Doce kilómetros no es una distancia muy larga, aunque sí suficiente para darle vueltas a la cabeza. Y más si, como en el caso de Bjoern Kuipers, uno se dirige en bicicleta a arbitrar su primer partido de fútbol. De repente, los metros parecen más largos y las curvas se suceden una detrás de otra. "Estaba muy nervioso", corrobora el holandés al recordar aquel día. Fue en 1989 y Kuipers apenas tenía 16 años.

Unos meses antes, su padre le había animado a que se apuntara a unos cursos de arbitraje después de verlo jugar un partido. "Era de los que se les complicaba la vida a los colegiados. La verdad es que era un auténtico desastre, así que mi padre me aconsejó que me pusiera en la piel de los árbitros", explica Kuipers.

28 años más tarde, aquel futbolista joven y descarado se ha convertido en un árbitro de la FIFA experimentado y sensato. Ahora, Kuipers confía en sus colegas y en sí mismo. "Si no crees en ti mismo y no tienes confianza en tus cualidades, no triunfarás nunca", señala.

En 2014, Kuipers dirigió la final de la Liga de Campeones de la UEFA y, en 2013, la final de la Copa FIFA Confederaciones. Los 82.000 hinchas brasileños que celebraron el triunfo de la Seleção en el estadio Maracaná de Río de Janeiro le brindaron un momento muy especial. "Aquella victoria a un año del Mundial le dio energía al país. Yo sentí esa fuerza sobre el césped y en todas partes. Se me puso la piel de gallina", cuenta el colegiado neerlandés.

En 2014 llegó otro momento muy emotivo para Kuipers, que supo que iba a volver a Brasil cuando se anunció la lista de 25 árbitros del Mundial: "Me acuerdo perfectamente del instante en el que supe de mi nominación. Era una mañana de enero de 2014 y el reloj marcaba exactamente las 8:22". Para entonces, Kuipers —propietario de un supermercado— llevaba ya más de una hora sentado ante su ordenador portátil en su despacho de Oldenzaal, muy atento a la bandeja de entrada de su correo electrónico. Finalmente, llegó el esperado mensaje. Un sueño hecho realidad y la recompensa a su trabajo.

Todo aquel que quiera ser un buen árbitro debe dominar el reglamento, así como tener ganas de aprender, saber tomar decisiones y ser capaz de comunicarlas. Kuipers considera que la fortaleza mental también es necesaria y, con ella, la cualidad de aprender de los errores cometidos. "Cuando pitas un penal injusto, tienes que saber digerirlo. Si, en el siguiente partido, sigues dándole vueltas, volverás a cometer errores, porque el miedo a tomar decisiones te paraliza", subraya. En la cancha, opina, es importante no interpretar ningún papel, sino demostrar personalidad. "De lo contrario, estás perdido", advierte.

Bjoern Kuipers ya no siente los nervios de aquel chico de 16 años en los instantes previos a un partido, pero sigue siendo muy aficionado a montar en bicicleta. Además, no ha perdido ni un ápice de su ambición ni de su afán por aprender, algo que está poniendo de manifiesto en el seminario de arbitraje de la FIFA en Abu Dhabi. "Siempre me ha gustado participar en estos cursos de preparación. Los árbitros somos una gran familia y, de este modo, tenemos la posibilidad de aprender y de desarrollar una identidad colectiva"

Y cada seminario es distinto. Por eso, Kuipers prefiere no comparar ni enumerar los muchos seminarios de este tipo a los que ha asistido. "Yo siempre miro hacia adelante", afirma. Cargado de motivación, Kuipers inicia junto con sus colegas una nueva jornada intensiva de preparación.