, en el segundo periodo, los brasileños salieron dispuestos a remontar.
Sí, creo que tenían cinco delanteros sobre el césped. Además, perdimos a Marcel (Desailly) por expulsión. En el último cuarto de hora, hubo una fuerte presión sobre nuestra portería. Por suerte, pudimos contar con un gran Fabien Barthez. Estoy pensando especialmente en el remate de Ronaldo que logró detener. En aquel momento los dioses del fútbol estuvieron de nuestra parte, porque con 2-1 y diez contra once, habríamos pasado diez minutos de auténtico sufrimiento.

En aquel saque de esquina de Brasil, usted jugó como un delantero centro y corrió como un poseído.
¡Como un condenado! Todo pasó muy deprisa. Hubo un despeje de nuestra defensa y, como yo había sustituido a Marcel Desailly en el centro de la zaga, intuí claramente la jugada. En apenas dos o tres pases subimos a campo contrario y luego vino ese pase de Patrick Vieira dentro del área.

Entonces disparó como un delantero. ¿Puede precisarnos cómo fue la jugada?
Cuando Patrick me dio el balón, Cafú dejó de correr para mirarlo. Yo aproveché para internarme, sólo dos metros por delante de él para no estar en fuera de juego, casi en perpendicular al primer palo de la portería de Taffarel. Patrick me pasó el balón al hueco y vi que Taffarel salió mal, cerrando bien su primer palo pero dejando totalmente abierto el segundo. Cuanto más corría hacia él, más se estrechaba ese espacio. Si hubiese sido un delantero nato, quizás habría intentado regatear al portero. Sin embargo, preferí rematar de primeras, instintivamente y, sobre todo, buscando el efecto sorpresa: no se lo esperaba en absoluto.

En el momento de la entrega del Trofeo, no se le ve alzándolo. ¿Por qué?
No. De todas formas lo sostuve, pero no durante la entrega en la tribuna oficial, es verdad. Creo que debía de estar por detrás de todo el mundo. Lo toqué después, en los vestuarios.

¿Le trae recuerdos? [ Nota de la redacción: le entrega el Trofeo a Petit]
¿Es el de verdad? En serio, ¿es el verdadero? ¿Cómo lo ha hecho?

¿Qué impresión produce?
¡Es magnífico! ¿Qué impresión produce? Bueno, es un sueño de niño. Como los demás niños, coleccionaba los cromos de los álbumes Panini y nos los cambiábamos en el colegio. Esta Copa Mundial era muy difícil tenerla. ¡Naturalmente, me refiero a la pegatina! De todas las copas que he podido tocar o ver, creo que es la más bonita, por lo que simboliza: figuras sosteniendo el mundo con la punta de los dedos. ¡Para un jugador, este Trofeo es lo máximo!