Las arrancadas de Neymar hipnotizan, y desencajan a los adversarios. Sus goles también levantan al público de sus asientos, mientras que los pases de Paulo Henrique Ganso dejan muchas veces atónitos a todos los presentes. Pero, a pesar de todo el talento que derrochan ambos muchachos, y de que ya han saltado a la fama, no sería exagerado decir que el futbolista más querido de Vila Belmiro es el dorsal número 3. Siempre que se habla de Léo, de 1,69 m de altura y 35 años de edad, los aficionados del Santos se rinden a sus pies, y es que sienten auténtica pasión por él.

Hagamos un poco de historia. En la conquista del Campeonato Paulista contra el Corinthians, el pasado domingo, el lateral izquierdo salió del campo entre vítores y aplausos de las gradas. Era como si el estadio se hubiese parado para reverenciarlo, una atención plena que ni siquiera se brindó a Elano y a Neymar. En abril, el veterano carrilero ya había ganado una votación realizada en las redes sociales para usar una camiseta número 99 conmemorativa del aniversario del club contra el Ponte Preta, por delante de los dos jóvenes prodigios. Y por segundo año consecutivo, para mayor mérito.

“Me quedé sorprendido, claro. Porque Neymar, Paulo Henrique y Elano son los hombres del momento, que acaparan toda la atención de los medios. Siempre pienso que es lo máximo [ganar una votación de popularidad]. A fin de cuentas, para mí tiene mucho valor. El cariño que siento por estos aficionados es enorme”, afirma a FIFA.com. El homenaje que le brindaron los seguidores el domingo recalcó que es recíproco y verdadero.

Otro papel
El Santos ingresará a la cancha este miércoles contra el Once Caldas, en el partido de vuelta de cuartos de final de la Copa Libertadores, con la posibilidad de jugar por un empate. Sin Ganso, lesionado, sus bazas serán los jugadores del momento —Neymar y Elano—, y también la dedicación del experimentado lateral. En este aspecto, nadie puede cuestionar su entrega, como pudo verse en el segundo choque de octavos contra el América mexicano, cuando soportó los sofocantes minutos finales con dolores musculares y tuvo que permanecer en el campo por la fractura de nariz que sufrió el central Edu Dracena. “Dentro del campo representamos a los aficionados. Es una gran responsabilidad. Los muchachos son el símbolo de la alegría del juego, y yo simbolizo la lucha de la voluntad. Cada jugador significa algo”.

Pero Léo, en este caso, está siendo modesto en cuanto a su técnica: también es un complemento ideal para el toque de balón del Santos en la banda izquierda. En cierto modo, se repite la situación de 2002, cuando formó un tándem temible con un entonces jovencísimo Robinho en el Brasileirão camino del título. En aquel equipo también estaba Elano, y en su alineación figuraban además astros de la talla del mediapunta Diego, el volante Renato y el central Alex. Para Léo es un privilegio asistir de cerca al progreso de dos generaciones históricas para el club que dio a conocer a Pelé y a muchas otras estrellas.

“Ha sido maravilloso vivir todo esto de nuevo. El equipo de 2002 fue inolvidable, ya que terminó con la inexplicable sequía del Santos. Ganó el Brasileirão con un fútbol muy bonito, pero acabó quedándose solo en eso. El de ahora, no: está encandilando, y ya tiene más títulos”.

Y cuantos más trofeos consiga el equipo, mayor será el imponente currículo del lateral, que va camino de alcanzar los 400 partidos con el club. Eso fue un factor importante para que se decidiese a regresar a Brasil en 2009, tras una exitosa etapa en el Benfica. Explica que recibió ofertas del Internacional y el Fluminense, pero que pesó más la identificación que se había creado con el Santos. “La propuesta del Fluminense era muy superior, y renuncié a muchas cosas para volver. Rebajé dos veces mi salario. Era lógico que mi cotización aumentase, pero no me arrepiento de nada, ni siquiera aunque no se hubiesen logrado títulos”.

La historia continúa
El contrato de Léo con el Santos expira al final de este año, pero las negociaciones para renovarlo hasta que termine 2012 ya están “muy adelantadas”. Eventualmente, contempla actuar en el mediocampo en el futuro. “Lo he pensado. En el lateral se sufre un desgaste increíble”.

Y más aún cuando se afronta una serie de encuentros tan dura como la de las últimas semanas. El equipo tuvo que medirse al São Paulo en la semifinal del Paulistão, se cruzó con el América e intercaló la final estatal con el duelo ante el Once Caldas, su verdugo en la Libertadores de 2004, una contienda que Léo asegura conservar en la memoria, pese a los siete años transcurridos. “Es agotador, aunque el domingo ya obtuvimos la recompensa del título. Esperamos hacer un gran partido contra el Once Caldas y pasar”, señala Léo. “Yo trabajo mucho. Siempre procuro estar bien físicamente. En el fútbol, no existe otra manera”, concluye. Lo reconfortante para el lateral, en este caso, es que tanto esfuerzo no hace sino aumentar la admiración de los hinchas.