Cuando Albert Camus, premio Nobel y ex arquero, escribió una de sus frases más célebres (“Todo lo que sé acerca de la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”), lo hizo en un sentido existencial y muy personal. Seguramente, el literato francés no pudo vislumbrar entonces cuánto iba a crecer aquel deporte que tanto amaba, hasta el punto de convertirse en una herramienta muy efectiva para educar e instruir a los niños.

Tanto es así, que el proyecto pionero de una liga sub-15 que arrancó en Malaui en 2015 no se centra únicamente en descubrir nuevos talentos, sino también en educar a toda una generación.

“Sé que es duro decirlo en este momento, pero debemos ser realistas”, declaró Benjamin Kumwenda durante la primera jornada de la temporada inaugural de la Liga en Blantire. “Si de 400 jugadores, dos o tres llegan a la selección absoluta, se podrá considerar un gran éxito desde el punto de vista deportivo, sin duda. Pero, socialmente, ¿qué haces con los otros 398?”, planteó.

“La inmensa mayoría no alcanza el profesionalismo. Ni en Malaui ni en ningún otro lugar del mundo. La diferencia en un país como éste es que tienes que haber ido al colegio para poder salir adelante”, explicó Benjamin Kumwenda, de 45 años, que ejerce como secretario general de la asociación de entrenadores de fútbol de Malaui y es, además, el responsable del equipo del distrito de Ntchisi en la flamante liga juvenil.

Benjamin Kumwenda es, asimismo, uno de los 36 técnicos que completaron un curso impartido por el instructor de la FIFA Dominique Niyonzima a principios de octubre, un mes antes de que empezara la competición. La idea de que cada uno de los 18 equipos contara con un tándem compuesto por dos entrenadores surgió para dar prioridad a la educación: o bien el entrenador principal o su ayudante debía ser profesor, ya fuera de primaria o de secundaria. 

Un paso atrás para dar dos hacia adelante
“Agarré el teléfono y llamé a un buen número de técnicos de nuestro país con licencia de la CAF, incluidos algunos que han trabajado muchos años con equipos de adultos”, recuerda  John Kaputa, director técnico de la Asociación Malauí de Fútbol (FAM) y responsable del proyecto de la liga de fútbol juvenil.

“Les dije que tendrían que dar un paso que a primera vista podría parecer hacia atrás, pero que ayudaría al fútbol malauí a dar un gran paso adelante. Y les expliqué que para lograrlo necesitaría de su experiencia. Todos accedieron, así que seleccionamos a los profesores que trabajarían con ellos. Ahora, los docentes también son entrenadores de fútbol con licencia de la FAM”, continuó.

Los resultados del binomio profesor-entrenador saltan a la vista. Cuando Ernest Mtawali, seleccionador del combinado nacional de Malaui y probablemente el mejor futbolista de la historia del país, visitó el centro técnico de Chiwembe para asistir a la jornada inaugural de la Liga —y buscar un futuro creador de juego para la selección, como él mismo aseguró—, apenas tardó unos segundos en entender el objetivo último de este proyecto.

“¡Fíjate en eso!”, exclamó Mtawali, de 51 años, señalando con entusiasmo a un grupo de chavales del Dedza. Los jóvenes estaban sentados en círculo y prestaban atención a las instrucciones que les daban sus entrenadores en la charla previa al partido. Cada vez que asimilaban un concepto, los 20 muchachos asentían sincronizados, mostrando su respeto.

“A mí, a esa edad, ni se me pasaba por la cabeza intentar comprender los fundamentos del fútbol. Si lo hubiera hecho, tal vez mi carrera habría sido mejor. Estoy convencido de que lo que vemos aquí tiene que ver con la presencia de profesores en el cuerpo técnico de los equipos, porque saben cómo tratar a los chicos y se ganan su respeto. Esto, sumado al compromiso que se les exige de ir al colegio, nos lleva a educar a seres humanos mejores. Y ése es el quid de la cuestión”, remarcó Mtawali, emocionado, mientras admiraba los preparativos del equipo y recordaba la cita de Albert Camus. “Todo se lo debemos al fútbol".