James Pritchett, internacional absoluto neozelandés en cuatro ocasiones, se prepara para disputar su cuarta Copa Mundial de Clubes de la FIFA con el Auckland City. El jugador, de 30 años, está convencido de que la tecnología de línea de meta pionera de la FIFA es el futuro.

“Si la tecnología existe, creo que debería usarse”, explica Pritchett a FIFA.com. “Pero es importante que se aplique de una manera rápida y clara, y que no interrumpa el transcurso del juego. Tan solo podría suponer un problema si hay arranques y paradas que corten continuamente el juego”.

El Auckland City, representante de Oceanía, perdió por 2-0 ante el Kashiwa Reysol en la ronda preliminar el año pasado, aunque podría haber obtenido un resultado mejor si el guardameta Takanori Sugeno no hubiese atajado brillantemente bajo los tres palos un remate de cabeza de Ivan Vicelich.

“Pudimos haber empezado mejor el partido”, recuerda Pritchett. “Estábamos algo nerviosos al comenzar, aunque sabíamos a qué atenernos. Pero nos defendimos bien, aunque quizás pudimos haber presionado bastante más arriba”.

Con todo, Pritchett trata de no pensar demasiado en el pasado, y prefiere centrarse en su compromiso del 6 de diciembre, fecha en que el Auckland se medirá con el Sanfrecce Hiroshima por un puesto en cuartos de final.

“Únicamente hemos tenido una temporada nacional de 14 partidos, y la Liga de Campeones de Oceanía se ha aplazado hasta el inicio del próximo mes de abril, así que eso es algo que debemos intentar superar al jugar este torneo internacional”, afirma.

Influencia familiar
La influencia familiar tanto en el plano personal como el profesional ha dejado su impronta en Pritchett. Su padre, Keith, fue seleccionador de Nueva Zelanda entre 1996 y 1997. El cariño que siente James por el Auckland City también está muy arraigado.

“Esta es mi cuarta Copa Mundial de Clubes de la FIFA, y mi objetivo principal es hacerlo bien por el club, por mí mismo y por mi familia”, indica. “Llevo nueve años disfrutando con el equipo, y he jugado 170 partidos con el Auckland City, así que estoy encantado de seguir mientras mis piernas me lo permitan”.

Pero Pritchett es consciente de que triunfar ante un adversario de la calidad del Sanfrecce Hiroshima representa un reto de envergadura. Acerca de la perspectiva de volver a enfrentarse al Al Ahly, no quiere ir más allá de recordar su última cita ante los campeones egipcios, en 2006. Pritchett y otro veterano, Riki van Steeden, son los únicos integrantes del plantel del Auckland City de 2006 que participarán en esta Copa Mundial de Clubes de la FIFA.

“Me enfrenté al Al Ahly hace seis años, y lo que más recuerdo de aquel encuentro es lo bueno que era Aboutrika. Marcó en un lanzamiento de falta en la segunda parte, y estuvo en todas las jugadas. Pero lo que más nos preocupa es el partido que tenemos ahora por delante, el del Sanfrecce Hiroshima”, dice Pritchett.

El lateral derecho, que disputará el año que viene la temporada de su despedida con el Auckland, tiene claras cuáles son las cualidades que requiere su longevidad. Tras un breve paso por el Aberdeen a las órdenes de Ebbe Skovdahl al principio de su carrera, y de enfundarse luego la camiseta del Cambridge United, Pritchett acabó regresando a Nueva Zelanda para incorporarse al Auckland City, bajo la dirección de Allan Jones. Aun así, el hombre al que Pritchett atribuye una mayor influencia en su carrera es su progenitor.

“Mi padre ha tenido una influencia enorme en mi carrera, así que siempre he sido una persona muy leal, pero nunca pensé en llegar a estar tanto tiempo en el Auckland City”, confiesa Pritchett. “Desde los cuatro o los cinco años, iba a los entrenamientos con mi padre, y siempre estaba dándole patadas a un balón, pero él nunca me ha presionado para que haga nada. Siempre he podido hacer exactamente lo que he querido con mi fútbol. Al ser mi padre un entrenador de alto nivel, la influencia que ha tenido en mi carrera es muy grande”.