"Madre mía, no esperábamos un partido con tanto sufrimiento". Era la reacción de Cristiano Ronaldo nada más terminar la final. Resoplaba y se secaba el sudor. Pero con una amplia sonrisa. Al fin y al cabo había logrado su objetivo.

Sin duda, el Kashima Antlers fue un rival inesperado. En todos los sentidos. Sorprendieron metiéndose en la final tras superar a Auckland City, Mamelodi Sundowns y Atlético Nacional. Sorprendieron dándole la vuelta a una final que el Real Madrid tenía de cara en el minuto 9. Y se ganaron la admiración mundial cuando pusieron contra las cuerdas a los merengues que sintieron cierto alivio al verse en la prórroga, porque a punto estuvieron de morder el polvo en los minutos finales.

“Ha sido un partido muy difícil. Hemos tenido un rival muy complicado que ha sabido reaccionar. Son un equipo muy bueno y han demostrado que estaban muy bien físicamente”, alababa el delantero. "Personalmente, me voy muy contento por haber conseguido tres goles”, decía el portugués elegido mejor jugador del partido, luego de anotar el gol que empató el encuentro y los otros dos que le dieron la victoria a los merengues en la prórroga.

“Todos los partidos cuesta ganarlos, pero el Real Madrid siempre da la cara y hemos conseguido lo que queríamos que era ser campeones del mundo y cerrar este año con tres títulos para el club”, continuaba radiante con su medalla dorada al cuello y el Balón de oro Adidas, que lo distinguía como mejor jugador de la competición.

“El fútbol japonés ha demostrado una evolución muy buena. Tienes cosas muy interesantes y me han sorprendido mucho”, decía antes de enfilar hacia los vestuarios.

Y allí, los futbolistas nipones que minutos antes le habían hecho sudar, le esperaban, todavía sin duchar. Querían tomarse una foto con él. El portugués no lo dudó. Después de hacerles el pasillo de honor en la cancha, cuando subieron a recoger su medalla de plata, Cristiano se abrazó con ellos para tomarse una imagen que, para muchos de los jugadores del campeón de la J-League, significaba casi tanto como el respeto mundial conquistado durante su participación en esta Copa Mundial de Clubes de la FIFA.

Ronaldo, que acumula tres títulos de campeón en este torneo, dos conquistados con el Real Madrid y uno con el Manchester United, se marchaba agradecido. Al fin y al cabo, en Japón ponía un broche espléndido a “un año perfecto”. “Un año de ensueño”, calificaba.

Y como última frase antes de volver a casa, advirtió: “Ahora a descansar y a empezar a pensar en los retos que se vienen el año próximo”. La insaciable ambición de un jugador único.