Hace cuatro años, el entonces capitán del Sao Paulo, Rogerio Ceni, levantó el trofeo de la Copa Libertadores con gesto orgulloso y arrebatado. Sus compañeros de equipo Diego Lugano, Cicinho, Júnior, Mineiro, Josué, Amoroso, Luizao y Souza, entre otros, se turnaron para pasearse con el prestigioso galardón. Souza no ha olvidado aquella sensación y ahora está en situación de revivirla.
A las puertas de la semifinal de la competición de este año, el sueño de Souza sigue siendo viable. Su actual equipo, el Gremio, irrumpió en la ronda de octavos con el mejor registro de la fase de grupos, y a continuación eliminó al San Martín y al Caracas. Sin embargo, sus posibilidades se redujeron significativamente cuando, mediada la segunda mitad del encuentro de vuelta, Fabinho marcó de cabeza el 3-0 del Cruzeiro.
Los del Tricolor Gaúcho se desesperaron. Necesitaban un cabo salvavidas. Souza les lanzó uno: su espléndido y engañoso tiro libre dejó sin chances al portero Fabio y entró curvándose junto al poste izquierdo desde 22 metros. Con ese acierto, el centrocampista ofensivo no sólo consiguió reducir la desventaja de los suyos, sino que logró un tanto decisivo fuera de casa.
"El gol de Souza nos ha dado esperanzas", declaró después el Presidente del Gremio, Duda Kroeff. "Significa que, si ganamos 2-0 en nuestro campo, estaremos en la final de la Libertadores".
Esta noche, el Gremio aspirará justo a eso cuando dé la bienvenida al Cruzeiro en su caldera del Olímpico de Porto Alegre. Y mientras los aficionados gremistas depositan su confianza en la inspiración de su genial número 8, Souza cuenta con ellos a la hora de propulsar al cuadro local hasta la victoria.
Contando con la torcida
"Espero que los seguidores acudan", señaló. "Los necesitamos más que nunca. Ellos son los que pueden marcar la diferencia. El Gremio tiene grandes hinchas y van a ver a un equipo que lo dará todo en el campo".
El entrenador del Gremio, Paulo Autuori, estaba al mando del Sao Paulo durante aquella gloriosa campaña de 2005. Curiosamente también guió al Cruzeiro hasta el título de la Copa Libertadores en 1997. El estratega ha visto a Souza metamorfosearse en uno de los jugadores más brillantes de Brasil. Es cierto que el ágil volante de formidable pierna derecha cosechó sus laureles más notables en 2005 al colgarse la medalla de campeón en el Campeonato Paulista, la Copa Libertadores y la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, pero tampoco se puede discutir que ahora está en su mejor momento.
Entonces rondaba los 25 años, era suplente y jugaba irregularmente, a menudo emplazado en posiciones distintas a la suya. Ahora, a sus 30, es un fijo en el once del Gremio. Es el corazón, es la estrella del grupo.
Souza marcó 5 goles en 11 partidos durante la 50ª edición de la Libertadores y no se pone nervioso ante la perspectiva de saltar al gran escenario. "Ya he pasado por situaciones difíciles en mi vida. Sé lo que es el hambre", explicó. "Un partido con 50.000 personas en el estadio no me hará temblar. Me gusta este tipo de encuentros".
Natural de Maceio, como Mario Zagallo y el defensa madridista Pepe, Souza exhorta a sus compañeros a que en esta batalla rindan la mejor actuación de la temporada. La mira está puesta en emular a los combinados del Gremio que alzaron la Libertadores en 1983 y 1995, así como en asegurar una plaza en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA Emiratos Árabes Unidos 2009. "Tenemos que hacer un partido perfecto", añadió.
"Tiene que ser el partido del año. Tenemos que estrechar el marcaje y no hacer concesiones. No podemos cometer errores. Todos los jugadores tienen que dar lo mejor de sí mismos. Es difícil, pero nada es imposible en fútbol. Demos todo lo que tenemos para que el Gremio se clasifique para la final", reclamó.



