Señor Burruchaga, ¿qué importancia ha tenido la Copa
Mundial de la FIFA en su vida?
Ha sido muy importante. Creo que todo futbolista, cuando se
inicia, tiene como objetivo más importante el jugar para su
selección. En el año 85', cuando Argentina logra clasificarse
para México 1986, uno se pasaba el año pensando en ser citado. A mí
me tocó en un momento particular, porque me fui a jugar a Francia,
que representaba un mundo distinto en el que no sabía si iba a
rendir o no. Pero Carlos Bilardo me dijo algo que nunca olvidaré:
"Si andás bien, vas al Mundial. De lo contrario, no te
llevo". Por eso vivía pensando en eso y sacrificándome, pero
valió la pena. Los de México fueron los dos meses más felices de mi
vida.
¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de una Copa
Mundial?
La de 1978, obviamente. También observé Alemania 1974, pero
es una etapa muy lejana y no teníamos tantos televisores. En el 78
sí, se jugó en Argentina y yo tenía 14 años. Miraba todos los
partidos y salía a festejar a las calles en cada victoria junto a
mis amigos del barrio. Y ni hablar luego de la final: me fui al
centro a festejar algo que parecía imposible, ¡gritar campeón del
mundo por primera vez!
Ocho años más tarde, en 1986, logró capitalizar ese sueño
como pero como jugador. ¿Qué sensaciones recuerda haber vivido en
México?
Son sensaciones fuertes. La primera de todas estuvo
relacionada con el hecho de que Carlos (Bilardo) tomó la decisión
de viajar un mes antes de comenzar el torneo. Y nunca me olvido que
cuando arribamos a México, por ser los primeros, teníamos a todo el
periodismo encima. Y lo imborrable de mi mente era el hecho de ir
arriba del autobús escoltados por la policía, que evitaba que se
nos acerque la gente. No entendíamos nada... A partir de allí nos
dimos cuenta de lo que estábamos afrontando, adónde habíamos
llegado y la importancia que tenía el Mundial. A partir de esa
llegada nos empezamos a motivar, a concentrar y a ponernos como
objetivo el hacer un gran torneo. Nosotros no habíamos llegado
bien...
Imaginamos que, con esa experiencia a cuestas, las
sensaciones cambiaron cuatro años más tarde, en Italia
1990...
Claro, cambia. Desde varios lugares: por la experiencia
adquirida previamente y por la diferencia de contexto entre.
Lógicamente, Italia parecía mucho más lindo para jugar el torneo,
¿no? Pero el objetivo y las ganas eran las mismas. Lo que sí
cambiaba, quizás, era la posibilidad de poder hablarle a los
compañeros que debutaban en un Mundial. Explicarles lo que se está
jugando y que se tiene a un país entero detrás, porque a veces uno
no se da cuenta de que se está defendiendo a los colores de tu
país. Quizás la gran diferencia era que nosotros ya habíamos sido
campeones cuatro años antes.
En ese torneo, si bien Argentina fue finalista nuevamente,
la imagen dejada desde lo futbolístico no fue la mejor. ¿Qué
recuerda de aquella final ante Alemania? ¿Cree que fue una final
bien jugada?
No, lo que yo recuerdo de esa selección es algo que pocos
valoraron: nosotros tuvimos enormes problemas de lesiones y
suspensiones, además de haber perdido el primer partido ante
Camerún. Y así y todo, ese equipo llegó a la final batiendo a las
candidatas a quedarse con el título, como Brasil, Yugoslavia e
Italia, que era local. Ese grupo nos demostró a todos los
argentinos el orgullo de defender los colores como decimos
comunmente: a morir. Eso es lo que más rescato de la final. Tengo
en claro que Alemania mereció ganarla, aunque no de la manera en
que lo hizo: seguimos pensando que no hubo penal en la jugada
decisiva, aunque sí hubo uno de (Sergio) Goycochea a (Guido)
Buchwald en el primer tiempo que el árbitro no vio. Pero sí,
Alemania mereció ganarla, así como nosotros lo merecimos en 1986.
Fue mejor que nosotros, aunque esa selección argentina volvió a la
final, lo que no es para cualquiera.
Entonces mantiene que no hubo falta de Roberto Sensini
sobre Rudi Völler en en la jugada decisiva...
Para mí no, no es penal, Sensini toca la pelota y Völler
choca con la pierna. Como dije antes, sí creo que hubo penal de
Goycochea en el primer tiempo que fue mucho más claro. Fue una
pena, porque nosotros queríamos llegar a los penales y lo estábamos
logrando. Lamentablemente, con esa decisión equivocada nos terminan
ganando bien. Nunca lo negamos.
En 1986 les había tocado a ustedes, pero aquella noche de
1990 el trofeo fue para Alemania. ¿Qué recuerda de la ceremonia de
premiación?
Las sensaciones de bronca e impotencia, de saber que
estuviste cerca... Pero en lo personal nos sentimos tranquilos,
porque tuvimos muchos inconvenientes y así y todo llegamos a la
final. Y eso que la jugamos sin (Sergio) Batista, (Ricardo) Giusti,
(Julio) Olarticoechea y (Claudio) Caniggia. Eso, sumado a que las
lesiones de (Oscar) Ruggeri, (Diego) Maradona y yo que casi no nos
dejan jugar. Oscar tuvo que salir en el primer tiempo, y Diego
aguantó porque es Diego... Por eso digo que, más allá de toda la
bronca que teníamos, salimos con la tranquilidad de haber hecho lo
imposible por lograr el objetivo. Nos ganaron por muy poquito.
Háblenos de Carlos Bilardo. ¿Qué clase de entrenador
es?
La verdad es que hoy, los que somos entrenadores aplicamos
muchos de sus métodos. ¡La diferencia es que él lo hacía en 1983!
Es un tipo que vive con intensidad las 24 horas del día, que no
para e intenta estar en todos los detalles. Les voy a dar un
ejemplo: no le gustaba ver a los jugadores poniéndose las manos en
la cintura durante un entrenamiento, porque lo consideraba una
muestra de cansancio hacia el rival. Ya en esa época, se la pasaba
viendo vídeos todo el tiempo. Eso no era común en aquel entonces, e
incluso diría que logró una transformación en el fútbol argentino.
No era fácil, ¿eh? Era una máquina de tirar conceptos que, a veces,
podían aturdirte un poco. Luego, con el tiempo, fuimos asimilando
su estilo y nos dimos cuenta de que estaba avanzado en todo.
Predijo todo lo que iba a suceder en el futuro del fútbol.
¿Es cierto que no festejó el título de 1986 porque les
habían marcado dos goles de tiro de esquina en la final?
Tal cual. Él tenía una frase durante nuestra preparación,
antes de juntarnos a concentrar. Decía que yo tiraba un centro,
Ruggeri lo cabeceaba en España y otro buscaba el rebote en Italia.
Ya pensaba en cómo nos íbamos a distribuir, incluso cuando
estábamos desparramados por toda Europa. Le daba mucha importancia
a la pelota parada. Entonces nosotros íbamos ganando fácilmente 2-0
esa final y nos empatan con dos goles de tiro de esquina. Eso lo
dejó triste, es verdad. Entonces resoplaba e insultaba incluso
después de la victoria 3-2 y mientras nosotros estábamos súper
felices. Así era él: a veces terminabas un partido contento con tu
actuación y él venía a remarcarte los errores cometidos. Eso sí,
siempre en función de progresar.
El partido más recordado de México 1986 fue, para muchos,
el de Argentina e Inglaterra. ¿Qué podría decirnos de aquel
encuentro?
Nosotros preferíamos jugar con Inglaterra y no con Paraguay,
porque ya habíamos enfrentado a Uruguay y sabíamos lo difícil que
era chocar con otro sudamericano que ya nos conociera. Pero
intentamos diferenciar todos los problemas que hubo entre ambos
países con lo estrictamente deportivo. Queríamos ganar para llegar
a la semifinal, porque sabíamos que si lográbamos esa victoria
teníamos grandes posibilidades de llegar muy lejos.
Aquella tarde quedará en la historia como la de los goles de
Diego Maradona...
Así es, a mí me tocó vivir ese gol histórico que sigue
siendo, en mi opinión, el mejor de todos los Mundiales. Inicié la
jugada a su lado, cuando hace el giro en la mitad de cancha, y
seguí acompañándolo. Lo increíble de Diego es la capacidad para
hacer algo así en un terreno que no estaba en muy buenas
condiciones. Porque lleva el balón pegadito al pie, algo que yo no
pude hacer en la final ante Alemania. Si vuelven a ver el video de
mi gol, la pelota se me va como dos o tres metros hacia delante.
Pero a él eso no le sucedía, porque los genios son así. En el final
de la jugada, llega un momento en que parece que me va a dar el
balón a mí, aunque ese amago era para el último defensor que lo
salía a cruzar, aunque me engañó a mí también. Y cuando va a
definir, tiene incluso la inteligencia de arrojarse al suelo al
igual que su marcador... Cuando termina la definición, no me olvido
que salió corriendo para la esquina y me fui con él. Lo primero que
me salió gritarle fue un insulto típico nuestro: "¡Sos un hijo
de p...! ¡El gol que hiciste!". Pero se lo dije a modo de
felicidad, porque era imposible hacer ese gol y en el estado que
tenía la cancha. Sin embargo el genio lo pudo, se desplazó como un
bailarín por el escenario. Eso era Diego, que resumió en esa jugada
todo lo grande que fue como futbolista.
¿Y qué podría decirnos del primer gol? ¿Usted vio que era
con la mano en ese momento?
Sinceramente no, hasta yo me la creí. En esa jugada estaba
del lado opuesto, a la izquierda de él, y pensé que la había metido
con la cabeza. Sobre todo porque (Peter) Shilton no tenía tanto
despegue y había quedado mal ubicado. ¿Pero ven? Hasta en eso fue
grande: simuló un gol difícil y que muchos de nosotros no vimos.
Después decía "¡vengan, vamos a festejar!" y, claro,
festejamos todos. Así es el fútbol: a veces te juega a favor y a
veces en contra. Pero también es cierto que con el segundo gol que
narramos anteriormente, tapó todo lo del primero, ¿no? Como que
valió por ambos...
Ya que menciona a Maradona, ¿qué importancia tuvo en
aquella campaña? ¿Qué cosas lo sorprendían más de él?
Recuerdo que no había llegado bien a la eliminatoria, con
mucho arrastre de la temporada terminada en Italia y con mucho
viaje. Pero ya en los primeros días de entrenamiento en México se
notaba algo distinto. La forma en que trabajaba desde su lugar de
capitán contagiaba a todos. Lo veíamos decidido a mejorar la imagen
del Mundial 1982, lo que él mismo decía. Estaba motivado y eso era
un contagio enorme para el resto. Verlo así nos agrandaba a todos,
aunque hay que admitir que si Diego fue superlativo, sus compañeros
también lo fueron en ese Mundial.
¿Qué ambiente se vivía el día de la final?
El ambiente en el Azteca era bárbaro. Era un estadio
tremendo, muy lindo, aunque sabíamos que el clima era desfavorable
para nosotros. El mexicano estaba del lado de los alemanes, aunque
nosotros confiábamos mucho en nuestras psibilidaddes. Fuimos de
menor a mayor en todo el torneo, y eso debía culminarse con una
buena final. Creíamos que Brasil o Francia serían finalistas, e
incluso pensábamos que los franceses iban a eliminar a los alemanes
en la semifinal. Pero tocó Alemania. En el momento de ir a la
cancha uno piensa que está a un paso de la gloria, de terminar eso
por lo que tanto se ha sacrificado. Todo eso se cruza por la cabeza
cuando suenan los himnos.
Ese momento fue descripto por varios de sus compañeros como
el de mayor emoción. ¿Es así?
Sí, claro. Causa una emoción y una motivación enormes. Te
recuerda que estás representando a un montón de gente y a tu
familia, un momento inalcanzable para muchos futbolistas.
Por ahí, en el momento uno no se daba cuenta de eso, pero
cuando pasa el tiempo y ves a otros jugadores en esa situación, se
recuerda y comprende la importancia que tiene. Entre nosotros, por
ejemplo, era la gran motivación: yo estaba al lado de (Jorge)
Valdano y nos veíamos las caras. Era un contagio muy grande y
especial, difícil de describirlo con palabras.
En aquella final, el primer gol argentino llega de un tiro
libre suyo y un cabezazo de José Brown. ¿Tenían practicada esa
jugada?
Muchísimo. Todo lo que era pelota parada desde el costada era
ejecutada por mí o por Maradona, y teníamos que hacerlo bien
abierto, contrario a lo que se hace en la actualidad. Teníamos muy
buenos cabeceadores como el
Tata mismo, Ruggeri, Batista, (José) Cuciuffo, Giusti...
Siempre ganaban de arriba.
Lo bueno es que todo lo practicado salió bien en el día
indicado. Muchos adjudicaron ese gol a una mala salida del arquero,
pero el fútbol también se trata de errores, ¿no? Después nos
equivocamos nosotros y nos empataron.
¿Pensaban que el partido estaba terminado con el 2-0 a
favor?
Sí. Después del gol de Valdano pensábamos que ya no se nos
iban a venir más. Bilardo siempre nos decía que a los alemanes,
entre comillas, había que matarlos para que no resurjan. Y fue así:
ellos vinieron y consiguieron un empate que, en muchas situaciones,
habría terminado con una derrota para nosotros. Pero el equipo tuvo
tranquilidad, confianza y seguridad poco comunes para un momento
como ese. Hubo silencio, con "miradas cómplices", tal
como lo definiera luego Valdano. No hacía falta gritarse para saber
que había que ir a buscar el tercer gol.
Pero Argentina fue campeón del mundo porque fue valiente, el
mejor equipo, y por eso no desesperó. Fue a buscar lo que merecía y
lo consiguió, que era ganar la Copa del Mundo.
¿Qué hablaba con Maradona antes de reiniciar el
juego?
Insultábamos, no podíamos entender como nos podían empatar
ese partido. Pero yo le decía "bueno, vamos que lo
ganamos". Esa era la sensación de todos, no había gritos ni
culpas repartidas. Si bien a veces en el fútbol no cuentan los
mereciminetos, esta vez nuestro título fue justo.
Y llegó su gol, el decisivo...
La jugada se inició con de un pelotazo de ellos, que rechazó
Ruggieri cerca de nuestro área. El Negro (Héctor) Enrique ganó el
rebote y le dio el pase a Maradona casi en mitad de cancha. Cuando
ví que la pelota iba para Diego, interpreté que los alemanes iban a
jugar al fuera de juego. Por eso aparecí por el lado opuesto al
nuestro y le grité a Diego, que estaba medio de espaldas. Después,
con el tiempo, me dijo que no me escuchó, algo posible para alguien
que jugaba como si tuviera ojos en la nuca.
Entonces él me tiró la pelota ahí adelante y empecé a correr.
Me marcaba (Hans-Peter) Briegel, aunque nunca lo ví ni escuché tan
cerca de mí. Es increíble, porque muchas veces me preguntan si
adelanté de más el balón, si Schumacher salió tarde, si no escuché
a Valdano que me acompañaba por la izquierda, si creía que Briegel
me iba a alcanzar... pero mi concentración estaba puesta en la
lejanía del arco solamente. Lo que sí se veía bien era que
Shumacher estaba todo de amarillo, por lo que era más fácil de
visualizar y, a la vez, entender lo lejos que estaba del arco. Fue
una carrera de casi 40 metros, que culminó con un toque de derecha.
La intención era picar el balón por arriba, pero le pasó por
intermedio de las piernas.
No ví a Valdano, ni escuché a Briegel, pero sí creo que fue
la carrera más larga, felíz y difícil de mi vida. Cuando fui a
festejar me arrodillé, extenuado, y al primero que ví llegar fue a
Batista. Llegaba cansadísimo y se arrodilló enfrente mío con esa
barba que tenía... siempre digo que fue como ver a Jesús, que nos
decía que teníamos que ser campeones del mundo.
Cuando volvíamos a la mitad de cancha Valdano me decía
"ahora sí, somos campeones del mundo". Teníamos lágrimas
de felicidad, porque faltaban apenas tres minutos.
¿Y en el silbatazo final? ¿Qué cosas se le cruzaron por la
cabeza?
Bilardo me había sacado después del gol, por lo que terminé
viendo el partido al lado del Negro (Néstor) Clausen. Fíjense lo
lindo que es el fútbol, que terminé viviendo la consagración junto
a uno de los grandes amigos que me ha dado el fútbol. Lo vivimos
con intensidad, deseando que se termine lo más rápido posible. El
primer gran abrazo lo tuve con él, y de ahí nos fuimos a saltar y a
festejar. Fue grandioso.
Luego llega el momento de la premiación y aparece el
trofeo...
Yo fui de los últimos en agarrar el trofeo. Diego fue el
primero, obviamente, y después venían Nery (Pumpido) y los demás. A
mí me lo pasó (Carlos) Tapia, aunque lo tuve apenas unos segundos
en mis manos. Le pude dar un beso, levantarlo y agradecerle a Dios.
Las fotos las sacamos más tarde, lo mirábamos y nos parecía algo
increíble. En el momento no te das cuenta de lo que acabás de
hacer, aunque quizás lo entendimos cuando volvimos al país y vimos
toda la gente. Fue impresionante, más allá del trofeo, el hecho de
decirte "campeón del mundo". Esas palabras son mágicas.
¿Qué opinión le merece el trofeo?
¡Es hermoso! Y valió la pena romperse el alma por él. Te hace
pensar en tantas cosas: en las eliminatorias, en lo duro que fue
todo. A nosotros nos costó un montón: el proceso de Bilardo fue
castigado y muy duro, aunque ahora tenés la Copa y te decís que
valió la pena, que formaste un gran grupo y lograste muchos amigos
en torno a ese objetivo. Todo por lograr esto, ¿no? No hay plata
para todo esto. Es la gloria, y eso no tiene precio.
Se emociona después de tanto tiempo...
Por eso lo digo, creo que cuando se alcanza algo fuerte, en
cualquier profesión, en el momento no se da cuenta. Ahora tengo esa
copa y me pongo a memorizar un montón de momentos, resumo así que
valió la pena todo: esforzarte, dejar de disfrutar un montón de
cosas como cualquier otro chico de 20 años... Hoy puedo decir que
lo hicimos y cumplimos el deber.
Jorge Burruchaga

Jorge Burruchaga: "Valió la pena romperse el alma por el trofeo"
Los ganadores

Carlos Bilardo
Obsesivo del trabajo, el Doctor llevó a Argentina a dos finales consecutivas.

Héctor Enrique
Centrocampista infatigable, pieza fundamental en la conquista de 1986.

Jorge Burruchaga
Dotado de excelente técnica, fue el primer lugarteniente de Maradona. Marcó en la final de 1986.

Jorge Valdano
Delantero con clase, luego entrenador y dirigente. Marcó un gol en la final de 1986.
Oscar Ruggeri
Defensa sólido y de carácter, récord de internacionalidades (97) durante muchos años.
Estadísticas de jugadores »
Campeones Mundiales

Alemania 2006
El plantel capitaneado por Cannavaro conquistó el cuarto título mundial de la historia del fútbol italiano.
Corea/Japón 2002
De la mano de Scolari, la Seleção alcanzó en Asia el soñado Pentacampeonato.

Francia 1998
Los Bleus abrazaron la gloria con una recordada final ante Brasil.
Estados Unidos 1994
En Norteamérica, Brasil cortó una racha de 24 años sin títulos.

Italia 1990
Alemania conquistó en tierra Azzurra su tercera Copa Mundial de la FIFA.
México 1986
Bajo el sol azteca, la Argentina de Diego Maradona volvió a levantar el Trofeo.

España 1982
Pese a una primera fase complicada, la Azzurra conquistó el tricampeonato.
Argentina 1978
Debió esperar 56 años, pero la Albiceleste finalmente pudo festejar ante su público.

Alemania 1974
Ante su gente, los germanos fueron los primeros en alzar el nuevo Trofeo.
Estadísticas de jugadores »
| Rival | GF | GC | TR | A | MNJ |
| República Federal de Alemania | 1 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Bélgica | 0 | 0 | 0 | 0 | 85 |
| Inglaterra | 0 | 0 | 0 | 0 | 75 |
| Uruguay | 0 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Bulgaria | 1 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Italia | 0 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| República de Corea | 0 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Edición | Posición | PJ | GF | TR | A | MNJ |
| 1990 | Segundo | 7 | 1 | 0 | 1 | 623 |
| 1986 | Ganador | 7 | 2 | 0 | 0 | 610 |
Partidos
Final 29/06/1986
Argentina 3:2 República Federal de Alemania
Semifinales 25/06/1986
Argentina 2:0 Bélgica
Cuartos de final 22/06/1986
Argentina 2:1 Inglaterra
Octavos de final 16/06/1986
Argentina 1:0 Uruguay
Partidos de grupo 10/06/1986
Argentina 2:0 Bulgaria
Partidos de grupo 05/06/1986
Italia 1:1 Argentina
Partidos de grupo 02/06/1986
Argentina 3:1 República de Corea