Señor Passarella, ¿qué diferencias encuentra entre la Copa
Mundial de la FIFA y otras competiciones internacionales existentes
en el calendario anual?
La Copa del Mundo es única, no hay ninguna competición que se
le asemeje. Ni en Sudamérica ni en Europa, ya sea la Copa
Liberadores, la Champions League o la Copa intercontinental, todas
están muy lejos de lo que es una Copa del Mundo. Cualquier jugador
del planeta tendría como objetivo ganarla, y nosotros tuvimos la
suerte de hacerlo. Es lo máximo a lo que se puede aspirar, tanto
jugarla como ganarla. Creo que la importancia de adjudicarse ese
título, como nos ocurrió a nosotros en dos ocasiones, pasa por la
relación que se genera con la gente a partir de ese momento. Uno
queda santificado, y la gente lo primero que hace es brindarte
afecto.
¿Cuál es el significado que le asigna a cada una de las
fases finales que disputó?
Todas esas experiencias fueron colmadas de diferentes
matices. En la primera (1978) fui a cambiar la imagen de el fútbol
argentino, porque siempre decíamos que éramos los mejores pero
nunca lo habíamos demostrado. Ese, con (César) Menotti, significó
justamente eso. Lo logramos trabajando horas extras y cambiando
todo el método de organización, con mucho trabajo. Eso sí: por sus
características, Menotti nunca nos dijo que íbamos a ser campeones
del mundo. No era de prometer cosas, sino de hacer un equipo
competitivo. Nos hizo entrenar a todos de distintas maneras, con
trabajos muy puntuales y personalizados.
A los delanteros no los hacía dar diez vueltas en la cancha,
pero sí recalcaba mucho lo que era la precisión, siempre en eso:
velocidad y precisión. Con ese trabajo específico para cada uno nos
dimos cuenta de algo: que nosotros tenemos algo que los europeos no
tienen, que es la técnica desde la cuna. Ellos tienen velocidad.
O sea, él buscaba desarrollar toda la técnica que teníamos
pero con velocidad. Me acuerdo que él decía 'el auto no hay que
manejarlo a cien, pero hacerlo siempre a doscientos cincuenta
kilómetros sin tirar los obstáculos es mucho más difícil'. A él
le gustaba eso, la pelota fuerte, el pase fuerte a ras de piso. Y
luego se juntó con una buena camada de jugadores que en su gran
mayoría triunfaron en Europa. Así, con esa conjunción, Argentina
ganó merecidamente la Copa del Mundo.
En la copa de 1982 no se pudo repetir el éxito de 1978.
¿Que fue lo que faltó?
Para mí no faltó nada. Estábamos los mejores jugadores,
aunque el hambre de gloria no era el mismo. Si ustedes se ponen a
repasar, salvo en rarísimas excepciones, todos los equipos que
ganaron no repitieron. Argentina ganó en 1978 y le fue mal en 1982,
pero ganó en 1986 y en 1990 llegó a la final, aunque sin jugar un
buen fútbol.
¿Cómo definiría a la Italia campeona de ese año?
Italia tenía un buen equipo, que no desentonó si se lo
compara con todos lo equipos que ganaron una Copa del Mundo. Cuando
Italia llegó a España, los jugadores estaban peleados con la
prensa, con el público. El entrenador estuvo a punto de que lo
cambiaran, y de allí el famoso "¿e Alora?", que le decía
a los periodistas una vez terminado el torneo.Pero eso le pasó a la
mayoría de los entrenadores: Zagallo en 1970 fue discutido, estaba
peleado con la prensa y puso a jugar a cinco números Diez...
En el 78 , acá, le pasó lo mismo a Menotti. Todos tuvieron
problemas porque no formaban un equipo de acuerdo con los gustos de
la gente, e Italia llegó allá con la misma situación. Pero tenia
buenos jugadores que ayudaron a conseguir el título. Eso es lo que
hace la diferencia. Menotti pudo haber trabajado muy bien en la
organización, pero si no hubiese tenido los jugadores... Y lo mismo
con Bilardo en 1986: si no hubiese tenido a Maradona no hubiese
ganado y así sucesivamente con todos los equipos.
A mi me tocó jugar con unos cuantos de ellos cuando fui a
Italia: Oriali, Gentile, Antognoni, Bergomi, Graziani. Con algunos
fuimos compañeros en la Fiorentina y con otros en el Inter. Siempre
respetaron las características del juego italiano, con marcas
personales, con "catenaccio" y contragolpe, pero con
jugadores talentosos como Antognoni y Tardelli, que cambiaban los
ritmos de juego y aceleraban en el momento oportuno. O con
jugadores tácticos como Scirea, que no era espectacular pero estaba
siempre en la posición justa.
¿Y Paolo Rossi? ¿Qué podría decirnos de él?
Tengo una relación importante con él. Por distintas razones,
nos reunimos siempre para agasajos, fiestas, cenas... Paolo fue
determinante, porque fue el goleador del Mundial, un oportunista
impresionante que no perdonaba. Nosotros nos enfrentamos varias
veces y era muy difícil de marcar porque salía, entraba... no se
quedaba estático, sino que rápido y estaba sustentado por un equipo
importante. Recuerdo que tenía una disputa en su posición, pero
después se impuso y sobresalió. Además tenía jugadores como Zoff en
el arco, que era un referente dentro y fuera de la cancha, Marco
Tardelli y otros. Al final, todos lograron un grán conjunto y
ganaron el mundial.
Volvamos a sus gestas personales. ¿Quién era el Profe
Echeverría?
El profe Echeverria era el preparador físico del equipo de
1986, que quería comprarse un departamento que valía 17 mil
dólares. Y ese era justamente el premio que nosotros cobrábamos por
clasificar a México 1986. Por eso, yo le dije 'cómprese el
departamento, si total nos vamos a clasificar'. Reunimos entre
todo el equipo mil dólares para que él hiciera una seña por el
departamento y cuando terminaran las eliminatorias se lo pudiera
comprar.
Entonces, cuando termina el primer tiempo contra Perú en
Argentina, por las eliminatorias, estábamos perdiendo 2-1. Había un
silencio terrible en el vestuario y necesitábamos algo para que nos
subiera el ánimo y entrar a el segundo tiempo. Entonces me levanté,
le pegué una palmada en la espalda al profe y le dije 'quédese
tranquilo que va a comprar el departamento'. Y empatamos 2-2 y
nos clasificamos al mundial de 1986.
No clasificarse para ese Mundial hubiese sido una mancha
imborrable. Ahora que soy entrenador puedo decirlo, la situación de
no clasificar te deja una huella que no podés sacarte en toda la
vida. Yo nunca bajé a segunda división o quedé fuera de un Mundial
en una eliminatoria, pero Argentina no andaba bien en esa época y
había una psicosis rondando en el stadio Monumental.
Usted tuvo mucho que ver en ese gol agónico que le dio a
Argentina el empate y la clasificación, ¿lo recuerda?
Fue un corner que tiramos nosotros, allá en la tribuna
centenario. Ellos rechazan, y al darme cuenta que eso sucede
regreso pensando que nos van a agarrar de contra, pero la recupera
(Julio) Olarticoechea y tira un centro de zurda. Ahí volví al área
y la paré de pecho. Me encontré frente al arco, la pasé para la
derecha y rematé, pero la pelota tomó un efecto extraño, pegó en el
palo y siguió su camino sobre la línea de gol. Por suerte apareció
(Ricardo) Gareca para empujarla y convertir el gol.
Todos los que jugaron ese partido destacan lo sufrida que
fue la clasificación. ¿Se sufre más como entrenador o como
jugador?
Jugar un Mundial o ir a dirigirlo como entrenador es algo
totalmente diferente. Cuando sos entrenador tenés muchas más
responsabilidades. Diría que ambas son importantes, aunque no
tienen nada que ver entre sí. Es mucho más lindo jugar: tienes más
responsabilidades cuando dirigís que cuando eres un jugador. Lo
pongo de esta manera: se trata de una pasión. Si te dijeran que
ganarías una cuata parte de lo que ganas jugando al fútbol, o igual
que trabajando en una oficina, jugaríamos igual. Por eso hay una
diferencia grande, dirigir para un ex jugador y apasionado como yo,
que deja todo por el fútbol, es comparable con el primer amor al
que nunca se le será infiel.
En el mundial del 1978 usted fue capitán. ¿Qué implicancias
acarreaba esa posición dentro del grupo?
No sentí nunca el rol de ser capitán. De hecho, la
designación se dio sobre la marcha, por lo que no me cargó de
responsabilidad. El Flaco (Menotti) había empezado a hacer
distintas secciones con los jugadores de capital, del extranjero,
juveniles, del interior, en una modalidad que nunca más se volvió a
repetir.
Carrascosa era el capitán de la selección en ese momento,
pero cuando dejó el equipo, Menotti nos convocó a la AFA para un
partido de entrenamiento que teníamos. Pensamos que nos iba a dar
la programación del trabajo, pero hizo la reunión para decir quién
era el nuevo capitán. Y allí dijo "va a ser Daniel". Creo
que se basó en el sentir de los jugadores. Siempre digo lo mismo y
lo aprendí de él: al capitán lo eligen los compañeros.
¿Cuál diría que fue su mejor partido en 1978?
Creo que fui bastante parejo en todos los partidos del
campeonato, no tuve encuentros destacados. Tuve la posibilidad de
hacer un par de goles y no los concreté, como contra Holanda, que
me 'comí' dos goles. Pero creo que el mejor momento lo tuve
en la etapa previa. El doctor del equipo siempre me decía que
estaba en mi pico máximo, que el torneo debería haber empezado un
mes antes para mí.
¿Qué tan importante fue el público en aquella
campaña?
Siempre es mucho mejor jugar de local. La pasión que ponen
los hinchas argentinos o brasileños supera todo. Pero cuidado,
porque a veces ser local aquí puede complicar. En 1978, por
ejemplo, había algunos que no creían en el equipo. Pero la masa
popular sí confiaba en nosotros. Y, claro, el grupo estaba muy
confiado porque Menotti se encargó de sacarnos el miedo a los
equipos europeos. Nos llevó de gira para jugar contra ellos y
enfrentamos a Alemania, Holanda e Italia. Nos dimos cuenta de que
éramos iguales.
¿Qué lugar representa en su carrera en su trayectoria el
día de la final?
Para mí fue impactante fue ver a los hinchas argentinos en
las calles, desde donde salía el bus de la concentración, hasta el
estadio colmando las rutas. Y en el estadio el cántico, los
papelitos, las señoras rezando arrodilladas, discapacitados...
Cuando uno llegaba al estadio tenía que caminar por los anillos
internos del club y se veía el ambiente a través de las ventanas.
En la radio los comentaristas decían que el equipo estaba entrando,
caminando hacia los vestuarios, y la hinchada cantaba "vamos a
ganar Argentina". Era una cosa impresionante que te ponía la
piel de gallina y te hacía salir convencido de que íbamos a ganar.
¿Cómo fueron los instantes previos a ese choque con
Holanda? ¿Se palpaba confianza o temor en el grupo?
Cuando le ganamos a Perú nos sentimos campeones. Recuerdo que
retrasamos el regreso a Buenos Aires porque estábamos en Rosario,
donde el apoyo fue impresionante. Y cuando llegamos allá, a la
concentración, no nos dejaron salir, por lo que el Flaco Menotti
nos dio libertad. Pedimos vino con la comida, bromeamos y reímos
todos juntos. Nos sacamos la presión, como si dijéramos "y
bueno, Argentina ya llegó a la final. ¿Quién lo hubiera
creído?" Pero teníamos mucha confianza en nosotros, nos
repetíamos "¿Cómo no le vamos a ganar a los holandeses?".
Esas charlas nos sacaron toda la presión.
¿Qué recuerdos tiene de partido contra Holanda?
Después, en lo que al partido respecta, para mí lo manejó
Argentina. Tuvimos las situaciones más claras, pero quedó marcado
para siempre ese tiro de ellos que pegó en el palo sobre el final.
Pero fuimos justos ganadores y debimos haber ganado en el balance
global. Después fuimos contundentes en el alargue porque teníamos
grandes jugadores. Repito: fuimos más que Holanda.
¿Qué reacción tuvo Menotti cuando fueron al
alargue?
Esa fue la primera vez que vi a Menotti enfurecido. Nos dijo:
"Ochenta mil contra once, ¿vamos a perder?". Y fue como
un shock, esa clase de sacudones que necesita un equipo en ese tipo
de momentos.
Luego vinieron los goles decisivos, ¿qué recuerda del
instante en que se terminó el partido? ¿Qué fue lo primero que le
vino a la mente?
Pensé en mi mama y en mi papá. Mi mamá, que sufría mucho,
nunca quiso ir a la cancha, pero mi papá estaba presente con el
Tucumano Hernández, que fue el que impulsó mi carrera como
futbolista. Luego recuerdo que dimos la vuelta olímpica y, ya en el
vestuario, vino alguien de una empresa de seguridad a decirme que
se tenían que llevar la Copa. Pero no se las quería dar, y les
contesté '¿cómo te voy a dar la copa con todo el trabajo que
nos costó conseguirla? Ni sé quién sos vos'. Pero bueno,
llegaron los del comité internacional y me dijeron que tenía que
entregarla...
Usted fue el primer argentino que levantó ese trofeo. ¿Qué
sintió entonces?
Cuando te dan la copa no tienes sensaciones, es como un
orgasmo permanente. Vulgarmente digo esto, pero es la realidad. Es
algo que tienes que vivir para poder explicarlo. Es la sensación de
haber logrado lo máximo, eso para lo que tanto tiempo trabajaste.
Quizás cuando sos pequeño te preguntan qué quieres ser de mayor, y
vos decís que querés jugar con la selección y ser campeón del
mundo. Pero cuando lo lográs te pasás la mano, te pellizcás y te
decís 'somos millones de argentinos y me toca a mí'. Es
increíble.
¿Es cierto que no quería darle el trofeo ni a sus
compañeros?
Sí, sí, es verdad. Me parecía increíble estar ahí, ser el
primer argentino en levantar la copa. No se la quería dar a
nadie...
Y ahora que la levanta de nuevo, ¿qué siente?
Me hace remontarme en el tiempo y acordarme de tantas cosas.
Creo que haber ganado la Copa del Mundo y estar en los momentos más
importantes de fútbol argentino es regalo de Dios. No se puede
pretender muchas cosas más. Ojalá pueda algún día levantar otra.
Si la viese expuesta como obra de arte, ¿que opinión le
merecería?
¡Perfecta!
Daniel Passarella

Daniel Passarella: "La Copa del Mundo es única"
Los ganadores

Alberto Tarantini
Lateral elegante y de vocación ofensiva, anotó en la goleada a Perú.

Daniel Bertoni
Delantero potente, hábil y goleador en la final de la Copa Mundial de la FIFA 1978.

Daniel Passarella
El Gran Capitán, líder de la defensa y temible ejecutor de tiros libres.

Leopoldo Luque
Delantero centro trabajador y valiente, una de las bazas de César Menotti en 1978.

Mario Kempes
Máximo goleador del torneo, clave en la primera consagración argentina.
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Campeones Mundiales

Alemania 2006
El plantel capitaneado por Cannavaro conquistó el cuarto título mundial de la historia del fútbol italiano.
Corea/Japón 2002
De la mano de Scolari, la Seleção alcanzó en Asia el soñado Pentacampeonato.

Francia 1998
Los Bleus abrazaron la gloria con una recordada final ante Brasil.
Estados Unidos 1994
En Norteamérica, Brasil cortó una racha de 24 años sin títulos.

Italia 1990
Alemania conquistó en tierra Azzurra su tercera Copa Mundial de la FIFA.
México 1986
Bajo el sol azteca, la Argentina de Diego Maradona volvió a levantar el Trofeo.

España 1982
Pese a una primera fase complicada, la Azzurra conquistó el tricampeonato.
Argentina 1978
Debió esperar 56 años, pero la Albiceleste finalmente pudo festejar ante su público.

Alemania 1974
Ante su gente, los germanos fueron los primeros en alzar el nuevo Trofeo.
Estadísticas de jugadores »
| Rival | GF | GC | TR | A | MNJ |
| Países Bajos | 0 | 0 | 0 | 0 | 120 |
| Perú | 0 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Brasil | 0 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Polonia | 0 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Italia | 0 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Francia | 1 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Hungría | 0 | 0 | 0 | 1 | 90 |
| Edición | Posición | PJ | GF | TR | A | MNJ |
| 1982 | Segunda ronda | 5 | 2 | 0 | 1 | 450 |
| 1978 | Ganador | 7 | 1 | 0 | 1 | 660 |
Partidos
Final 25/06/1978
Argentina 3:1 Países Bajos
Segunda ronda 21/06/1978
Argentina 6:0 Perú
Segunda ronda 18/06/1978
Argentina 0:0 Brasil
Segunda ronda 14/06/1978
Argentina 2:0 Polonia
Partidos de grupo 10/06/1978
Italia 1:0 Argentina
Partidos de grupo 06/06/1978
Argentina 2:1 Francia
Partidos de grupo 02/06/1978
Argentina 2:1 Hungría