Scolari: "Ganar es una obligación"
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Tan solo dos días después de anunciar su vuelta al frente de la selección brasileña, y pasados más de diez años desde su conquista de la Copa Mundial de la FIFA™ en 2002, Luiz Felipe Scolari concedió una entrevista exclusiva a FIFA.com, en la que compartió sus impresiones ante esta primera etapa de su regreso, que culminará en junio con la Copa FIFA Confederaciones.

Incluso para alguien que ha vivido ya tantos momentos grandiosos en su carrera, esta Copa FIFA Confederaciones, su reestreno oficial, aporta un elemento interesante: la selección brasileña disputará un gran torneo en casa. ¿Qué diferencia puede suponer eso?
La diferencia es que al país que organiza un torneo siempre se le exige un poco más, como si necesariamente tuviese la mejor selección y los mejores jugadores, al margen del puesto que ocupe ese equipo en la clasificación global o de los títulos que haya ganado. Entonces, existe un poco más de obligatoriedad de victoria, sobre todo cuando se trata de un Mundial. Ahora bien, creo que las principales selecciones del mundo, como Brasil, en cualquier lugar en el que jueguen serán siempre consideradas equipos que tienen que ganar. Es una obligación, sí, pero una obligación que, para mí, pasa a ser común, normal.

Además, ¿la Copa FIFA Confederaciones tiene una importancia mayor para Brasil, al no estar disputando habitualmente el equipo partidos oficiales en la competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA?
Es muy importante, porque esos partidos son competitivos, y nos permitirán definir uno, dos, tres nombres que después llevaremos o no al Mundial. Recuerdo que, en 2002, la competición que tuve fue la Copa América, donde dirigí una serie de partidos y pude ver quién reaccionaba bien o no, cómo podríamos modificar el sistema y por qué. La Copa Confederaciones es importantísima para nosotros, porque hace dos años y medio, tres, que no afrontamos un torneo muy fuerte que pueda servir de parámetro.

¿Ese “reaccionar bien” al que se refiere incluye también aspectos de fuera de la cancha?
Claro. Porque a veces tenemos una idea, como entrenadores de clubes, pero no convivimos con los jugadores de otros clubes. En la selección, muchas veces se hace la convocatoria y después la convivencia, el trabajo diario, nos lleva a tener una idea diferente. O a ver que el jugador, en realidad, no reúne los requisitos que imaginábamos. Vamos trabajando y diagnosticando eso. A veces, creo que la mayoría de las veces, las sorpresas son para bien, pero hay reacciones y actitudes que nos hacen pensar si vale la pena correr un riesgo.

Por lo tanto, ¿eso hace que sus primeras convocatorias al frente de la selección sean absolutamente fundamentales, como base de análisis?
Probablemente, por lo que tenemos hoy, las primeras convocatorias, de los amistosos y de la Copa Confederaciones, vayan a darnos un porcentaje muy grande de los jugadores que estarán en el Mundial.

Al asumir el cargo, con tantos jugadores a su disposición, ¿usted se imagina cómo quiere ver jugar al equipo, o el proceso consiste en elegir primero a los mejores y después adaptarlos de la mejor forma?
Puedo imaginarlo. Yo tengo un proceso mental de visualizar a los jugadores que podrán ser convocados ya en este primer amistoso, y tengo una idea acerca de su colocación en el campo. También porque serán únicamente dos días de trabajo. Tengo esa idea por lo que estaba observando de los partidos, y ahora se trata de ponerla en práctica, en los dos días de entrenamiento y, después, en el partido, para ver si encaja con lo que tengo pensado o si, en el transcurso de los amistosos y de la Copa Confederaciones, haremos cambios. Recuerdo que, antes del Mundial de 2002, yo nunca había jugado con tres centrales, pero con el tiempo de trabajo y el conocimiento de los jugadores consideré que era fundamental disponer al equipo de aquella forma. Así que ahora tengo una idea. Pero, cuando reciba a todos los jugadores y la ponga en práctica, puede ser que modifique algo también en el aspecto táctico.

A lo largo del último semestre, se ha hablado mucho acerca de la necesidad o no de añadir jugadores más experimentados a la joven generación brasileña. ¿Tiene alguna idea clara a este respecto?
Sí que la tengo. Creo que todavía hay buenos jugadores que podrán, en la medida en que muestren condiciones, ser convocados. Gente que ya tiene un bagaje, una experiencia un poco mayor que futbolistas que tenemos hoy jugando con la selección. Ahora bien, esa mezcla no pasa por un número concreto, de decir que será uno, serán dos, cinco o diez. Si hay un jugador u otro que yo considere que puede ayudar a la selección también con un poco de su experiencia, probablemente lo convoque, para que tengamos una selección un poco más combinada, no solo de jóvenes.

Su pasado victorioso, de campeón del mundo, ¿supone alguna diferencia a la hora de tratar con los jugadores? ¿Es un argumento fuerte para presentar alguna idea?
No sé si es diferente, si el jugador va a estar en condiciones de oír y de entender mejor, o de ser un poco más receptivo. No sé si eso puede marcar diferencias. Naturalmente, en nuestra vida particular, guardamos y acumulamos todas las experiencias que vivimos. Por lo tanto claro que, al transmitir algunas cosas que he vivido —y Parreira también, en tantos Mundiales—, el jugador nos oirá y lo pensará un poco. Y ahí entra en escena una cuestión de personalidad, de la forma en que organizamos esas ideas.

¿Hay algún jugador que, en los últimos años, le haya complicado la vida siendo su adversario y que ahora usted esté especialmente contento de tener a su lado?
Mmm..... Bueno, por dar un nombre, ahí va: Neymar. Listo (risas). Claro. ¡Cómo me hubiera gustado tenerlo en el Palmeiras cuando estaba ahí! Así que es fantástico que esté con nosotros ahora y no en un bando contrario. Es uno de los que podría citar.

Con todo eso, ¿el hecho de que la gran figura de la selección sea hoy un muchacho de 20 años no es motivo de preocupación?
No, porque uno de los grandes ídolos de la selección fue Ronaldo, que brilló con 19, 20 años. Pelé, cuando fue, tenía 17, en aquella época no era una estrella, pero se convirtió en una estrella dentro del Mundial. En fin, eso no es un problema. Por supuesto, se necesita tener mucha personalidad, estar muy centrado. Además, el jugador puede ser un predilecto del cuerpo técnico, pero eso no significa que tenga ascendencia sobre el plantel. Así que se necesita tener un buen entendimiento entre el cuerpo técnico y los jugadores para que todos comprendan la situación. Pero no veo nada negativo en el hecho de que, con 20, 21 años, el jugador sea nuestra gran estrella.

Hablemos, entonces, de los premios individuales de la Gala del Balón de Oro de la FIFA 2012. ¿A quién elegiría entre sus colegas: Vicente del Bosque, Pep Guardiola o José Mourinho?
Elegiría a José Mourinho, porque lo considero uno de los grandes entrenadores del mundo, y porque ha hecho un trabajo excelente desde que empezó en el Porto, luego en el Chelsea, en el Inter de Milán y ahora en el Real Madrid. Por la continuidad de ese trabajo, elegiría a Mourinho.

En un equipo con tantas figuras, como el Real Madrid o la selección, ¿el mérito de un entrenador pasa en gran medida por conseguir mantener a tantas estrellas satisfechas?
Sí. Es uno de los grandes méritos: reunir ese gran número de egos y personalidades y hacer que estén pensando y trabajando de verdad para un solo objetivo, y conseguir que acepten ciertas situaciones que, muchas veces, no benefician a uno o a otro. Ese es el gran mérito de un entrenador, y Mourinho tiene esa condición. Yo lo noto en sus equipos, y noto la implicación de los jugadores con el entrenador, aunque, naturalmente, siempre acabe estallando una u otra situación de conflicto.

Estas situaciones incluso forman parte del proceso de controlar el plantel, ¿no?
Claro. Es parte del proceso. Y, con ello, también es parte de las aptitudes de administración, de la calidad del técnico, hacer que esa persona a la que se dice “no” sepa el porqué del “no”, sepa entender que ese “no” no será eterno, que depende de situaciones.

Pasemos pues al próximo premio: ¿Andrés Iniesta, Lionel Messi o Cristiano Ronaldo?
He visto jugar a todos, claro, pero solo he trabajado con Cristiano, y creo que él, también por la trayectoria que ha tenido en el Manchester United, en la selección portuguesa y en el Real Madrid, merece ese reconocimiento. Yo votaría por él. Ha tenido una secuencia espectacular de cuatro o cinco años, y solo lo ha ganado una vez. Yo lo elegiría. Y también porque, al haber trabajado con él, conozco su dedicación, sé cuánto se implica en su condición física y técnica para mejorar y alcanzar el objetivo de ser el mejor del mundo.

Y a Neymar, a día de hoy, ¿lo ve usted en un nivel similar al de estos jugadores?
Neymar, a partir del año que viene, no deberá estar incluido entre los diez mejores, sino entre los tres. Probablemente esa sea su condición. A Neymar no le hace falta ir a Europa para ser elegido el mejor del mundo. Entre otras cosas, porque el entrenador que tiene hoy en el Santos es una persona que lleva trabajando con él más de un año, y durante ese tiempo hemos observado el cambio de Neymar en cuanto a actitud, posicionamiento en el campo. Muricy ha ayudado y todavía ayuda mucho a Neymar a progresar en el aspecto táctico. No creo que tenga la obligación de ir a Europa para crecer. Quien conoce a Neymar sabe que hace unos dos o tres años que está progresando muy bien, y que probablemente todavía vaya a progresar mucho más.