El delantero Hisato Sato ha sido esta temporada la punta de lanza del Sanfrecce Hiroshima en la conquista de su primera J.League, de la que fue Bota de Oro. Y ahora está igualmente entusiasmado ante su estreno en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, este jueves.

Sato, de 30 años, ha jugado 31 partidos y marcado cuatro goles con la selección japonesa, pero esta será su primera participación en una Copa Mundial de Clubes de la FIFA, lo que hace más atractiva si cabe para él la perspectiva de actuar en la gran prueba:  “Estoy deseando ver cómo el fútbol del Hiroshima planta cara a equipos de otros países”, declara Sato a FIFA.com. “Quiero prepararme a conciencia, y hacer lo que haga falta para que podamos ganar”.

El primer test
El adversario del Sanfrecce en el partido inaugural será el Auckland City FC, primer equipo que disputa cuatro Copas Mundiales de Clubes de la FIFA. El capitán del conjunto neozelandés es el experimentado defensa Ivan Vicelich, quien no tiene ninguna intención de facilitar las cosas al representante del país organizador. “Estamos en forma, y tenemos previsto llegar al inicio del torneo en nuestras mejores condiciones”, ha dicho el jugador kiwi a FIFA.com.

El Auckland cuenta con una zaga físicamente imponente, que supondrá un reto excepcional para Sato, de 1,70 m. Sin embargo, como demuestra su balance de 22 tantos en 34 encuentros esta temporada, su puntería y su habilidad para situarse en el lugar y en el momento adecuados podrían plantear a su vez no pocos problemas a la formación de Oceanía.

Sato se formó en las filas del JEF United Ichihara, y defendió los colores del Cerezo Osaka y el Vegalta Sendai antes de fichar por su equipo actual, en 2005. Permaneció en el Sanfrecce incluso después del descenso a la segunda división de 2007, y se ha convertido en el rostro del club. Cuando su ex compañero Tadanari Lee, también ariete, se marchó al Southampton inglés en enero, algunos analistas señalaron que quizás el Sanfrecce no tuviese la suficiente potencia de fuego como para aspirar de verdad al título. Sato se encargó de disipar esas dudas al realizar una temporada estelar, en la que a menudo jugó solo en punta, arropado por dos centrocampistas ofensivos.

Las claves niponas
En las proezas anotadoras de Sato ha tenido mucho que ver su compenetración con el mediapunta Yojiro Takahagi, cuya precisión en los pases y su destreza en los disparos lejanos han añadido considerable mordiente al ataque. Sato y Takahagi actuaron en los 34 partidos de los suyos esta temporada, al igual que el guardameta de la selección nacional Shusaku Nishikawa, un arquero de garantías.

En el caso de Takahagi, un aliciente para brillar esta campaña ha sido el deseo de llevar algo de alegría a su ciudad, Iwaki, situada en la prefectura de Fukushima y castigada por el desastre de marzo de 2011. De hecho, la casa de su familia resultó dañada por el tsunami. “Cuando juego, muchas veces pienso en cómo puedo ayudar a la gente de las zonas afectadas por el desastre, y cómo puedo darles ánimo”, confiesa Takahagi, producto de la prestigiosa cantera del Sanfrecce.

Los gemelos Koji y Kazuyuki Morisaki, ambos mediocampistas, son otros canteranos del club. El juego de Koji se caracteriza por su peligro en los lanzamientos de falta y los saques de esquina, que han tenido un gran peso en los logros del Sanfrecce. “Creo que es muy significativo que un pequeño club local como el nuestro haya ganado la liga”, dice, orgulloso de lo que han conseguido.

Los goles de Sato han ocupado muchos titulares, pero la defensa del equipo también desempeñó un papel fundamental. La prensa japonesa se ha deshecho en elogios hacia el entrenador Hajime Moriyasu, antiguo volante defensivo del Sanfrecce y del combinado nacional, en su primer año en el cargo, por mantener el estilo ofensivo que había cultivado su predecesor, Mihailo Petrovic, y añadir solidez a la retaguardia. El equipo recibió un promedio de únicamente un gol por partido durante la temporada, el segundo mejor registro de la J.League en ese apartado.

Es posible que Moriyasu ya haya superado las expectativas al conducir a sus pupilos al título, pero confía en poner ahora la guinda a la temporada en Japón 2012. El mejor resultado de un equipo japonés en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA es una tercera plaza, obtenida por el Urawa Red Diamonds en 2007 y el Gamba Osaka en 2008. Si Moriyasu y sus hombres superan al Auckland City, se medirían con el Al Ahly en cuartos de final. Y, en caso de que venciesen a los egipcios, entonces les aguardaría un duelo de ensueño ante el campeón de Sudamérica, el Corinthians.

Sato, que jugó junto a Moriyasu durante su etapa en el Sendai, espera que esta extraordinaria temporada depare todavía alguna sorpresa más. “Me encantaría poder jugar contra el Chelsea o el Corinthians”, concluye.