Señor Enrique, ¿qué importancia tuvo la Copa Mundial de la
FIFA en su vida?
Ya han pasado veinte años. Estamos bastante grandes, ¿no?
Representó la alegría de integrar una selección, porque cuando uno
es chico, lo que quiere es jugar en primera, y luego estar en
selección. Para todos nosotros significó muchísimo tener la suerte
de estar en ese equipo, así como jugar al lado de Diego Maradona.
Formar un plantel buenísimo y, como si fuera poco, salir campeón
del mundo.
Ese año también alcanzó el título mundial de clubes con
River Plate. ¿Qué diferencias hay entre la Copa Mundial de la FIFA
y los demás torneos que haya ganado?
El Mundial es diferente a todo. Yo salí campeón de primera C
y en el Nacional B con Lanús, todo es motivo de alegría. Pero
coronarse campeón del mundo es diferente a todo, es lograr lo
máximo. Además, no hay que olvidarse que jugamos de visitante en
México. Cuando nos fuimos de Argentina teníamos en contra a medio
país. Pero se formó un plantel y un equipo importante. La verdad
que fue lo máximo.
¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de haber visto una
Copa Mundial de la FIFA?
El Mundial 1978, porque tenía 15 o 16 años. En esa época
trabajaba, por lo que envidiaba mucho a los jugadores. Sanamente,
¿no? Porque ellos ganaban plata con lo que les gustaba, que era
jugar a la pelota, y eso era lo que más me gustaba hacer a mí. En
ese tiempo yo tenia que trabajar para poder ir a entrenar a Lanús,
para pagar mi boleto de colectivo. Por eso digo que envidiaba
sanamente a (Daniel) Passarella, (Mario) Kempes, (Osvaldo)
Ardiles... Eran ídolos, no sólo de la gente sino de nosotros
también. Nosotros soñábamos con lograr el hecho de jugar en la
selección algún día. Quizás no salir campeón del mundo, que por
suerte se nos dio, pero sí con jugar en la selección como ellos.
Oscar Ruggeri recuerda que a la selección argentina, en
1986, no la despidió nadie en el aeropuerto. ¿No tenían apoyo del
público antes del torneo? ¿También lo sintió así?
Sí, exactamente lo que sintió el
Cabezón. Fuimos despedidos nada más que por nuestros
familiares, y con todo el país desconfiando de esta selección. Pero
bueno, llegamos a México, empezó el campeonato del mundo y veíamos
que las demás selecciones no eran más que la nuestra, que la
podíamos pelear. Y así fue. Además teníamos a (Diego) Maradona, y
lo supimos aprovechar muy bien. Contábamos con un cuerpo técnico
muy capaz. (Carlos) Bilardo es un hombre muy trabajador que no
dejaba nada librado al azar. Estaba en todos los detalles, me
acuerdo perfecto cuando decía que hasta el utilero tenía que estar
atento, el masajista, todo el mundo. Él decía: 'vos estás
jugando y se te aflojó el tapón del botín. Es culpa del utilero,
pierdes tiempo, te quedas afuera'. Estábamos preparados
mentalmente, físicamente y con buen juego para ganar el campeonato
del mundo.
Algunos dicen que Bilardo es un personaje especial. ¿Es
realmente así?
Ahora esta más tranquilo, antes estaba más loco.
Muchos recuerdan una anécdota de él, que estaba triste tras
la final obtenida ante Alemania porque les habían marcado dos goles
de tiro de esquina...
Eso nos dejó locos. Uno logra el objetivo, sale campeón del
mundo... si yo soy el técnico, ¡todavía estoy dando la vuelta
olímpica! Pero Bilardo no quería saber nada con celebrar porque nos
hicieron dos goles de pelota parada, que es algo que puede pasar,
sobre todo con los alemanes que lo hacen muy bien. Pero Bilardo no
se ha perdonado y no nos ha perdonado a nosotros, porque era algo
que trabajaba mucho. No quería errores con pelota parada, aceptaba
que el equipo contrario te gane porque juega mejor, pero no porque
sean más vivos o más despiertos. Pero bueno, los alemanes
nos durmieron y llegaron al empate, pero no lo hicimos a
propósito o para darle un poco de emoción al mundial. Pero que
quede claro: cuando nos empataron, en mi cabeza y la de todos mis
compañeros, sabíamos que este campeonato no se nos escapaba por
nada. Pensaba 'se lo ganamos en los 90 minutos', y por
suerte se dio el pase de Diego a (Jorge) Burruchaga y esa corrida
interminable que termino en gol...
¿Qué recuerda de Diego Maradona? ¿Qué tan importante fue
dentro del grupo?
Muchísimo, porque él era el ídolo máximo para el periodismo y
para la gente. Y se lo tenía bien merecido, porque se lo ganó
dentro del campo de juego. Pero para con nosotros era uno más, y
cuando le tocaba jugar incluso era capaz de tirarse a los pies.
Cuando un compañero veía eso, entonces pensaba 'si él se tira
así, yo tengo que trabar hasta con la cabeza", era un contagio
muy importante.
¿Y a la hora de jugar?
En ese sentido ya no lo podíamos imitar mucho porque jugaba
muy bien el Diego, pero fue muy importante en ese Mundial. La
verdad es que teníamos un gran equipo, formado con mucho equilibrio
por (Carlos) Bilardo, tanto de mitad para adelante como de mitad
para atrás. Por eso lo ganamos, no sólo por contar con un gran
jugador, algo que también reconoce el mismo Diego. Eso me pone muy
contento, porque no se cree culpable de la eliminación en España
1982 ni el que ganó México 1986. Si vos formás un buen plantel, la
figura luce mucho más.
¿En qué partido se convenció de que serían campeones del
mundo?
El de Uruguay fue un partido muy difícil. Yo no jugué, estaba
como suplente, pero me acuerdo de una anécdota con Bilardo.
Recuerdo que terminó el primer tiempo y él nos dijo a mí y a
(Julio) Olarticoechea: 'Vasco, Negro, quédense en el vestuario
haciendo el calentamiento que después van a entrar'. Pasaron
diez, quinte, veinte, treinta minutos y no nos llamaba. Entonces le
dije al Vasco 'Bilardo se olvidó'. '¿Te parece?',
me respondió. 'Sí, sí... este se olvidó'. Entonces el Vasco
se asomó por el túnel y Bilardo, apenas lo vio, le dijo 'vení
Vasco, vení que entrás'. Por eso me asomé yo también, y me
llamó. Me empezó a dar indicaciones, a decirme lo que tenía que
hacer, ¡y se terminó el partido! Me quería matar, pero bueno... él
vive el fútbol de esa manera. El otro partido clave fue contra los
ingleses.
¿Por qué? ¿Qué pasó?
Hubo un 'clic'. Fue un partido que ninguno
de nosotros quería perder por nada del mundo. Allí jugué de titular
y Diego se pudo adelantar, soltarse más de mitad hacia delante sin
tanta obligación de bajar a recibir. Y la rompió, hizo el gol con
la mano y otro gracias a mí, que le di el pase (risas). Un gol
impresionante, ¿no?
¿Podría recordarlo?
Esa pregunta me la hacen muchos y, claro, uno hace memoria.
Le hice el pase y me olvidé, porque te ponés a ver y disfrutás
tanto de lo que el muchacho estaba haciendo que no lo podía creer.
Los ingleses dicen que no lo podían agarrar, no le podían pegar. ¡Y
es que no podían! No había forma, querían pegarle y ya no estaba.
Fue un gol maravilloso.
¿Y el otro gol, el de la mano? Muchos dicen que no la
vieron en el momento...
No, yo tampoco. No sabía que reclamaban los ingleses, pero
bueno, evidentemente fue con la mano. No sé si la vio el arquero,
porque salió seguro de que ganaría esa pelota y de repente Diego le
metió la mano y terminó en gol. Pero igual no les ganamos por ese
gol con la mano, sino porque fuimos mucho más. Jugamos mucho mejor,
fuimos un equipo muy inteligente, que tenía un maestro dentro de la
cancha.
¿Qué hablaron con Diego tras ese partido?
No mucho, estábamos todos muy concentrados y muy
metidos, ya se había ganado ese partido y se pensaba en Bélgica,
que un equipo muy difícil y complicado. No sé a quién había dejado
afuera, no sé si a España, pero era un equipo ordenado que jugaba
bien. De todos modos, Diego volvió a hacer un gran partido y todos
nosotros acompañamos, como te dije antes, era un equipo que tenia
mucho equilibrio.
¿Cómo manejaron el contexto bélico que envolvía a
argentinos e ingleses durante su enfrentamiento?
Era sólo un partido de fútbol, aunque no lo queríamos perder
por nada del mundo. Corrimos y metimos como hicimos en los demás
encuentros, pero si había uno que no podíamos perder era ese. Eso
pasaba por mi cabeza.
Háblenos de la final. ¿Con qué ambiente se encontraron
antes del encuentro?
Siempre sucedía lo mismo: salíamos de la concentración y
teníamos varias cábalas. Había un semáforo que teníamos que pasar
en verde sí o sí, y además teníamos dos acompañantes en moto. Uno
se llamaba Jesús, que un día no vino y Bilardo se quería volver
loco y decía '¡Qué venga Jesús! ¡qué venga Jesús!'. Luego
había otras cábalas en el vestuario, como que yo tenía que hacer
los movimientos de calentamiento con las zapatillas del utilero. En
cuanto al ambiente, me di cuenta de la gente que había cuando volví
a Argentina y lo volví a ver por televisión. Estaba muy metido en
lo que tenía que hacer, en la definición de un Mundial, que no me
podía descuidar. De lo contrario, Bilardo te sacaba a los cinco
minutos sin dudar. Había que correr, meter y cumplir con todo lo
que te pedía.
¿Cual era la tendencia de los aficionados en
México?
Había muchos hinchas argentinos, muchísimos, que nos
alentaban. Pero se notó mucho en la final que los hinchas se
inclinaban más por Alemania que por nosotros. Creo que lo hicieron
porque íbamos ganando, entonces se por los que iban perdiendo.
Supongo que fue eso, no hubo nada raro.
Usted tuvo incidencia en el segundo gol, el de Jorge
Valdano...
Estábamos ganando uno a cero con gol del Tata (José Luis)
Brown. Y fíjese lo que era ese equipo que nadie tenía un puesto
fijo salvo el arquero, el líbero y los otros dos marcadores. El
resto jugaba por todos lados, y digo esto porque Valdano comienza
la jugada en el área nuestra, le da un pase a Maradona y Diego me
la da a mí. Valdano me pasa por el costado y yo se la tiro a él,
que definió bárbaro. La verdad que era un equipo impresionante.
Pero Alemania reaccionó...
Empataron con dos pelotas paradas en las que nos dormimos.
Pero no era justo, creo que lo más normal era que Argentina ganara
tres o cuatro a cero, porque era la que tenía la pelota y llegaba a
posición de gol. Pero nos golpearon con lo que más sabían, con
pelotas paradas. Aunque por suerte vino el gol salvador de
Burruchaga tras un pase increíble de Diego.
¿Podría definir esa situación?
Me acuerdo que cabeceó (Ricardo) Giusti y la pelota quedó
dividida. La fuimos a buscar con un alemán, a todo o nada, trabamos
fuerte y quedó para Giusti, que se la cabeceó a Maradona. Diego
metió el pase de una para Burruchaga, en una acción que sólo él
puede hacer, y Burru, que fue un maestro, se fue contra el arquero.
Recuerdo que cuando adelantó la pelota pensé '¿qué hace este
muchacho?', pero por suerte el arquero no salió a tiempo y
llegó el gol.
¿Cómo vivió la angustia hasta el final?
Pasó con las ganas de todos de que termine el partido lo más
pronto posible, porque queríamos darle la satisfacción a nuestra
gente de ser campeón del mundo. Y a nosotros mismos, porque
trabajamos muchísimo ahí en México. Me vine a la mente el final del
partido, que me arrodillé y me tiré al piso para llorar y no podía.
Me emociono, es increíble, tuve la suerte de ser campeón del mundo.
¿Cómo fue recibir el trofeo en sus manos?
Cuando nos dan la medalla, después me sacaron una foto de una
revista argentina en la que estoy en la tapa con Diego y la Copa.
Fue una alegría enorme, pero debo confesar que yo no disfrutaba
tanto de los títulos en el momento. De hecho, recién terminado ese
torneo me puse a pensar en que ya tenía que mentalizarme para ganar
la Copa Libertadores con River Plate, que nunca la había ganado.
Disfruto todo más ahora que cuando salí campeón.
¿Qué sensaciones tuvo cuando tocó el trofeo?
La alegría inmensa de poder lograr lo que fuimos a buscar y
en lo que nadie creía. Pero después me dije 'ya está'. Fue
un poco fue el contagio del técnico que teníamos, de Bilardo.
'Ya está, ya está, ya terminó. Empieza otra cosa'.
¿El título se disfruta más cuando la gente no cree en
uno?
No, eso a mí no me interesó. Lo había querido siempre y en
toda mi carrera, quería ganar sin importar lo que pensaran los
demás. Obviamente, nos dio muchísimas alegría cuando volvimos y
vimos a toda esa gente felicitándonos, incluso agradeciendo hasta
el día de hoy. A mí me hacen muchas bromas con el pase que le hice
a Maradona en el segundo gol a Inglaterra, me lo agradecen. Ya han
pasado 20 años y la gente no se olvide. Si vos jugás bien y le
mostrás cosas interesantes a los argentinos, ellos te lo van a
agradecer toda la vida más allá de que se logre el objetivo o no.
¿Qué representa ese trofeo en su vida?
Satisfacción, por lo mismo que dije antes. Cuando uno empieza
a jugar de chiquito, en el potrero, quiere jugar en primera
división. Luego quiere pasar a un club grande y después a la
selección, que es lo máximo. Eso lo van a decir todos los jugadores
y es verdad. Hay un documental con imágenes de Maradona, que de
chiquito dice que su sueño es jugar en la selección y ser campeón
del mundo. Yo sentí exactamente lo mismo.
¿Qué recuerda del ambiente en Argentina cuando regresaron
de México?
Fue increíble. Hasta el día de hoy me vienen a la cabeza la
gente que había, la emoción y la alegría que tenían. Y hoy puedo
decir que jugando a la pelota, corriendo y dejando todo dentro de
la cancha, puedes poner contenta a la gente. En ese sentido, yo por
lo menos estaba muy feliz.

