La semana pasada, Cafú pasó 48 intensas horas recorriendo la ciudad de San Petersburgo. Como parte de los actos festivos que marcaron los 100 días para el comienzo del Torneo de Campeones en Rusia, la leyenda brasileña portó el trofeo de la Copa FIFA Confederaciones 2017 hasta el césped del nuevo estadio de San Petersburgo. Y es que Cafú no sólo ganó dos Copas Mundiales de la FIFA™, sino que también conquistó el título de la Copa Confederaciones en el año 1997. Era, por tanto, una persona más que autorizada para llevar el trofeo en sus manos

Durante su visita, Cafú sacó tiempo para dialogar con FIFA.com sobre el inminente festival del fútbol en Rusia, repasar los mejores momentos de su carrera y recordar la experiencia de Brasil a la hora de organizar torneos internacionales de la FIFA.

¿Qué recuerdos guarda de los preparativos de Brasil para la Copa FIFA Confederaciones 2013 y la Copa Mundial de la FIFA 2014? ¿Había mucha expectación?
Nos tomamos muy en serio los preparativos para la Copa Confederaciones. Era importante darnos cuenta de nuestra capacidad para escenificar un evento a tal escala. El país entero estaba entusiasmado. En comparación con el Mundial, en la Copa Confederaciones se emplean menos estadios, pero los recintos que albergaron el torneo en aquella ocasión demostraron estar completamente preparados para la Copa Mundial, y eso nos facilitó las cosas. Además, el certamen también fue importante para nuestro combinado nacional: en la antesala de la Copa Confederaciones, un sector de la afición desconfiaba del equipo. Conquistar el título ayudó a que todo el mundo se uniera en torno a la Seleção.

Usted ya ha visitado Moscú y San Petersburgo en varias ocasiones. ¿Recuerda la primera vez que jugó en Rusia?
¡Hacía frío! Pero yo siempre paso frío en Rusia, así que no fue nada excepcional. Ya había estado antes, sabía lo que me esperaba. Mi primer partido aquí fue un amistoso entre Rusia y Brasil en Moscú, en el año 1996. Fue un buen duelo. No recuerdo todos los detalles, porque ya ha pasado mucho tiempo, pero me acuerdo de que empatamos a dos. Para mí, Rusia es, ante todo, un país con una historia rica e interesante. ¡Lo segundo a lo que lo asocio es el frío!

Brasil ostenta el récord de entorchados en la Copa Confederaciones, pero no competirá en la edición de este año. ¿Quiénes son los favoritos en su ausencia?
Creo que la final será Rusia contra Alemania. Incluyo a Rusia como favorita porque la nación anfitriona siempre rinde extremadamente bien en este tipo de torneos, ante su afición, y se deja llevar por una oleada de optimismo generalizado. El hecho de que algunos hinchas rusos no confíen demasiado en el éxito de su selección en estos momentos no es tan grave. La Copa Confederaciones es la oportunidad perfecta para superar cualquier falta de confianza y demostrar que la Sbornaya firmará un buen papel tanto en la Copa Confederaciones como en la Copa Mundial.

Usted disputó la Copa Confederaciones de Arabia Saudí 1997. ¿Qué recuerda de aquel torneo? Brasil tenía entonces un equipo fenomenal, quizá incluso mejor que el que presentó en algunos Mundiales.
Y por eso la ganamos, ¿no? ¿Cómo no íbamos a ganar con semejantes estrellas en el equipo? De lo que más me acuerdo de aquel torneo es que todos nos afeitamos la cabeza cuando acabó, porque antes del certamen acordamos que lo haríamos si ganábamos. ¡Después íbamos por ahí todos calvos!

Contaban en sus filas con jugadores como Romário, Ronaldo y Rivaldo. ¿Cree que es el mejor tridente ofensivo que ha tenido Brasil?
¡Hemos tenido tantos delanteros increíbles! Es muy difícil compararlos. Todas las selecciones que han ganado el Mundial o la Copa Confederaciones tenían futbolistas excelentes en la línea de ataque. En los 90, esos tres eran los mejores, por supuesto.

Usted conserva el récord de mayor número de internacionalidades con Brasil, y con diferencia. ¿Cómo consiguió algo así en una selección donde la competencia por un puesto es, seguramente, la mayor del planeta?
Creo que porque nadie ha jugado más tiempo que yo con Brasil... ¡16 años! Esto se debió fundamentalmente a mi fuerza de voluntad, mi devoción por el fútbol y al esfuerzo que hice durante todo ese periodo.

Los dos mayores triunfos de su carrera fueron los Mundiales de 1994 y 2002. ¿Qué recuerda de aquellas finales?
Ambas fueron muy emotivas, pero, al mismo tiempo, completamente distintas en cuanto a la responsabilidad que tenía. La final de la Copa Mundial de la FIFA 1994 fue mi primera. Era joven, y fue la primera vez que pude sostener en mis manos el trofeo más importante al que aspira un futbolista. Estaba preparado para aquello, había trabajado mucho, pero empecé el partido en el banquillo. En 2002, sin embargo, ya tuve la enorme responsabilidad de capitanear a mi equipo hasta la final. Sentí nervios en ambas, pero fueron totalmente distintas.

Como capitán, ¿dio una charla a sus compañeros antes de la final contra Alemania?
No les dije nada distinto a lo de otras veces. Habíamos llegado a la final después de ganar nuestros seis partidos. Les dije que tenían que hacer lo de siempre. ¿Para qué cambiar algo que funciona? ¿Por qué actuar de otra manera en una final si has ganado todos los partidos anteriores? Uno puede pensar que, como es una final, hay que decir algo especial para motivar a todo el mundo, pero ¿cómo no iban a estar motivados si habían llegado a la final?

Parece poco probable que alguien bata su récord de internacionalidades en el futuro próximo. Sin embargo, el récord de goles de Pelé sí podría estar en peligro. ¿Será Neymar capaz de arrebatárselo?
Todos los récords están para batirlos. Neymar reúne las condiciones necesarias: es joven y el tiempo corre a su favor. Si sigue jugando como lo está haciendo ahora, tendrá muchas posibilidades de lograrlo.

Para finalizar, ¿qué consejos les daría a los organizadores de la Copa Confederaciones y la Copa Mundial de Rusia, así como a la afición local, para que ambos torneos sean incluso mejores que en Brasil?
Lo más importante, por encima de todo, es creer. Que crean más en ellos mismos, en su selección y en sus opciones de victoria. Creer que Rusia puede albergar torneos al más alto nivel. Lo principal es creer y, a partir de ahí, todo saldrá bien.