- Antes de que Gigliotti pateara el penal, todos protestaban, el estadio era una locura y Marcelo respiraba profundo.

Sandra Rossi es la especialista en neurociencia aplicada al deporte que trabaja con el plantel de River Plate y recuerda cada detalle de la escena a la perfección. Tiene sentido que así sea. El penal de Gigliotti es la toma de la Bastilla del River de Gallardo. Que sí, que antes de ese 27 de noviembre de 2014 el equipo había jugado varias fechas del campeonato argentino de manera brillante y por algo estaba también en semifinales de la Copa Sudamericana. Pero el penal de Gigliotti es el asalto fundacional a los libros de historia. Iban 14 segundos de la segunda semifinal continental y el Monumental había cambiado fiesta por tragedia en un pestañeo: otra vez la desgracia contra Boca Juniors, el enemigo, doloroso verdugo en cada duelo de mata o muere que se había jugado a nivel internacional hasta ese momento. El estadio hervía en indignación y fatalismo. Marcelo Barovero respiraba profundo buscando concentración.

“Hace tiempo que uno trata tener en situaciones límites esa lucidez que uno necesita. Aprendí detalles que ayudan y que por suerte podemos tener a mano”, le cuenta el arquero y capitán de River a FIFA.com, reconociendo el trabajo de la doctora ahora y el de Marcelo Márquez, el psicólogo que trabajó con él en su paso por Vélez Sarsfield. En el penal de Gigliotti, Barovero usó lo que aprendió: respiró, se relajó, se concentró. Y con su mano derecha disparó el alarido de no gol más conmovedor que se recuerde en la cancha de River. Él mismo lo dice. Ese manotazo cambió su vida.

“Por lo que marcó para nosotros. Por muchas cosas que veía en la cancha, por los chicos con la camiseta de arquero, esa verde que trascendió (y que usaba esa noche). Pero si no hubiésemos ganado… Es más, si no hubiésemos sido campeones de la Sudamericana después… El tiempo hace que las cosas se pierdan. Nuestro trabajo, si no está respaldado por una victoria, más en este equipo, no se destaca mucho. Eso quedó en la memoria por todo lo que se logró después”.

La Sudamericana 2014 fue el inicio. Llegaron después la Recopa Sudamericana, la Copa Suruga y el mito sudamericano, la Copa Libertadores, hasta ahora el Everest de un arquero que cuando era chico y jugaba en segunda división en Atlético Rafaela se conformaba “con poder vivir de lo que siempre soñé”. Las enseñanzas de referentes como Carlos Goyén, campeón del mundo de clubes en 1984 con Independiente, Ubaldo Fillol, campeón de la Copa Mundial de la FIFA Argentina 1978 o de Alberto Montes, actual preparador de arqueros de River, “un maestro para mí”, le permitieron mejorar en lo técnico, en hacerse gigante dentro de un cuerpo en apariencia frágil para el puesto y “en pensar, en tomar decisiones, en saber que hay 90 minutos y entender los momentos del partido”.

Barcelona, el escalón soñado
Y a partir del crecimiento gradual abandonar aquel objetivo de mínima que tenía en Rafaela: “Se fue dando todo, una cosa atrás de la otra y de menor a mayor. Cada cosa que me tocó, en ese momento era lo máximo. Ojalá siga todo en escalera”. A los 31 años, al arquero “de un temple enorme”, según la visión de Gallardo, le llega el escalón más escarpado que pueda existir: ganarle al FC Barcelona la final de la Copa Mundial de la FIFA Japón 2015.     

“Es el sueño de todo jugador, para mí y para todo el grupo”, asegura y no es sólo frase hecha. Chelo es un líder manso, de voz apenas audible y gestos de seda, pero el miércoles después de ser fundamental para alcanzar la final con tres atajadones ante el Sanfrecce Hiroshima, apretaba puños hacia la hinchada millonaria con un vigor que casi nunca se le vio antes.

“Ese partido había que ganarlo y era complicado. Aparte de lo futbolístico, lo fue más que nada desde lo emocional. Veníamos de una eliminación, la primera de esta era (ante Huracán por la Copa Sudamericana). En el momento que terminó el partido uno tuvo esa emoción de cumplir y de llegar a lo que uno deseaba. Esto es lo más importante que nos toca vivir. Lo vivo así y lo siento así”.

Para no pocos, todo River está ante el partido más importante de los 114 años de vida del club pese a sus 35 Ligas nacionales, tres Libertadores y una Copa Intercontinental, entre otros trofeos. Para algunos también lo era el del penal de Gigliotti. Aquella mañana, Barovero descubrió que si el delantero de Boca corría rápido cruzaba la pelota y si daba pequeños pasitos abría el interior del pie. A la noche respiró en medio del caos y encontró la lucidez para aplicar en segundos lo aprendido. Desde hace mucho tiempo mira y admira al Barça, pero no sabe/no contesta si tiene algún secreto revelado de Messi, Neymar o Suárez. Prefiere sonreír. “La mañana del partido todavía no llegó”.