“Fue la cima para Internacional. Todo lo que tiene hoy en día este club proviene de aquel logro”. Son palabras de Ceará, uno de los referentes del Internacional de Porto Alegre que, tal día como hoy hace 10 años, le ganó la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA Japón 2006 al FC Barcelona, en el Estadio Internacional de Tokio.

En aquella edición, un Barça encabezado por figuras tan destacadas como Ronaldinho, Deco, Rafa Márquez o Andrés Iniesta aterrizaba en Japón con un solo pronóstico: ganar. En el banquillo mandaba el holandés Frank Rijkaard, quien dotó de una personalidad muy definida a un equipo que recuperó con él la conquista de títulos después de varios años de sequía. En su debut dejaron claras las intenciones: victoria por 4-0 al Club América.

Los aspirantes
“Muchos equipos van al Mundial de Clubes pensando en la final o preocupándose por los equipos europeos”, recordaba el lateral diestro del Inter. Sin embargo, el equipo brasileño tuvo que gastar mucha energía ya en la semifinal, contra el Al Ahli egipcio. Sufrieron, pero superaron al campeón africano, que finalizaría como tercer clasificado, por 1-2.

Europa contra Sudamérica en la final. Los azulgrana buscaban su cuarto título del año, después de conquistar la Liga, la Liga de Campeones y la Supercopa de España. Partían como favoritos. Enfrente, un equipo sin complejos. Nada que perder, mucho que ganar. “No tenían ni idea de nuestro espíritu invencible”, afirmaba Ceará, encargado de marcar en la final a Ronaldinho, que había sido Jugador Mundial los dos años anteriores.

Y ese espíritu se fue apoderando del partido en Tokio. El dominio era del Barça mientras que los brasileños aguardaban el despiste. Ni unos ni otros hacían daño hasta que los Colorados dieron el golpe a ocho minutos del final. Una pelota aérea en media cancha cayó en los pies de Iarley, Balón de Plata del torneo, quien condujo de forma magistral hasta la frontal para servirle en carrera por la izquierda a Adriano. El centrocampista, recién ingresado por el capitán Fernandao, definía en el mano a mano.

El Inter lograba lo impensable. El Barça tuvo que conformarse con los Balones de Oro y Bronce que se llevaron Deco y Ronaldinho, respectivamente.

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