Cualquier futbolista insistirá en ello: las victorias son algo colectivo. Sin embargo, la forma de celebrarlas y reaccionar ante ellas siempre es algo muy individual. Las emociones dependen de la personalidad, de la sensibilidad y de las experiencias pasadas. Tras su triunfo en la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, cada uno de los jugadores del FC Barcelona vivió de manera diferente el momento en que les fue entregada la medalla de oro.

Para comprender la enorme alegría que desprendía Neymar, tenemos que remontarnos a cuatro años atrás. En diciembre de 2011, el atacante brasileño militaba en el FC Santos, entonces campeón de Sudamérica. El duelo por el título del torneo mundialista de clubes se anunciaba un mano a mano apasionante entre dos jugadores geniales, él y Messi. Pero en lugar de asistir a una contienda reñida, presenciamos una exhibición del cuadro catalán, saldada con un inapelable 4-0 a su favor. El argentino firmó un doblete, y el brasileño no daba crédito. “Han sido muy superiores, muchísimo... Hemos recibido una lección de fútbol”, confesaba entonces a FIFA.com la promesa del Santos, de 19 años.

Una imagen dio la vuelta al mundo: la de Neymar intercambiando unas palabras con Messi y Pep Guardiola. Aunque puede que nunca lleguemos a saber qué se dijeron exactamente, quizás la Pulga aconsejase al brasileño incorporarse cuanto antes a su club. Un año después, Neymar ya era blaugrana, y empezó a sumar un trofeo tras otro con su nuevo equipo. El último hasta la fecha es el conquistado este 20 de diciembre de 2015 en Japón, y tiene sabor a desquite. “Hoy estoy en el otro lado, muy contento de encontrarme aquí, y muy feliz por ser campeón del mundo”, confiesa el internacional auriverde a FIFA.com.

Abstracción y concentración
Su evidente felicidad contrasta con la alegría contenida, o incluso el pudor, que desprendía Javier Mascherano en los pasillos del estadio de Yokohama tras la victoria. No es que el defensor esté de vuelta de todo ni haya saciado su sed de victorias: lo que hace modesto su triunfo es la identidad del adversario. “Esta final era muy difícil para mí, por el equipo que había enfrente”, explica este canterano de River Plate, con el que debutó en 2003. “Es el equipo en el que crecí, en el que nací. Por desgracia, hay situaciones en las que hay que saber abstraerse. He intentado ser lo más profesional posible. No sé si es correcto o no, pero tengo que pensar siempre en el equipo en el que juego”.

La prueba es que cuando los numerosísimos y ruidosos seguidores de los Millonarios lo ovacionaron durante la presentación de los equipos, el defensor del Barcelona optó por permanecer en un segundo plano y contuvo el deseo de devolver el saludo. “Puede que no se haya entendido bien, no pretendía ser una falta de respeto”, asegura. “En cuanto supe que nuestro rival era River, intenté aislarme de todo, concentrarme en lo que tenía que hacer y no pensar en nada más”.

Y lo menos que puede decirse es que lo hizo bien, porque el cuadro argentino se estrelló una y otra vez contra la sólida retaguardia comandada por el ex de River, ante un Claudio Bravo imperioso bajo palos, aunque los catalanes reconocen haber pasado apuros. “A base de entrega y presión, River nos complicó las cosas durante los 35 primeros minutos, hasta que marcamos”, analiza el finalista de la última Copa Mundial de la FIFA™. “No era fácil, porque sabíamos que era un equipo competitivo, y ha alcanzado este nivel gracias a esta forma de jugar”.

¿Los mejores?
Lamentablemente para los argentinos, eso no bastó ante un Barça de las grandes noches, dirigido por un tridente ofensivo tan eficaz como complementario. Lionel Messi asestó el primer golpe, Luis Suárez firmó un doblete y Neymar les facilitó dos asistencias. “No sé si somos el mejor ataque de la historia, pero nos compenetramos y estamos escribiendo nuestra propia historia”. Así responde el capitán de la Seleção a la pregunta que no pueden evitar hacerse todos los aficionados al deporte rey. “Pero marcar más de 150 goles no es cualquier cosa. Desplegamos un buen juego y estamos contentos por todo esto”.

Todos los barcelonistas lo están, como no podía ser de otro modo. “Llegar aquí requiere muchísimo trabajo para alcanzar objetivos importantes, y hemos conseguido poner el mejor broche a este año”, concluye Mascherano, con una moderación comprensible, pero en la que se distingue pese a todo la sonrisa del ganador.