Es 2008 y Ramón Tribulietx hace gestos, da indicaciones, machaca con su idea. Paul Gothard lo mira y sólo él sabe qué piensa exactamente, pero sería divertidísimo saberlo. Es inglés, exportero en la League One, un armario de grande, y ese entrenador menudito recién llegado al Auckland City FC desde España le está pidiendo que no sé, que le pase la pelota al ras al central que se abre, que no se le ocurra pegarle de punta p’arriba.

“Me miraban con cara como si estuviera loco, con cara de ‘¿tú quieres que tire el balón aquí?’. ‘Sí, sí, tú tira y que los centrales se abran’”, recuerda hoy a FIFA.com aquel entrenador menudito que en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA Marruecos 2014 se recibió de gigante a la hora de convencer. Con un equipo sin profesionales -el club no paga a ningún jugador-, inmerso en un ecosistema futbolístico 100 por ciento británico, ganó dos partidos y estuvo a un mano a mano errado de eliminar al campeón de la Copa Libertadores jugando como siente: balón al césped, toque, paciencia, rotación. El estilo Barcelona.

“Yo creo en esta manera de jugar, es la con la que me he criado toda la vida. Hemos trabajado durante muchos años para que la gente crea que aunque seamos de Nueva Zelanda podemos tener el balón", dice Tribulietx y no hay ninguna duda que ha logrado que sus jugadores lo hagan: Auckland City tuvo una posesión del 57 por ciento ante San Lorenzo y lo dominó durante largos pasajes de la semifinal, algo imposible de imaginar por nadie seis años atrás.

"Estructuralmente somos muy fuertes. Defendemos muy agresivo y después, cuando tenemos el balón, tenemos las ideas claras. Lo más normal aquí hubiese sido un 4-0, 5-0 para San Lorenzo y no hemos perdido en los 90 minutos y en la prórroga no hemos metido ni un balonazo.  Hemos seguido intentando jugar el balón por abajo y hemos creado situaciones. Tenemos la calidad que tenemos y llegamos hasta donde podemos llegar. Estoy orgullosísimo, estos jugadores son los ganadores morales”.

Persuasión, entrenamientos y video
Es imposible no estarlo. Sólo Tribulietx y sus colaboradores saben exactamente la cantidad de horas invertidas en hacer calar el estilo en un plantel mayoritariamente formateado con un pensamiento diametralmente opuesto. “Muestro muchos vídeos, hago todos entrenamientos dirigidos a la manera en la que queremos jugar, hablo mucho con ellos para convencerlos de que esta es la manera. Si haces el trabajo, tarde o temprano sacas los frutos”.

Para hacerlo, este exentrenador de equipos catalanes de la Segunda B española, formado académicamente por Paco Seirul·lo, referente ineludible de la escuela Barça, no creyó en la necesidad de señalar espejos: “Yo no muestro vídeos de otros equipos, muestro los nuestros. Cojo vídeos nuestros, los corto y se los muestro. Ir a Nueva Zelanda y utilizar videos de un Barça o una selección española puede ser un mal pie de entrada porque ya te están poniendo el sello de ‘¿de qué vas?’ Prefiero demostrarlo a mi manera, en el campo de entrenamiento y en el video. De a poco han ido creyendo en ello”.

Las críticas del mundillo del fútbol neozelandés fueron fuertes hasta hace nada -“yo escuché muchos comentarios diciendo que en Nueva Zelanda no se podía hacer eso porque no tenía esa calidad, sólo intentarlo costó muchísimo”, dice-, pero Tribulietx contó con un sustento fundamental. “El club me apoyó mucho. Es un club de origen croata y están acostumbrados a ver el fútbol de otra manera, no ven tanto el fútbol inglés ni tienen su mentalidad. Entre todos conseguimos que la gente crea”.

Con sólo 42 años, Tribulietx demostró su valía al mundo en el mejor escenario posible. Su agradecimiento al Auckland es infinito, aunque no puede negar que le gustaría hacerse un hueco en Europa."Me gustaría progresar en mi carrera, no te digo que no, pero lo que salga, saldrá".