Los puños en alto, los ojos brillosos y una dicción tan clara como llamativa: “¡Bien cabrones! ¡Bien cabrones!”. La postal de Jonathan Orozco, eufórico tras la victoria 2-0 sobre Al Ahly, grafica el estado de ánimo de todos los jugadores de Monterrey, equipo que se quedó con el tercer y celebrado puesto de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA Japón 2012.

“Me salió una expresión bien típica de los mexicanos, ¿no? Es que estamos muy contentos”, se justificó entre risas para FIFA.com. El portero de 26 años tiene varios motivos para celebrar: no sólo por haber igualado la mejor campaña de un equipo mexicano en la competencia [Necaxa en la edición 2000], sino por haber recompuesto su imagen luego de padecer un gol evitable en su primer compromiso frente a Ulsan Hyundai.

“Me reconforta haber atajado bien hoy, claro. Un error lo comete cualquiera, de hecho en aquel partido me había sentido bien. Pero se me movió el balón, tuve una equivocación y ya. Tenía que levantar cabeza y contra el Chelsea me sentí muy bien, al igual que hoy. Lo más importante es que sirvió para llevarnos el tercer puesto a México, que enaltece a nuestro fútbol y el de CONCACAF”, agrega el portero que, sin quererlo, terminó transformándose en verdugo de Mohamed Aboutrika.

“Me habían dicho que necesitaba un gol más para convertirse en el máximo goleador en la historia del campeonato [lleva 4, igual que Lionel Messi y Denilson], pero intenté no pensar en eso. Al final le tapé varias, ¿verdad?”, recuerda sonrojado.

A la hora del análisis, Orozco no duda: “La más difícil fue la media vuelta en el comienzo del segundo tiempo, apenas la alcancé a ver y pude meter el manotazo. ¿Si le pudiera dejar un mensaje ahora? Pues que lo siento mucho (ríe), pero espero que tenga otra oportunidad próximamente”.  

Decisiones acertadas
Al igual que el mítico Jorge Campos, quien repartiera su carrera entre el arco y la delantera durante la década del noventa, Jonathan Orozco se enfrentó a la misma disyuntiva en su adolescencia. ¿Marcar goles o evitarlos? “Jugaba siempre como delantero y la verdad es que en ese puesto era espectacular. Conociendo lo que piensa un portero, hacía todo para sorprender: chilenas, remates de primera. Era un goleador impresionante”, asevera entre risas.

Sin embargo, a los 14 años, su sueño de vulnerar porteros se cortó abruptamente. “Un entrenador me dijo que ya no existían más Jorge Campos, por lo que tenía que decidir: atajaba o atacaba. Opté por la portería y no me arrepiento para nada”, aclara quien se enamoró del puesto por herencia paterna [su padre, Héctor Orozco, llegó a jugar para los reservas de Monterrey].

Antes de despedirse, este admirador de Ángel David Comizzo y Petr Cech (“el mejor de todos, estoy muy feliz de haberlo enfrentado”) revela las sensaciones de todo el plantel de los Rayados luego de asegurarse un lugar en el podio de la competición: “Estamos muy contentos, de tres partidos sólo perdimos contra el mejor de Europa. ¡Es un buen balance! ¿Si pensamos en volver el año próximo? ¡Claro! En 2011 vinimos a aprender, este año lo hemos hecho mucho mejor y espero que la tercera sea ya la vencida: que vengamos para jugar la final soñada”.