Al terminar el tiempo reglamentario de la semifinal entre San Lorenzo de Almagro y el Auckland City FC, en la piña azulgrana, aturdida por una prórroga inesperada, había algunas caras de sorpresa y otras de frustración. Era una situación límite, el campeón de la Copa Libertadores no podía perder con un equipo semiprofesional. Pero de la maraña sudada de los de Boedo, surgía una calva con semblante sereno y decidido. Era Juan Mercier, Pichi, el tiempista de un equipo que está ante el mayor reto de su historia: vencer al Real Madrid para ganar la Copa Mundial de Clubes de la FIFA.

“Sabemos que el Real Madrid tiene jugadores de otro mundo, de otro planeta, pero nosotros tenemos lo nuestro y no nos achicamos ante nadie. Por eso fuimos los campeones de América y estamos jugando este torneo. Y sabemos a lo que vinimos”, le dice a FIFA.com el volante central en la previa del gran duelo de Marrakech. Mercier, 34 años casi 35, es definidamente líder espiritual del equipo, condición ratificada por su capitanía cuando no está en cancha Leandro Romagnoli, el símbolo histórico del club.

V de volante
Si cabe, su función es todavía más vital en el juego en sí. Es junto a Néstor Ortigoza el eje posicional y el centro gravitatorio del fútbol del Ciclón. “Nos conocemos desde hace mucho y sabemos de memoria lo que va a hacer el otro. Nos complementamos perfectamente”, cuenta sobre la sociedad que tiene con el 20, compañero también en Argentinos Juniors, ambos basales para el título ganado en el Torneo Clausura 2010. En San Lorenzo, Mercier es el vértice más retrasado del 4-1-4-1 que juega el técnico Edgardo Bauza: roba, ordena, juega, detiene y acelera el tiempo. Corre la cancha en V, como manda el manual.

Llegó al club en 2012 recomendado por Diego Maradona después de una experiencia en el fútbol de Medio Oriente que no fue la más sencilla: jamás se adaptó a un modo tan diferente de ver la vida. No habrá sido por no lucharla: Mercier es otro de los varios jugadores de San Lorenzo que se formaron en las catacumbas del fútbol argentino y llegaron a la élite con edad avanzada, algo cada vez más común en los equipos grandes de primera división del país. Por eso estar en Marruecos, a punto de mirar a los ojos al “mejor equipo del mundo”, es algo único.

“Para mi edad, esto es tocar el cielo con las manos. A uno le ha tocado jugar mucho en el ascenso, llegar a Primera ya de grande. Uno nunca pensaba estar en estas instancias, tener la oportunidad de enfrentar al Real Madrid… no puedo estar más que agradecido al fútbol”, cuenta.

A Marruecos haciendo dedo
En estos días, debe haber repasado muchos momentos de su vida: la rotura de rodilla a los 15 años que le impidió seguir siendo un 9 “picante”, su retiro del fútbol a los 17, ponerse de albañil a los 19 porque se sentía que era “un árbol” en su casa. Su regreso al fútbol en Puerto Nuevo, de la quinta categoría del fútbol argentino. También aquella cosa desesperada de hacer cada día dedo para poder llegar al entrenamiento de Flandria, a 45 kilómetros de su casa. O dormir siete jugadores en una misma habitación concentrando con Platense. Recuerdos que le detalló hace pocos meses a la revista argentina El Gráfico.

Como se dijo, no es el único. “Tenemos muchos jugadores que vienen curtidos de varios tipos de fútbol. Sea del ascenso, de primera. Eso nos ayuda mucho, adentro de la cancha y fuera. Somos un grupo que anda mucho junto, muy unido. Eso es lo que más fuerte nos hace a nosotros”, afirma antes de mandar un mensaje que calza como un guante en la final del sábado: “Cuando tenemos un rival que es mucho más difícil que nosotros sacamos fuerzas de donde podemos y damos el máximo”.

Más alla de las palabras, lo cierto es que este San Lorenzo se hizo fuerte en situaciones difíciles, como las series por Copa Libertadores ante Grêmio y Cruzeiro, definidas en Brasil. Ante el Real Madrid, habrá más de un escalón por salvar con respecto a aquello, pero el semblante de Mercier luce otra vez sereno y decidio: "Cuando suene el pito demostraremos para qué estamos".