Los sinceros elogios de los rivales del Real Madrid antes del comienzo de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA representaban más que una señal de respeto hacia el equipo: eran, sobre todo, una especie de presagio de lo que iba a ocurrir en Marruecos. Dentro de la cancha, el gran favorito respondió a las expectativas y se adjudicó el título mundialista –el cuarto trofeo en el año más prolífico de su historia– sin dar opciones a quienes se interpusieron en su camino, haciendo exactamente aquello a lo que había acostumbrado al mundo en los últimos meses. 

El equipo de Carlo Ancelotti era el dominador absoluto de Europa tras conquistar en mayo su décima Liga de Campeones, y su actual serie de 22 victorias consecutivas –la última en la final, contra San Lorenzo (2-0)– lo ha situado en otro nivel. El conjunto merengue había dejado escapar en 2000 la oportunidad de llevar este mismo título al Santiago Bernabéu, y ahora podrá exhibirlo con orgullo en su sala de trofeos. 

“Hemos terminado bien el año, 2014 será inolvidable. Estoy orgulloso de lo que hemos conseguido y contento con nuestras actuaciones. Para mí, el Real Madrid es el mejor equipo del mundo”, señaló Ancelotti, ahora dos veces campeón del mundo (ya lo había sido en 2007 con el Milan), aunque no deja de pensar en el futuro. “Trabajo con un equipo muy eficiente, serio y concentrado, y eso me llena de orgullo. Estaré contento si repetimos este año”.

Y nadie duda que semejante logro está a su alcance. Con un plantel brillante y versátil, ha demostrado su fortaleza incluso cuando su mayor astro se quedó sin ver puerta. Cristiano Ronaldo, máximo realizador madridista de la temporada, no marcó en los encuentros ante el Cruz Azul (4-0) y el Ciclón, pero no por ello dejó de ofrecer espectáculo. Y como prueba de esa polivalencia, uno de quienes asumieron la responsabilidad de perforar la meta contraria fue precisamente un central.

Méritos y récords
Tanto en semifinales como en la final, Sergio Ramos encarriló el triunfo de los suyos gracias a su impresionante impulso y su colocación en el área rival, como ya había hecho al lograr el empate en una acción vibrante en la final de la Liga de Campeones contra el Atlético de Madrid. Y el Balón de Oro adidas recibido al final supuso una justa recompensa al excelente desempeño de este defensa goleador.

“El año ha sido inmejorable y más para mí, contribuyendo con goles en partidos muy importantes. Ha sido mi mejor año a nivel personal y profesional”, aseguró Ramos. “Poco más le puedo pedir a la vida, pero mañana pensaré en seguir ganando. Este equipo puede seguir haciendo cosas importantes y lo vamos a seguir peleando”.

En cuanto a récords, además del Real Madrid –que iguala al Milan como club que más Mundiales y Copas Intercontinentales ha ganado, con cuatro–, varios integrantes del equipo también tenían motivos para celebrarlo por partida doble: Iker Casillas, único superviviente de la frustrada campaña de 2000, ha podido reivindicarse; Toni Kroos, un auténtico león en el mediocampo y autor de las asistencias para Ramos, se ha aupado a lo más alto del mundo por tercera vez en un año; y Cristiano Ronaldo, héroe del Manchester United que ganó en Japón 2008, es ahora uno de los pocos futbolistas que se han proclamado campeones con dos formaciones distintas. Y es poco probable que los increíbles logros de este equipo terminen aquí. 

¿Sin sorpresas?
La victoria en Marruecos ha sido el punto culminante de la gran fase del Real Madrid, y también ha confirmado la reciente hegemonía de los europeos. Se trata del séptimo título en once ediciones de los representantes de la UEFA, que por tercera vez han derrotado a un oponente argentino en la final. El San Lorenzo de los milagros de la Copa Libertadores, de la superación en la semifinal contra el modesto Auckland City (al que venció por 2-1 en la prórroga), no pudo evitar que el resultado de la final respondiese a la lógica, a pesar de mostrar valentía ante un rival que sus propios jugadores habían descrito como “el mejor del mundo”. “Sabíamos que era un partido muy difícil, aunque no nos quedamos lejos. Fueron dos despistes nuestros, y contra este tipo de equipos y de jugadores uno no se puede descuidar”, se lamentó Leandro Romagnoli. 

Y aunque el Real Madrid no tuvo problemas en hacer valer su condición de favorito, la prueba marroquí reservó sorpresas y grandes historias. La mejor de ellas, por supuesto, fue la protagonizada por el Auckland City neozelandés, que tras innumerables participaciones frustradas en el Mundial por fin inscribió su nombre en la historia. Con una evolución increíble respecto a años anteriores, el equipo semiprofesional dirigido por el catalán Ramón Tribulietx superó con maestría a Moghreb de Tetuán y ES Sétif, hizo un alarde de organización y toque de balón contra San Lorenzo y cerró su campaña mediante una tercera plaza por la que nadie hubiera apostado, tras imponerse al Cruz Azul en los penales. 

Y mejor aún, demostró que nada había sido obra del azar. “Estoy orgullosísimo de lo que hemos conseguido. No perdimos ningún partido y hemos merecido este tercer puesto porque hemos sido fantásticos desde el principio hasta el final. Estos jugadores son los verdaderos campeones morales”, destacó Tribulietx. El impacto de esta revolución táctica en un país acostumbrado a un juego más vertical es claro: el Auckland ha sido la revolución de una cita mundialista, y a buen seguro tendrá un recibimiento sin precedentes en su vuelta a casa. Y a partir de ahora nadie lo considerará un adversario asequible en posibles futuras participaciones en el torneo...

Momentos para la historia
Para el Cruz Azul, sin embargo, la sensación era de “vergüenza” por la cuarta posición, como afirmó Christian Giménez. El cuadro mexicano empezó con buen pie el torneo, pero no evitó otra campaña frustrante de unos representantes mexicanos. Por otro lado, protagonizó una de las escenas más destacadas del certamen en su única victoria, sobre Western Sydney Wanderers. Bajo una lluvia torrencial, Hugo Pavone, autor del gol de la remontada en la prórroga, no titubeó a la hora de lanzarse en plancha, orgulloso, en uno de los charcos del empapado césped de Rabat. “Es como cuando jugaba en el pueblo. Cuando hay agua, lo lindo de los festejos es hacerlo así, tirándote en el charco”.

La alegría del atacante fue inversamente proporcional a la decepción del Wanderers. Después de vivir un cuento de hadas en 2014 con el título de la Liga de Campeones asiática, el joven equipo australiano se despidió del Mundial con dos derrotas, a pesar de materializar dos lindos goles en el choque por el quinto puesto: uno de Romeo Castelen y otro de Vitor Saba, en un lanzamiento de falta que recordó al tanto de Ronaldinho en la edición de 2013. Y no sería casualidad: el brasileño, ex del Flamengo, pasó seis meses viendo a su compatriota practicar este tipo de tiros en Río de Janeiro. “Me sirvió para aprender un poco”, bromeó.

En ese mismo encuentro, el ES Sétif dio una de las pocas alegrías a los hinchas africanos al hacerse con el quinto lugar. Abdelmalik Ziaya marcó de un bonito disparo de primeras, mientras que el guardameta Sofiane Khediairia se erigió en héroe de los suyos en la tanda de penales. Al contrario que en 2013, cuando el Raja de Casablanca causó sensación y obtuvo el subcampeonato, en 2014 los representantes del continente no tuvieron nada que celebrar. O quizás sí...

Aunque el Moghreb de Tetuán no llegó a entusiasmar, las gradas de Marrakech se pintaron de blanco y adoptaron al Real Madrid como nuevo equipo local. “El apoyo que hemos recibido ha sido una agradable sorpresa para mí. Nos sentimos como en casa”. Por lo tanto, Carlo Ancelotti y sus hombres únicamente tuvieron una preocupación: devolver ese cariño con el título y espectáculo. Algo un tanto rutinario para esta máquina de ganar merengue.

Datos del torneo
Equipos: 7
Fechas: del 10 al 20 de diciembre de 2014
Final: Real Madrid 2-0 San Lorenzo
Partidos: 8
Goles: 20 (un promedio de 2,5 por partido)
Espectadores totales: 228.021 (un promedio de 28.503)