El extremo Emmanuel Amuneke fue el último jugador nigeriano en patear el balón en la Copa FIFA Confederaciones 1995, aunque la historia no terminó como esperaba....

“Soy igual que cualquier otro futbolista: prefiero que los partidos acaben transcurridos los 90 minutos”, cuenta a FIFA.com mientras recuerda, con tristeza, la pena máxima que falló y provocó que a las Súper Águilas finalizaran cuartos por detrás de México. “Me sentí muy mal, pero los penales son una lotería”.

Amuneke era un torbellino en la banda del ataque de aquella Nigeria plagada de estrellas. Actuaba por la izquierda, y tenía un don para atraer a los defensas rivales hacia él y salvar sus entradas con la soltura del mejor de los toreros. Acto seguido, picaba el balón por encima de sus oponentes y llegaba hasta la línea de fondo.

Un año antes, Amuneke había marcado dos goles en la Copa Mundial de la FIFA™ de Estados Unidos, en la primera participación de Nigeria en la prueba reina. “A veces, un equipo, una generación, surge como por arte de magia”, afirma sobre aquel combinado que asombró al mundo. “Fue nuestra generación de oro. Hubo grandes futbolistas que se quedaron fuera del equipo, porque la competencia por un puesto era feroz”.

Combinando velocidad, potencia, técnica y una improvisación divina, aquellas Súper Águilas de la década de los noventa eran tan imponentes, aportaron semejante soplo de aire fresco al panorama internacional, que muchos pronosticaron que serían la primera selección africana en ganar un Mundial. Cuando aterrizó en Arabia Saudí para disputar la Copa Confederaciones 1995, entonces conocida como la Copa del Rey Fahd, el conjunto africano era el favorito del público.

“En Arabia Saudí nos adoraban”, asegura Amuneke, que militó cuatro temporadas en el FC Barcelona. Sin embargo, sus continuas lesiones de rodilla le impidieron tener continuidad en el club catalán y le llevaron, finalmente, a poner fin a su carrera de manera prematura. “Los hinchas se acordaban de nuestra gran actuación en Estados Unidos 1994, les despertamos la curiosidad. Éramos lo más y, para nosotros, fue otra oportunidad para que aquella gran generación se luciera de nuevo”.

Amuneke anotó el primer gol de Nigeria cuando apenas habían transcurrido cuatro minutos del choque contra Japón, al que acabaron venciendo por 3-0. En el siguiente partido, sólo la mala suerte le impidió batir a una Argentina que tenía en sus filas a Hernán Crespo, Ariel Ortega y Gabriel Batistuta. La Albiceleste pasó a la final gracias a que sumó un gol más que Nigeria en el cómputo global.

El combinado africano tuvo que conformarse con luchar por la tercera plaza con México, en un duelo que acabó con empate a uno después de 120 minutos. Amuneke, siempre seguro desde los once metros, se dirigió a chutar el quinto de su equipo. Todos los lanzamientos anteriores habían acabado en gol. “Alguien tenía que fallar”, dice con media sonrisa. “Y aquel día me tocó a mí”.

El gol de oro en Atlanta
Pero el destino tenía reservado un día de gloria para las Súper Águilas en aquellos fantásticos años noventa. Y la historia terminó con una medalla de oro: los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996 son ya leyenda en la historia del fútbol nigeriano.

Amuneke, cómo no, volvió a estar en el centro de la acción. “En aquel entonces ya era uno de los líderes del equipo”, asegura el exjugador, que ejerce actualmente de seleccionador del combinado nigeriano sub-17. “No viajamos allí aspirando a colgarnos el oro, pero fuimos ganando confianza conforme avanzaba el torneo”.

Aquel conjunto estaba repleto de leyendas nigerianas, nombres que podría recitar de memoria cualquier aficionado al fútbol del país. Al hablar de sus compañeros, la voz de Amuneke se llena de admiración. “Teníamos a Kanu, Okocha, Amokachi, Ikpeba. Y también estaban Taribo West y Uche Okechukwu. ¡Eran tantas figuras, que es casi imposible nombrarlas a todas!”.

Nigeria marcó 12 goles en seis partidos y causó sensación con su fútbol vibrante. Era cuestión de justicia que el último gol del torneo, el tanto decisivo del partido que permitió a las Súper Águilas entrar al fin en los anales del fútbol internacional, fuera obra de Amuneke.

En el minuto 90 de la final contra Argentina, el marcador era de 2-2. Roberto Fabián Ayala sólo pudo detener con falta una jugada endiablada de Amumeke por la banda. Wilson Oruma botó el libre directo y Amuneke, quién si no, evitó la trampa del fuera de juego que urdió la zaga argentina y enganchó una volea que se coló por el segundo palo.

Aquel gol valía, literalmente, su peso en oro, y desató la euforia tanto en la cancha como en las calles de Nigeria. Pese a todo, Amuneke, un hombre que vivió más contratiempos que alegrías a lo largo de su carrera, mantiene una digna perspectiva. “Hay que aceptar las derrotas del mismo modo que las victorias”.