El Corinthians de Brasil se convirtió en el nuevo campeón de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA al derrotar 1-0 al Chelsea en la gran final disputada el 16 de diciembre en el Estadio Internacional de Yokohama. El tanto decisivo fue obra del peruano Paolo Guerrero, quien otorgó así al Timão el segundo título de su historia.

Ante una multitud de aficionados brasileños, ambos equipos brindaron una primera mitad de ida y vuelta, con un vértigo llamativo para tratarse de una final. Corinthians exhibió su ritmo físico habitual a la hora de cubrir espacios, mientras que el campeón europeo buscó imponer su buen trato de balón. El resultado a esa contraposición de estilos fue un festival de situaciones de riesgo frente a ambas porterías.

Cassio tuvo una actuación destacada bajo los tres palos, donde realizó varias tapadas espectaculares: una sobre la línea ante Gary Cahill, un mano a mano frente a Fernando Torres y una volada a mano cambiada frente a un remate envenenado de Moses. El conjunto de Tite también contó con las propias, ambas en los pies de Emerson. El número 11 remató desviado tras un descuido de Cahill y, minutos más tarde, estrelló el balón en el poste a centro cruzado de Paolo Guerrero.

Ramirez y Frank Lampard intentaron adueñarse de la pelota en el complemento ante un Timão peligroso de contra. Cassio tuvo que lucirse una vez más, ahora para tapar su arco cara a cara con Eden Hazard. Paulinho también exigió a Petr Cech, pero su derechazo se perdió apenas ancho. Todo hacía prever que el que marcara se llevaría la victoria, y así sucedió: un remate de Danilo tapado por la defensa derivó en la cabeza de Guerrero que, al igual que en el debut frente a Al Ahly, incrustó el balón en la red (1-0, 69’).

El tanto de Guerrero, quien honró su apellido en todo el frente de ataque, dejó sin respuestas a los londinenses que, llamativamente, dejaron de asediar a Cassio. Muy por el contrario, fueron los sudamericanos los que se asentaron en el mediocampo y, apoyados por su público, dejaron transcurrir los minutos en campo enemigo.

Sólo hubo tiempo para la expulsión de Cahill y un lucimiento más de Cassio, esta vez en un mano a mano franco ante Fernando Torres. Fue la coronación perfecta para uno de los héroes de la noche, que demostró por qué recibió apenas 4 tantos en toda la Copa Libertadores. El título más anhelado, el que se había negado doce años, volvía nuevamente al único país sudamericano que lo ha besado alguna vez: Brasil.