Argentina, primer campeón confederativo
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La Copa FIFA Confederaciones ha deparado escenas inolvidables desde su fundación en 1992. Entre ellas resuenan todavía la campanada de Australia sobre Francia, entonces campeón de Europa y del mundo en 2001, y la victoria de Estados Unidos sobre España hace tres años. También sobresalen partidos como aquél en que Brasil desmanteló a los Socceroos por 6-0 en la final de 1997 con sendas tripletas de Ronaldo y Romario; o bien el triunfo por 4-3 del equipo de México abanderado por Cuauhtémoc Blanco sobre el defensor del título en la siguiente edición; o incluso la remontada épica de la Seleção de Cicinho, Kaká, Ronaldinho y Adriano que venció por 4-1 a la archirrival Argentina en la final de 2005. No podemos olvidar tampoco la gozada de ver los asombrosos serpenteos de Jay Jay Okocha en 1995 ni la irrupción de Denilson en el certamen dos años más tarde con sus bicicletas hipnóticas.

Sin embargo, no hubiéramos podido disfrutar de nada de eso si el experimento inaugural hubiera resultado fallido. El 15 de octubre de 1992, más de 70.000 espectadores acudieron a presenciar cómo la selección anfitriona, Arabia  Saudí, apabullaba por 3-0 a Estados Unidos en el primer partido del torneo de cuatro equipos. El conjunto saudí se topó luego en la final con Argentina, que había goleado por 4-0 a Costa de Marfil con la aportación de un espléndido doblete de Gabriel Batistuta.

Este sábado 20 de octubre, hace exactamente 20 años que los Halcones Verdes y la Albiceleste midieron sus fuerzas en Riad ante 75.000 asistentes para dilucidar el primer campeón de la Copa FIFA Confederaciones.

Gloria para la albiceleste
El juego combinatorio al primer toque de Argentina había hecho estragos en la defensa costamarfileña, y el conjunto sudamericano empleó la misma arma para abrir la primera brecha contra Arabia Saudí en el duelo definitivo. Leonardo Rodríguez encadenó dos paredes sucesivas con su ex compañero de equipo en Vélez Sarsfield Diego Simeone antes de que éste soltara un zapatazo desde el borde del área que se coló junto a la cepa del poste.

Seis minutos más tarde llegó el 2-0: Claudio Caniggia aprovechó un magnífico control orientado dentro del área para, a continuación, asestar el balón en la red rival.

A los 20 minutos de la reanudación, Argentina amplió su renta. Un descarado remate de Batistuta con el exterior del pie fue repelido por el madero y cayó a los pies de Simeone, que amagó el disparo, hizo un recorte hacia el interior para desembarazarse de un contrario y clavó el esférico en el techo interior de la portería desde los seis metros.

Los aficionados saudíes supieron apreciar el espectáculo que se les brindaba y aplaudieron el gol, pero un minuto más tarde el Estadio Internacional del Rey Fahd estalló de júbilo. Saeed Al-Owairan se adueñó de la pelota a 27 metros de la meta argentina y descerrajó un misil de trayectoria inverosímil que obnubiló completamente al guardameta Sergio Goycochea.

El encuentro se saldó con un 3-1, pero los saudíes se consolaron con ese soberbio gol. Al mismo tiempo, los aficionados del resto del mundo pudimos celebrar la instauración de un nuevo certamen: por el enorme interés que despertó y el fútbol de ley desplegado, la Copa FIFA Confederaciones nació para crecer.