Cuando se anuncian las alineaciones de los equipos, los decibelios se disparan en el estadio. Miles de gargantas corean los nombres de los jugadores, y el ambiente en las gradas refleja las ganas de los aficionados por que empiece el partido. Un sorbo de su bebida favorita ayuda a engrasar las cuerdas vocales y los cánticos llevan el delirio al terreno de juego.

En las entrañas del estadio, sin embargo, los gritos de aliento se oyen como a través de un filtro. Como si el césped no estuviera apenas a unos pasillos y puertas de distancia, sino mucho más lejos.

Antes de un partido, la calma es la nota predominante en el vestuario de Sergei Karasev. El colegiado ruso y su equipo arbitral se toman unos minutos para relajarse y concentrarse. Aprovechan para sentarse tranquilamente, respirar hondo y meditar. "Son nuestras costumbres", nos cuenta Karasev en un descanso del seminario de arbitraje de la FIFA que está celebrándose en Abu Dabi.

Entre silbatos y hard rock
Aunque a él, en realidad, le gustan las emociones fuertes. No en vano, Karasev es un apasionado de la música en directo, del hard rock y el heavy metal. En los días de partido, sus auriculares resuenan con melodías eléctricas y canciones potentes. Eso sí, poco antes del pitido inicial, retoma la calma y se concentra plenamente en los siguientes 90 minutos.

"Cuando estoy en la cancha tengo una sensación de responsabilidad", explica Karasev. "Es una sensación que se ha ido acentuando con los años, conforme he ido subiendo de categoría en el arbitraje", añade.

Al fin y al cabo, los colegiados siempre están en el foco y sus actuaciones se analizan minuciosamente. "No es fácil ser árbitro", apunta Karasev. Aunque el ruso, confiesa, no se imagina nada mejor.

La pasión por el fútbol de Sergei Karasev surgió durante la Eurocopa de 1988. Siguió todos los partidos por televisión y, a continuación, decidió apuntarse a una escuela de fútbol. A los 16 años probó suerte como colegiado, y ahora se siente orgulloso de ser un árbitro de la FIFA y de compartir terreno de juego con los mejores futbolistas del planeta.

"Para tener éxito como árbitro has de ser siempre honesto contigo mismo", afirma Karasev. Es consciente de que pueden cometer errores, porque los colegiados también son humanos después de todo. "Lo importante es aprender de esos errores y seguir esforzándote por mejorar", subraya el ruso.

Mientras suda la camiseta a más de 30 grados en Abu Dabi, donde se prepara estos días junto a otros 35 árbitros que podrían ir al Mundial, en su Moscú natal se celebró el sorteo de la fase de grupos de la gran cita del próximo año. Para Karasev, dirigir partidos mundialistas en su país sería un sueño hecho realidad.