Mientras Leonardo Ponzio esperaba recibir la medalla de subcampeón del mundo de clubes, la transmisión de television apuntó a su rostro. La imagen devolvió ojos rojos de lágrimas contenidas a puro orgullo y una mirada perdida en el infinito, tal vez repasando la jugada del primer tiempo en la que perdió el balón y la contra se transformó en el primer gol del Barcelona.

Un buen rato más tarde, enfilando ya hacia la zona mixta del estadio internacional de Yokohama, la inyección en los ojos todavía era la misma que en el campo. “(Las lágrimas)  son porque cuando perdés una final como esta, las sensaciones son así”, le dice a FIFA.com con la voz dañada. Con casi 34 años, tener tan a mano la gloria de ganar una Copa Mundial de Clubes de la FIFA es algo de ahora o (tal vez) nunca: “Era algo muy importante para mí por el momento de mi carrera. No sé si voy a poder volver a vivir esto”.

Un año y medio atrás, Ponzio tenía un pie y medio fuera de River Plate. No había jugado con Ramón Díaz y su futuro estaba fuera del club. Pero llegó Marcelo Gallardo a la dirección técnica, su presencia se hizo más constante con la larga lesión de Matías Kranevitter y en las semifinales de la Copa Sudamericana 2014 ante Boca Juniors fue el símbolo de la lucha, de la personalidad que necesitaba el equipo para pasar una instancia tan difícil en lo emotivo. También de la presión alta del equipo. Su presencia fue igual de importante durante toda la Copa Libertadores 2015. Fue el gladiador de River.

Con esas armas y la de la experiencia estaba convencido de poder hacerle frente a “uno de los mejores equipos del mundo”. “Era importante enfrentar a este tipo de equipos, a este tipo de jugadores en este momento porque uno podía hacerlo desde la trayectoria, desde la veteranía.  Teníamos nuestro porcentaje de ganar, Había que sacarles la pelota, agarrarlos de contra, hacerles sentir lo nuestro. Por momentos se pudo, en lo colectivo estábamos bien pero después cuando te hacen jugadas que te pueden hacer sólo uno o dos jugadores. Nuestro juego lo mantuvimos hasta que aparecieron en toda su magnitud Messi, Neymar, Suárez y ahí hicieron la diferencia”.

Ganador nato de mentalidad, no era momento para el mediocampista de conformarse con el ciclo brillante que vive el club desde mediados de 2014, con cuatro títulos internacionales conseguidos. “Esto es parte de más de un año logrando cosas, pero esto era lo máximo que podíamos pedir. La situación queda medio incompleta pero tenemos que tomar vacaciones y pensar en lo que viene”.