¿Qué significa para usted personalmente y profesionalmente
haber participado en tres Copas Mundiales de la FIFA?
En mi opinión, jugar una Copa Mundial es lo mejor que le
puede pasar a un futbolista. Fue muy emocionante representar a mi
país y saber que no decepcioné a los 170 millones de aficionados
brasileños que me estaban mirando. Pero también supuso una gran
responsabilidad. Renuncié a muchas cosas de la vida para participar
en aquellos Mundiales y ganar. Eso es lo que de verdad le importaba
a la gente.
La primera Copa Mundial de la FIFA que jugó fue Italia
1990, ¿qué recuerdos tiene de esa edición?
Fueron momentos muy tristes. Fue una de las mayores
decepciones de mi carrera, porque me lesioné jugando un partido de
entrenamiento con un gran amigo mío, el guardameta Zé Carlos. Eso
significó para mí el final de la Copa Mundial. La rodilla se me
inflamó mucho en el partido contra Escocia. Después perdimos
nuestro siguiente choque, contra Argentina, y quedamos eliminados.
Nos moríamos de ganas de ganar el torneo, pero así es la vida. Dios
siempre tiene la última palabra. Luego llegó la Copa Mundial de
1994, que ganamos.
La Copa Mundial de la FIFA 1994 le trajo mucha fama. ¿Qué
recuerda del primer partido de Brasil en esa edición del torneo,
contra Rusia?
La verdad es que recuerdo claramente todos los partidos de
Copa Mundial en los que jugué. En esa Copa Mundial tuvimos un
partido muy complicado contra Rusia, pero estábamos muy bien
preparados. Éramos un equipo muy unido, y esa fue la clave para
ganar. Todos trabajamos mucho para no cometer los mismos errores
que en 1990.
¿Cuál cree que fue su mejor partido de aquella fase
final?
Creo que fui capaz de mantener un nivel de juego constante en
todos los partidos que disputé con la Seleção. De todas formas, el
partido que recuerdo como el más importante y el más difícil fue el
que jugamos contra Estados Unidos, el 4 de julio. En ese partido me
convencí de que ganaríamos nuestra cuarta Copa Mundial. Nunca
olvidaré la fecha porque es el día en el que los estadounidenses
celebran su Día de la Independencia.
Leonardo, que había sido uno de los mejores jugadores de
aquel Mundial, vio la tarjeta roja. Quería soltarse del jugador que
lo agarraba pero en el movimiento, accidentalmente, le dio un
codazo. A pesar de que fue una pérdida importante, seguimos jugando
bien el partido. Entonces Romario se llevó a varios defensores y me
pasó el balón. En ese momento me quedé frente al guardameta Tony
Meola, que era muy corpulento, pero vi un hueco por donde podía
meter el balón, y entró.
A partir de ese momento me convencí de que ganaríamos nuestra
cuarta Copa Mundial. Cuando entré en el vestuario en el descanso
del partido vi a Leo, que siempre me ha caído muy bien porque
empezamos juntos en el Flamengo. Estaba sentado en un rincón,
llorando desconsolado y le dije que no se preocupara, que yo
marcaría el gol de la victoria, y lo marqué con la ayuda de Dios.
Cuando volví al vestuario después, me abrazó y me dio las gracias.
Sin duda, sentí algo muy fuerte en ese partido, como algo que Dios
me enviaba.
Mucha gente piensa que su labor fue mucho más importante en
el siguiente partido, los cuartos de final contra Holanda. ¿Qué nos
puede decir de ese encuentro?
Lo primero, quiero darle gracias a Dios porque la noche
anterior, antes de acostarme, le pedí que me diera la oportunidad
de marcar un gol para dedicárselo a mi hijo, que había nacido el
día antes. Así que me dormí con esa idea en la cabeza. La
oportunidad se presentó en el partido de una forma que sólo puedo
describir como divina. El balón vino hacia mí, Romario se había
quedado libre de marca pero estaba cansado... así que recibí el
balón, dejé atrás a un defensa, superé al portero con un regate y
marqué con la portería vacía.
Después de marcar ese gol, lo primero que me vino a la mente
fue mi hijo porque fue el único de mis hijos al que no vi nacer,
porque yo estaba en la Copa Mundial. A mis otros dos hijos sí los
vi nacer. Así que, cuando marqué se me ocurrió hacer como si lo
tuviera en los brazos... todavía se me pone la piel de gallina y me
da emoción hablar de esto. Entonces, cuando hacía como si lo
estuviera meciendo en mis brazos miré a mi lado y Mazinho y Romario
estaban haciendo lo mismo, de repente todo el mundo hacía el mismo
gesto... y de ahí salió.
Creo que la gente recuerda esa celebración porque fue muy
espontánea, fue algo muy natural, me salió de dentro. No lo tenía
pensado pero, gracias a Dios, pude rendir homenaje a mi hijo.
Aunque parezca increíble, es el único de mis hijos al que le gusta
el fútbol y que nació con talento para jugarlo. Ahora está en las
categorías juveniles del Flamengo y puede llegar a ser un gran
jugador.
¿Cree que la forma en que los brasileños celebran los goles
es uno de los motivos por los que su fútbol es tan
atractivo?
Sí, creo que sí. Yo siempre he celebrado mis goles con
bastante entusiasmo. El fútbol siempre ha sido mi pasión, empecé a
jugar cuando tenía sólo seis o siete años. En Brasil los niños
nacen con un balón en los pies y siempre quieren jugar. He jugado
toda la vida y siempre lo he disfrutado. Creo que para que las
cosas salgan bien, hay que disfrutarlas, y no sólo el fútbol, sino
también el baloncesto, el atletismo, etc. Hay que hacerlo todo con
pasión.
Llevar la camiseta amarilla de Brasil siempre me ha dado
mucho orgullo, y por eso siempre salgo contento al terreno de
juego. También hago lo posible para que el equipo esté unido, que
es algo que nos permitió ganar nuestra cuarta Copa Mundial.
Teníamos un equipo muy unido y el deseo de hacer historia en el
fútbol y, al final, estar unidos nos llevó a alcanzar el objetivo.
Aunque se llevaba bien con todos sus compañeros, parece que
tenía una química especial con Romario, ¿no es así?
El dúo con Romario trajo estupendos resultados a la
Seleção. Juntos lo ganamos todo. Nos entendíamos muy bien.
En el fútbol siempre existe la posibilidad de que los jugadores no
se pongan de acuerdo, pero nosotros no tuvimos ese problema. Al
contrario: nos entendíamos muy bien, los movimientos surgían con
naturalidad, parecía que yo siempre sabía en qué lugar del campo
estaba él y que él siempre sabía dónde encontrarme a mí. Fue
perfecto. De todas formas, no sería justo hablar sólo de Romario.
Éramos los delanteros y marcamos casi todos los goles, pero
no sería justo que no mencionara a Taffarel, Jorginho, Aldair,
Márcio Santos, Leonardo, Zinho, Dunga, Mazinho y Mauro Silva. El
equipo entero fue crucial para ganar el título. Romario y yo no
habríamos podido lograr lo que logramos sin la ayuda del resto del
equipo. Y lo mismo se puede decir del resto de la delegación, desde
el utillero hasta el masajista. Todos fueron importantes para que
Brasil volviera a lo más alto del fútbol mundial después de 24 años
de espera.
Brasil llega a todas las Copas Mundiales con la obligación de
ganar. Siempre ha sido así y siempre lo será. Esto implica una gran
responsabilidad, que se siente desde el momento en que te
seleccionan para el equipo. Al llegar a la fase final tuvimos mucha
ansiedad porque Brasil no había ganado hacía ya mucho tiempo. Por
eso, la victoria de 1994 liberó toda la frustración acumulada de
Brasil. Tanto es así, que nuestro triunfo en la quinta Copa Mundial
fue mucho menos estresante. En 1994 luchábamos por volver a ganar
el trofeo después de 24 años, y por eso fue más difícil que otras
veces
Ha dicho que el equipo de 1994 era muy bueno. ¿En qué se
diferenciaba de los equipos de 1990 y 1998?
Bueno, en el equipo de 1990 creo que el seleccionador perdió
un poco el control. Por entonces organizó varias reuniones con el
equipo en las que podíamos dar nuestra opinión sobre qué creíamos
que funcionaría bien y qué no. Como era de esperar, todos pusimos
nuestros propios intereses por delante, y eso no nos ayudó como
equipo. Personalmente, no creo que ese tipo de cosas deban pasar en
un equipo de fútbol. El seleccionador tiene que elegir a los
jugadores: es su decisión y los jugadores la tienen que aceptarla.
En mi caso, llegué al Mundial de 1990 después de haber ganado
en 1989 el premio al Mejor Jugador de Sudamérica. Fui el máximo
goleador de la Copa América 1989 y me consideraron el mejor jugador
de la zona sudamericana en la fase de clasificación para la Copa
Mundial. A pesar de eso, cuando llegó la fase final, el entrenador
me dejó de suplente y decidió que los delanteros titulares fueran
Muller y Careca que, aunque eran dos grandes futbolistas, no se
entendían tan bien como Romario y yo. Aunque yo estaba en el punto
máximo de mi carrera, el entrenador nos dejó de lado a mí y a otros
cuatro jugadores que habíamos ganado un campeonato y que habíamos
jugado juntos durante toda la Copa América y la fase de
clasificación. Así que no fue un buen comienzo, eso seguro.
En nuestro primer partido de esa Copa Mundial, creo que fue
contra Costa Rica [
Nota de la redacción: el de Costa Rica fue el segundo partido
de Brasil, pero Bebeto no jugó en el primero, contra Suecia],
el entrenador sólo me puso cuando faltaban cuatro minutos para el
final. El equipo no estaba jugando bien, ni tampoco los dos
delanteros. En los partidos de entrenamiento demostré que iba
mejorando y al final me llegó la oportunidad contra Escocia.
Lamentablemente, por entonces me había lesionado, así que todo
estaba en las manos de Dios. Romario se había sometido a una
operación hacía poco y no estaba recuperado del todo, así que no
jugó bien contra Escocia. Después, en el partido contra Argentina,
ni siquiera pudo sentarse en el banquillo. Yo tampoco jugué ese
día, y fue entonces cuando nos eliminaron.
En 1998 teníamos un gran equipo. Sin quitar méritos a
Francia, que era un combinado muy potente y jugó muy bien, creo que
las cosas habrían sido completamente distintas si no hubiésemos
tenido el problema de Ronaldo. Todo pasó sólo cuatro horas antes
del partido y desestabilizó a todo el equipo. Mi principal
preocupación era la salud de Ronaldo, porque cualquiera que hubiera
visto cómo estaba habría pensado que se iba a morir. Fue terrible,
todos corriendo de un lado para otro y Edmundo gritando que Ronaldo
se estaba muriendo. Fue una locura y no me gusta recordar esos
momentos. Al principio se decidió que Ronaldo no iba a jugar y se
le envió a que le hicieran pruebas.
Volví a ver a Ronaldo a la hora de la merienda, después de
que sufriera el ataque, y no recordaba nada. Me preguntó qué le
había pasado y sólo le dije que todo estaba bien. Entonces fue a
que le hicieran las pruebas y no participó en la reunión previa al
partido. Sin duda, todo esto afectó mucho al equipo e influyó en
cómo jugamos. Nos marcaron dos goles en jugadas a balón parado, que
es algo que no te puede pasar en una Copa Mundial, y por eso
perdimos el partido.
¿Así que psicológicamente Brasil no habría podido ganar el
partido?
Exacto. Dunga y yo intentamos motivar al resto de los
jugadores, pero el pesimismo se les notaba en la cara. El equipo
entero estaba totalmente abatido.
Ha dicho que ponerse la camiseta de la selección le ha
traído grandes alegrías, pero ¿cuál fue su mayor decepción con el
equipo nacional?
El día más triste de mi carrera profesional fue en 1990,
cuando me lesioné la rodilla. Me desmoralicé mucho porque hasta
entonces había estado jugando muy bien. La lesión de la rodilla fue
el peor momento de mi carrera. Sin embargo, ese momento también me
sirvió de lección, porque creo que podemos aprender mucho de los
malos momentos. Como se sabe, no se nos paga mucho por representar
a Brasil, lo hacemos sólo por el placer de jugar. Ganamos más
dinero cuando nos vamos a jugar a Europa, por ejemplo. Sin embargo,
el equipo de 1990 no estaba muy unido y algunos jugadores querían
cobrar más que otros.
En 1994, cuando el Presidente se reunió con nosotros para
hablar de las primas, le dijimos que no estábamos interesados en
eso. Le explicamos que nuestro principal objetivo era ganar, sin
importar lo que nos dieran. Todos habíamos sacrificado mucho para
llegar a donde estábamos y ninguno de nosotros pensaba en el dinero
ninguna otra cosa: sólo queríamos ganar. En lo único que pensábamos
era en llevar la felicidad a nuestro país. ¡Conseguimos entrar en
la historia del fútbol brasileño y mundial!
¿Qué sintió al levantar el trofeo de la Copa Mundial de la
FIFA en 1994?
Yo fui el primero en alzar la Copa cuando el representante de
la FIFA la trajo al vestuario. Cuando me hicieron la foto, tenía
puesta la camiseta del jugador italiano Baresi. Él me había pedido
que intercambiáramos las camisetas porque su hijo era un gran
seguidor mío. Fue un honor, porque Baresi es uno de los mejores
jugadores que he visto nunca. El partido contra Italia fue muy
duro. Pienso que el espectáculo habría sido mucho mejor si los
italianos hubieran intentado jugar al fútbol, pero se limitaron a
defender. Su objetivo era llevar el partido a la prórroga y a la
tanda de penales, y lo lograron. De todos modos, fuimos nosotros
quienes conquistamos la Copa Mundial por cuarta vez.
Brasil salió al campo decidido a ganar. Romario y yo nos
esforzamos para marcar los goles que necesitábamos y creamos varias
oportunidades que mejoraron la calidad del partido. Recuerdo una
jugada en la que Romario pasó corriendo a mi lado, yo conecté con
Cafú, él envió el balón al área chica entre los defensas italianos,
y Romario envió el remate afuera por muy poco. También participó en
la jugada en la que Mauro Silva disparó a gol y al portero
italiano, Pagliuca, el balón se le escurrió de las manos, pero
golpeó en el poste y no entró.
Viola tuvo otra ocasión, cuando regateó a todo el mundo y
casi marca. Italia disfrutó de una o dos oportunidades, pero
nosotros creamos muchas más. Brasil salió con la intención de
convertirse en campeona del mundo por cuarta vez. A mí me tocaba
lanzar el último en la tanda de penales, pero no hizo falta porque
Roberto Baggio falló su lanzamiento y nosotros ganamos. Fue un
momento de una gran felicidad, y para mí fue muy emocionante
levantar la Copa.
¿Qué se siente al decidir una final de la Copa Mundial de
la FIFA en la tanda de penales después de haber jugado siete
partidos?
Después del partido contra Estados Unidos, me encomendé a
Dios. Estaba seguro de que seríamos campeones por cuarta vez.
Cuando llegamos a la tanda de penales, todos estábamos agotados,
hacía muchísimo calor y nos dolían las piernas, pero yo había
practicado mucho: lanzaba unos 70 penales al día. Yo creo que el
trabajo duro y un buen entrenamiento dan sus frutos, por eso tenía
tanta confianza. Incluso le pedí a seleccionador Parreira que me
dejara lanzar el primer penal, pero me dijo que quería que yo me
encargara del último y decisivo penal, porque fallaba muy pocos,
como Marcio Santos. Él falló su penal y yo era el último para
lanzar.
¿Es verdad que si un jugador brasileño gana una final de la
Copa Mundial de la FIFA es un ídolo, pero si pierde se convierte en
un don nadie?
Es verdad. Es impresionante. En Brasil, siempre que jugamos
tenemos que ganar. Acabar segundos significa no conseguir nada. Sin
embargo, para los jugadores, o al menos para mí, ser subcampeones
significa mucho. En las dos Copas Mundiales en la que participé (no
cuento la de 1990 porque me lesioné), llegué a la final.
Lamentablemente, el problema de Ronaldo hizo que tuviéramos
que esperar hasta la próxima edición para ser campeones por quinta
vez.
Yo jugué en Europa durante cinco años y allí las cosas son
diferentes. Para países como Italia, Francia, España, etc.,
terminar segundos es algo importante, pero para los brasileños no
tiene ningún valor. De todos modos, estamos acostumbrados porque
aquí la gente siente una gran pasión por el fútbol.
Cuando tuvo el trofeo en sus manos, ¿notó la sensación de
haber alcanzado lo que se había propuesto lograr en la
vida?
Ése el momento culminante para un futbolista. Además de jugar
en dos Copas Mundiales, participé en los Torneos Olímpicos de
Atlanta y de Seúl. Conquisté el Campeonato Mundial y el de
Sudamérica con la selección juvenil, y fui internacional con Brasil
desde que tenía 17 años. He ganado todo lo que un jugador puede
ganar con el equipo nacional. Siempre doy gracias a Dios por
haberme concedido la oportunidad de compartir esta alegría con los
brasileños, que han sufrido mucho. Creo que Brasil se creció
después de ganar el título en 1994.
He renunciado a muchas cosas importantes en la vida para
llegar a la cima, como el nacimiento de mi hijo y estar cerca de mi
familia. Pasé más de un mes de concentración sin ver a mi familia,
pero si tuviera que hacerlo de nuevo para darle a Brasil ese
título, lo haría. No lamento nada, al contrario: el fútbol me ha
dado a mí y a mi país una gran felicidad y eso no tiene precio.
Si tuviera que quedarse con un trofeo, ¿cuál
elegiría?
Todos los trofeos que he ganado en mi carrera han sido muy
importantes, pero creo que elegiría el primero: el Campeonato
Mundial Juvenil de México 1983. Ése fue el comienzo. Cuando Brasil
ganó la Copa Mundial por cuarta vez, en 1994, Dunga, Jorginho y yo
llevábamos jugando juntos desde aquel Mundial Juvenil de México.
Después de haber pasado tanto tiempo juntos, éramos como hermanos,
y hoy son parte de mi familia: por eso me quedaría con México 83.
El primero siempre es el más difícil, o al menos lo fue para mí,
que venía de Salvador, del equipo Vitoria de Bahía. No es fácil que
un jugador del noreste de Brasil llegue a la selección.
¿Qué siente ahora al tocar el Trofeo de la Copa Mundial de
la FIFA?
Siento mucha emoción cuando lo toco porque me trae muchos
recuerdos. Como he dicho antes, fui el primero que lo tuvo entre
sus manos cuando el representante de la FIFA lo llevó al vestuario.
En aquella Copa Mundial pasaron muchas cosas estupendas, sobre todo
ganarla. Llevamos la felicidad al pueblo brasileño. Nos entrenamos
tanto y le prestamos tanta dedicación que la camiseta de Brasil nos
parecía una segunda piel.
¿Recuerda la reacción de la gente en el aeropuerto cuando
volvieron a Brasil?
Claro que sí. La primera parada era Recife y, cuando
llegamos, nos llevaron a la playa de Boa Viagem. Fue una auténtica
locura. Nuestro avión estaba pintado de amarillo y verde, los
colores de la bandera brasileña, para que todos supieran que
llegábamos. La emoción de la gente al recibirnos era palpable.
Después de aterrizar, nos llevaron por la calle en la parte
superior de un camión de bomberos, y todo el mundo repetía el gesto
que hice de mecer a mi hijo Mateus. Lo recordaré el resto de mi
vida. Fue una sensación increíble.
Bebeto

Bebeto: "La unidad fue la clave para ganar"
Los ganadores

Bebeto
Compadre de Romario en el ataque, con un promedio de 0,5 goles por partido.
Branco
Lateral izquierdo de estilo brasileño. Anotó un gol decisivo ante Holanda en 1994.
Carlos Alberto Parreira
Preparador físico en 1970, entrenador en 1994 y 2006. Aplicó el rigor y la estrategia.

Claudio Taffarel
Arquero con más participaciones en su selección, brillante en la consagración de 1994.

Dunga
Capitán y líder del campeón en 1994, disputó tres Copas Mundiales de la FIFA.

Mario Zagallo
El fútbol personificado. Implicado en la conquista de cuatro Copas Mundiales de la FIFA.

Romario
Goleador imprevisible, de enorme calidad. Formó dupla letal con Bebeto en 1994.
Estadísticas de jugadores »
Campeones Mundiales

Alemania 2006
El plantel capitaneado por Cannavaro conquistó el cuarto título mundial de la historia del fútbol italiano.
Corea/Japón 2002
De la mano de Scolari, la Seleção alcanzó en Asia el soñado Pentacampeonato.

Francia 1998
Los Bleus abrazaron la gloria con una recordada final ante Brasil.
Estados Unidos 1994
En Norteamérica, Brasil cortó una racha de 24 años sin títulos.

Italia 1990
Alemania conquistó en tierra Azzurra su tercera Copa Mundial de la FIFA.
México 1986
Bajo el sol azteca, la Argentina de Diego Maradona volvió a levantar el Trofeo.

España 1982
Pese a una primera fase complicada, la Azzurra conquistó el tricampeonato.
Argentina 1978
Debió esperar 56 años, pero la Albiceleste finalmente pudo festejar ante su público.

Alemania 1974
Ante su gente, los germanos fueron los primeros en alzar el nuevo Trofeo.
Estadísticas de jugadores »
| Rival | GF | GC | TR | A | MNJ |
| Italia | 0 | 0 | 0 | 0 | 120 |
| Suecia | 0 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Países Bajos | 1 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Estados Unidos | 1 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Suecia | 0 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Camerún | 1 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Rusia | 0 | 0 | 0 | 0 | 90 |
| Edición | Posición | PJ | GF | TR | A | MNJ |
| 1998 | Segundo | 7 | 3 | 0 | 0 | 523 |
| 1994 | Ganador | 7 | 3 | 0 | 0 | 660 |
| 1990 | Octavos de final | 1 | 0 | 0 | 0 | 7 |
Partidos
Final 17/07/1994
Brasil 0:0 Italia
Semifinales 13/07/1994
Suecia 0:1 Brasil
Cuartos de final 09/07/1994
Países Bajos 2:3 Brasil
Octavos de final 04/07/1994
Brasil 1:0 Estados Unidos
Partidos de grupo 28/06/1994
Brasil 1:1 Suecia
Partidos de grupo 24/06/1994
Brasil 3:0 Camerún
Partidos de grupo 20/06/1994
Brasil 2:0 Rusia