Su primera Copa Mundial de la FIFA fue la de 2002. ¿Qué significó para usted?
El primer sentimiento que experimentas es el de haber cumplido un sueño. Todo jugador sueña con enfundarse la camiseta de su selección nacional, con jugar en una Copa Mundial. Y cuando llegué allí, eso fue lo que sentí: que estaba cumpliendo mi sueño, y que estaba viviendo el mayor acontecimiento futbolístico, la Copa Mundial.

El periodo anterior a esa fase final no fue fácil. ¿Qué sintió al acudir a su primera Copa Mundial de la FIFA con la presión de demostrar a Brasil que era un digno sustituto de Romario?
Fue duro llegar hasta allí, porque Brasil tiene suficientes buenos jugadores como para alinear varias selecciones nacionales. En aquel momento, todo Brasil quería ver jugar a Romario en la fase de clasificación, pero el seleccionador no lo veía así y, por consiguiente, tuvo que soportar toda aquella presión. Yo me incorporé a la Seleção para los últimos amistosos de preparación, justo después de concluir la competición preliminar. Me incorporé en medio de todo ese jaleo; por eso se hizo duro jugar el Mundial. Pero fue maravilloso, especialmente porque salí vencedor y cumplí un deseo que ambicionaba desde que era niño.

Se incorporó al equipo inmediatamente después de concluir la fase de clasificación, y participó en los últimos encuentros de preparación antes de la Copa Mundial de la FIFA. ¿Cómo se llevaba con los jugadores más veteranos?
Muy bien, porque ya había jugado con la selección en la Copa América 1999. Después de mi traspaso del Gremio al París Saint-Germain hubo un problema, por el que no pude jugar con mi club ni con la selección durante cinco meses. Fue hacia el final de la competición preliminar, y por eso no disputé muchos de los encuentros de clasificación. Cuando empecé a jugar otra vez, la fase de clasificación casi había terminado. Por eso sólo me incorporé a la selección para los amistosos premundialistas. En cualquier caso, tenía una buena relación con los demás porque ya había jugado con ellos en anteriores competiciones. Fue muy sencillo encajar en el grupo.

Aunque ya había jugado con la selección antes, la Copa Mundial es otra historia. ¿Qué sintió al afrontar su primer encuentro?
Es verdad que la Copa Mundial es distinta de cualquier otro torneo, porque todo el mundo sabe que es la máxima competición futbolística. Por eso todos tienen tantas ganas de disputarla algún día. Cuando llegas allí, puedes comprobar lo especial que es desde el momento en que saltas al césped. Experimentar la emoción de vestir los colores de tu país en la principal competición de todas, sabiendo que todo el mundo ha dejado de hacer lo que estaba haciendo para ver el partido.... No hay duda de que las sensaciones son completamente distintas a las de cualquier otra competición.

El equipo parecía ir a más con cada victoria. ¿Cómo se veían las cosas desde dentro?
Cada momento era maravilloso, porque sabíamos exactamente cuáles eran nuestros objetivos. Había muchos jugadores jóvenes que debutaban, y otros para quienes se trataba de su tercera o cuarta Copa Mundial. Sabían de qué iba aquello. Nuestra ilusión y motivación se compaginaba bien con su experiencia, y por eso todos nos llevábamos tan bien. Siempre estábamos juntos, hacíamos muchas bromas e intentábamos conocer mejor a nuestros rivales. Cada momento que pasamos allí fue fantástico.

¿Qué partido recuerda mejor de la Copa Mundial de la FIFA 2002?
Todos los encuentros destacaron por algo. Durante una Copa Mundial, nunca puedes decir que un partido es mejor que otro. Sin embargo, la final mundialista es siempre el encuentro más importante. También estuvo el choque contra Inglaterra, en el que pasaron muchísimas cosas. Ésos fueron los dos partidos más memorables.

Hablemos un poco del partido contra Inglaterra. Antes de lanzar aquella famosa falta, ¿le dio alguien algún consejo?
Bueno, nos pitaron una falta a favor muy lejos de la portería, y Cafú me dijo que intentara pegarle directamente a gol, porque el arquero estaba adelantado. Así que disparé y el balón fue dentro. No exactamente donde yo quería que fuera, pero aún así acabé marcando.

No mucho después de meter ese gol, vio la tarjeta roja directa por una entrada a Danny Mills. ¿Qué se siente al pasar de héroe a villano en tan corto espacio de tiempo?
Fue una transición muy dura porque, en aquella fase del encuentro, estaba decidido a hacer todo lo que pudiera para ayudar al equipo. Fue una falta estúpida, ya que ni siquiera tenía una tarjeta amarilla y de repente me expulsaron. Me quedé bastante conmocionado, porque no esperaba que ocurriese eso.

Se perdió la semifinal por sanción y regresó al once inicial para la final. Cuando el equipo saltó al césped y en los primeros minutos del encuentro, ¿discutieron sobre cómo iban a plantarse sobre el campo?
Hablábamos mucho todo el rato. Todos hablábamos entre nosotros de cosas diferentes en la concentración de entrenamiento. Antes del encuentro, hicimos lo mismo. Durante el partido, sabíamos cómo íbamos a jugar y la experiencia de los demás jugadores fue de gran ayuda, porque habían pasado por esa situación más de una vez y eso nos tranquilizó mucho. Por eso, esos momentos fueron más fáciles de llevar, al servirnos de la experiencia que nos transmitieron los jugadores más veteranos. Fue de gran ayuda, de modo que cuando saltamos al césped ya sabíamos lo que teníamos que hacer.

¿Quién cargaba con la gran responsabilidad de dirigirse al equipo en cada partido?
Todos teníamos un montón de fe en el resto, especialmente después del encuentro contra Inglaterra, ya que hablamos mucho entre nosotros durante aquel partido. Después de ese encuentro crecimos de veras en confianza, y las cosas empezaron a discurrir con más naturalidad. Cafú era un jugador muy experimentado, ya que había disputado varias Copas Mundiales. Nos hizo ver varias cosas, al igual que Ronaldo y Roberto Carlos, que también habían participado en competiciones de ese tipo.

¿Qué sintió al tener en sus manos el Trofeo de la Copa Mundial de la FIFA durante la ceremonia de clausura?
En ese momento eres el campeón, pero todavía no lo has asimilado. Lo celebras, pero todavía no te das cuenta del todo de que realmente eres campeón mundial. Personalmente, sólo me convencí totalmente una vez que regresé a Brasil y empecé a viajar por ahí. Ahí es cuando vi la repercusión que tiene este título. Cuando todavía estás con los demás sobre el césped, hay un ambiente tan festivo que ni siquiera caes en la cuenta.

¿Recuerda lo que sintió cuando sostuvo el Trofeo por primera vez?
Lo recuerdo. Fue cuando estábamos dando la vuelta de honor. En ese momento pensé en el largo camino que había recorrido para llegar allí, desde los equipos infantiles hasta todos los peldaños que fui subiendo. En un momento así, te vienen a la cabeza de golpe recuerdos de todo tipo.

¿Qué se siente al tocarlo otra vez?
Es una sensación especial, porque no hay nada mejor en el fútbol. Ser lo bastante privilegiado para ganar este campeonato y sostener este trofeo es la mejor sensación que hay, por todo lo que rodea al fútbol y por la sola importancia de una Copa Mundial. Cada vez que toco este trofeo se me pone la piel de gallina, y eso es lo que me motiva para participar en una, dos o tres Copas Mundiales más y conquistarlo de nuevo.

¿Es una obra de arte? ¿Piensa que podría ser una pieza de museo?
No me cabe la menor duda. Ha dejado huella. Creo que es uno de los objetos más conocidos del mundo. Todo el mundo sabe qué aspecto tiene la Copa Mundial. Sería difícil encontrar a mucha gente por la calle que no lo reconociera. Por eso, no hay duda de que es una obra de arte magnífica.