¿Qué puede hacer un jugador para mejorar una temporada en la que recibió su primera convocatoria con la selección brasileña y alzó el título de liga con el Corinthians tras vencer una de las competiciones de clubes más disputadas y ganarse el cariño de una de las aficiones más entusiastas?

Paulinho, una de las figuras emergentes del fútbol brasileño, solo esperó para superarse hasta la temporada siguiente, en la que ganó la Copa Libertadores de América, un título que su club nunca había logrado, y entró de lleno en la lista de seleccionables de Mano Menezes.

Esta es la historia de un centrocampista de 24 años, al que le tocó tener paciencia y saber ponderar sus decisiones y que pasó por el este de Europa y por las categorías secundarias de su país antes de que le llegase la gran oportunidad.

“Está claro que resulta muy difícil asimilar todo esto. Ha sido una ascensión muy rápida, también desde el punto de vista individual”, asegura a FIFA.com el jugador corintiano. “Hay que aprovechar este buen momento, pero siempre contando con la ayuda del grupo y trabajando para los compañeros. Debo hacer las cosas bien para seguir ganando títulos y consolidarme en la selección”.

El camino hacia el éxito
Paulinho se considera una persona muy decidida. Cuando apuesta por algo, no se rinde nunca. La primera decisión que tuvo que hacer en su carrera llegó cuando era adolescente y repartía su tiempo entre los equipos de fútbol y de futsal de la Portuguesa. Cuando los horarios de ambas actividades comenzaron a coincidir, el jugador tuvo que decidirse por un camino. Ya sabemos cuál fue su decisión.

Todavía en las categorías de base, el atacante jugó en el Audax, antes de, ya profesional, tomar una decisión drástica y marcharse con 17 años a Vilna, la capital lituana, donde la temporada 2006-2007 jugó 38 partidos con el FC Vilna. El año siguiente cambió Lituania por Polonia y recaló en las filas del LKS Lodz, donde disputó la temporada 2007-2008. “Viví experiencias nuevas. Era muy joven y estaba en una cultura distinta con un fútbol diferente, de más contacto. Tuve que adaptarme. Sin embargo, en 2008 preferí volver a Brasil y probar suerte aquí”.

Aquella fue una decisión clave. Al llegar, Paulinho volvió a jugar en el Audax, lejos todavía de la elite del fútbol brasileño. “Renuncié a Europa y a la posibilidad de ganar más dinero y volví a empezar de cero, pero con mucha confianza en mi trabajo. Gracias a Dios, fui feliz”, relata. En 2008 disputó y ganó la cuarta categoría del estado de São Paulo. En 2009 dio el salto al Bragantino, ya en la Série B, la segunda división nacional, y en la máxima categoría paulista. Había llegado su oportunidad de enfrentarse a los grandes y demostrar su valía, y no la dejó escapar.

Dirección ascendente
En 2010 empezaron a llegar las ofertas, pero Paulinho solo aceptó la del Corinthians, a pesar de que el conjunto blanquinegro ya contaba con muchas opciones para el puesto de centrocampista defensivo, como Elias, Jucilei –dos futbolistas con igual proyección pero con más prestigio– Marcelo Mattos y Ralf, su inseparable compañero en el medio campo en la actualidad. “Lo que más pesó fue la grandeza del club y de la hinchada, que siempre impresiona. Quería jugar en el Corinthians, independientemente de quién estuviese en el equipo”.

Aquella decisión también fue acertada. Apenas llegaba Paulinho al club y Mano Menezes ya lo sometió a una prueba de fuego, al hacerlo debutar en un duelo a cara o cruz contra el Flamengo. El Corinthians acabó cayendo eliminado, pero el centrocampista no dejó de progresar desde entonces.

En 2011, Paulinho se había consolidado como titular indiscutible y formaba con Ralf una de las parejas más fiables de Brasil. Su estilo de juego agresivo y vertical, que despierta el interés de grandes clubes del mercado europeo, resulta fundamental en la idea táctica de Tite. Se trataba de un equipo ordenado y bien preparado, así que los títulos no tardaron en llegar. “El compromiso del grupo para estar siempre luchando por todas las competiciones con humildad y ambición es lo que marca la diferencia”, asegura.

En un equipo así, con dinámica ganadora, el año y el momento de Paulinho difícilmente podrían ser más gratificantes. Querido por la afición, cotizado y alabado por la crítica. No obstante, siempre se puede mejorar, y las posibilidades de hacerlo pasan sin duda por la competición que se disputará dentro de pocas semanas en tierras japonesas. “Todo ha sido muy rápido, pero espero que las cosas continúen por el mismo camino”, concluye.