Para la pelea por el bronce, Reinaldo Rueda hizo una importante variación en el once de Atlético Nacional. Sentó a Miguel Borja y dio la titularidad a Alejandro Guerra. Con una misión especial.

“Fue un reto muy importante porque era un posición en la que yo nunca había jugado. Hacer de 9. Entrar al lugar de Borja que es el goleador del equipo no era fácil, pero en el campo nos complementamos bien con Orlando Berrío y eso me facilitó mucho el juego”, explicaba el volante venezolano a FIFA.com tras el partido por el tercer puesto.

Tanto, que Guerra fue un constante incordio para la zaga de Club América y, tras varios intentos, consiguió anotar el segundo gol del partido. “Macnelly y Berrío me armaron una muy buena jugada que pude finalizar. Se lo dediqué a mi esposa que me pidió un gol antes del partido”, explica sobre su celebración.

Confiesa que le costó cumplir las órdenes que le había dado Rueda, por su tendencia natural a regresar al puesto en el que juega habitualmente: “El Profe me pidió que no bajara a buscar mucho el balón al medio, para mantener fijados a los centrales en esa referencia del 9. Por momento me costaba, me salía de mi zona, pero con la aportación de un jugador tan inteligente como Macnelly, me mantuve y salió un buen partido”.

Crimen y castigo
Guerra tuvo en sus botas el 1-3, pero inexplicablemente, cuando estaba solo ante el arquero mexicano Moisés Muñoz, con un posición clara de remate, picó demasiado la pelota y la envió a las nubes. “Lamenté mucho fallar ese balón, hubiera sido mucho más sencillo rematarla al poste, pero se me fue alta”, explica.

Luego llegaría lo peor. Su particular condena. Cuando América logra el empate por medio de Oribe Peralta desde el punto de penal… “Todavía lamenté más mi error porque cae ese penal. Me dio mucha bronca, quería llorar en aquel momento”, confiesa el jugador de 31 años.

Por si fuera poco su abatimiento, el partido se tuvo que decidir en la tanda de penales. “Los penales son una lotería, por más que los practiques. El que más sereno está es el que puede concretar. Y desde afuera se sufre mucho más”, explica. Y él ya estaba fuera. Fue sustituido en el minuto 78 y no podía ayudar a sus compañeros en ese trance, más que con palabras de aliento.

Finalmente, la suerte sonrió al Verdolaga y la numerosa afición presente en las gradas del estadio internacional de Yokohama se lo agradeció a los muchachos. “Este equipo tiene una hinchada impresionante. Sin ellos nunca hubiéramos llegado hasta aquí. Les estamos muy agradecidos. Y yo me siento muy orgulloso de este equipo. Ha sido un año excepcional, y no debemos reprocharnos nada. Podemos terminar el año tranquilos, sabiendo que se hicieron las cosas bien”, sentencia.