• Estados Unidos 1994 fue la primera Copa Mundial de la FIFA en 44 años para Bolivia, que también disputó la Copa FIFA Confederaciones 1999
  • La selección boliviana no ganó partido alguno en los mencionados certámenes, aunque logró tres empates (uno en Estados Unidos 1994 y dos en México 1999)
  • La Academia Tahuichi Aguilera desempeñó un papel fundamental y fue nominada para el Premio Nobel de la Paz en seis ocasiones 

En 1994, Bolivia sorprendió a propios y extraños cuando logró el billete para su primera Copa Mundial de la FIFA en 44 años. “Sin embargo, aquello no ocurrió de un día para otro”, asegura el exdelantero Jaime Moreno, uno de los jugadores clave de aquella generación de oro boliviana que también disputó la Copa FIFA Confederaciones 1999. “Hicieron falta 15 años para que aquel equipo y todos sus logros fuesen una realidad”, añade.

Junto con otros jóvenes talentos bolivianos, Moreno, Marco El Diablo Etcheverry, Erwin Sánchez y Luis Cristaldo irrumpieron en la escena futbolística internacional en la década de 1990. Todos ellos eran producto de la legendaria Academia Tahuichi, que había abierto sus puertas en el interior de Bolivia en 1978 con el objetivo de contrarrestar la pobreza y dar una oportunidad a los hijos más pobres del país andino a través del fútbol.

“Aquellos años, y todo lo que rodeaba a Tahuichi, resultaron fundamentales para mí y para todos los que teníamos algo que ver con el fútbol boliviano”, confiesa Moreno, que vistió en 75 ocasiones la camiseta de Los Altiplánicos. “Todo lo que conseguimos llegó gracias a lo que aprendimos allí”, explica.

Moreno y los demás integrantes de la llamada generación de oro jugaron, vivieron y soñaron juntos desde los primeros años de la adolescencia hasta convertirse en la columna vertebral de una selección boliviana imbatible en La Paz que alcanzó la final de la Copa América en 1997 y, aunque de forma efímera, se labró un nombre en el panorama futbolístico internacional. “Cuando estábamos en la Academia Tahuichi viajábamos por toda Europa y Estados Unidos”, revela un Moreno que alcanzó el estatus de leyenda en la Major League Soccer estadounidense con la camiseta del DC United, un club donde compartió vestuario con su paisano Etcheverry, que también se formó en Tahuichi. “Juntos aprendimos a ganar y a ser mejores y más grandes de lo que nunca hubiéramos imaginado”, recuerda.

Premios Nobel y elite internacional
Que una escuela de fútbol sea nominada para el Premio Nobel de la Paz no es algo que ocurra todos los días, pero Tahuichi disfrutó de ese honor nada menos que en seis ocasiones.

“Teníamos más hambre que la mayoría”, rememora Moreno desde su casa en el noreste de Estados Unidos, donde actualmente dirige su propia escuela de fútbol. “Enfrentar situaciones difíciles en la vida te hace más fuerte. Si la cosa se pone fea y no tienes el hambre necesaria, lo más probable es que te rindas. Las cosas pueden resultar fáciles a veces, pero ese no fue el caso de los jugadores que nos formamos en Tahuichi”, explica.

“Lógicamente, el momento más importante del fútbol boliviano fue el Mundial de 1994”, señala Moreno antes de recordar que el combinado andino se quedó a un solo punto de clasificarse para la cita mundialista de 1990. “No obstante, nos hizo falta un período de tiempo largo para llegar a ser un equipo capaz de conseguirlo. En aquella selección había 14 jugadores que llevábamos jugando juntos desde que estábamos en Tahuichi con 14 años”, continúa. “Aquello fue una demostración de lo que puede ocurrir cuando un grupo de futbolistas juegan juntos durante mucho tiempo”, añade.

Si Estados Unidos 1994 supuso el punto álgido de Bolivia a escala internacional, 1999 marcó el final de la generación de oro. Aquellos cinco años supusieron un breve coqueteo con la elite internacional, pero, según Moreno, el sueño fue bonito mientras duró.

“Cualquier competición es importante, y ya solo el hecho de representar a tu país constituye una experiencia difícil de describir con palabras. Formar parte del combinado nacional y disputar una competición global como la Copa Confederaciones fue algo muy ilusionante para nosotros, más si cabe teniendo en cuenta que jugamos en México y en el estadio Azteca. Los ojos de nuestro país estaban puestos sobre nosotros y éramos conscientes de que estábamos siendo protagonistas de algo muy especial”, recuerda.

“Aquellos fueron momentos especiales y es una pena que no hiciésemos un papel mejor, pero nuestra preparación no era la ideal”, reconoce Moreno, que sueña con el día en que su país pueda volver a la elite del fútbol mundial. “En cualquier caso, nunca olvidaré que una vez yo estuve ahí”, concluye.