• Angoula cuelga las botas para dedicarse al arbitraje
  • Empezó boxeando y, tras pasar por la cárcel, probó en el fútbol
  • "¡La vida es un reto!", dice el exjugador de Bastia, Sochaux y Nîmes

Son muchos los futbolistas profesionales que cuelgan las botas cada final de temporada. El año 2017 no ha sido una excepción, con el adiós de jugadores que han protagonizado carreras absolutamente increíbles: Philipp Lahm, Xabi Alonso, Martín Demichelis, Frank Lampard y Gaël Angoula. Sí, Gaël Angoula.

Aunque este exdefensor, que vistió los colores de Nîmes, Angers y Bastia, tiene un palmarés menos nutrido que el de las estrellas mencionadas, su trayectoria también ha sido extraordinaria: extraordinaria en el sentido de atípica.

Empezó dedicándose al boxeo tailandés, pero fue por el mal camino y pasó por la cárcel en 2003, para luego ir subiendo uno a uno los peldaños que conducían al fútbol profesional. Coronó la cumbre de su carrera en 2012, al competir en la Ligue 1. Se retiró en mayo de 2017, y emprendió una reconversión poco habitual en un futbolista, al optar por el arbitraje. Ahora está escribiendo el sexto capítulo de una historia nada común.

1. El boxeo tailandés
Angoula nació en Le Havre en 1982, y se crió en un barrio con fama de difícil. Le gustaba el fútbol, al que jugaba de vez en cuando, pero en un primer momento destacó en otra disciplina, el boxeo tailandés. “Tuve que dejarlo por las sucesivas lesiones que sufrí en la tibia”, cuenta a FIFA.com. “Al principio no aspiraba a ser futbolista profesional, aunque siempre me había gustado este deporte. Jugaba al ‘fútbol de calle’, con los amigos del barrio. La ambición de ser futbolista surgió con el tiempo, por las circunstancias”.    

2. El paso por la cárcel
Este jugador de origen camerunés no decidió tomar las riendas de su propio destino hasta después de su paso por prisión. “Hubo un periodo en el que era muy influenciable. Toqué fondo”, explica sobre lo que le llevó a estar preso. “Más que de mi entrada en la cárcel, prefiero hablar de la salida. Para mí supuso un nuevo comienzo. Fue en esa época cuando me di cuenta de que el fútbol era una posible vía de escape”. 

3. La reinserción
Jacky Colinet, directivo de un club de la categoría CFA2, le ofreció ayuda cuando cumplió su pena, y así abandonó el barrio. Angoula se reinsertó realizando tareas diversas y variadas en una pequeña entidad, desde trabajos administrativos hasta entrenar a la cantera, pasando por la recogida de desperdicios después de los partidos. Paralelamente, también jugaba, y lo hacía bastante bien.

“Durante mi segundo año en CFA, se presentó la oportunidad de hacer una prueba en el Auxerre. Fue coincidiendo con un partido de competiciones europeas, y me entrené con los jugadores que no habían sido convocados y otros del filial. Era un nivel totalmente distinto, la prueba no fue concluyente, pero no me sentí ridículo”, cuenta. “Pensé que si me entregaba a fondo podría mejorar y alcanzar el nivel que tenía esa gente. Eso me dio un gran impulso. A partir de entonces fui progresando, cambiando de clubes y subiendo categorías, hasta fichar como profesional por el Bastia, de la tercera división”.

4. El fútbol como oficio
En las filas del Bastia, Angoula siguió avanzando. Ascendió a la Ligue 2 y, luego, a la Ligue 1 la temporada siguiente. “¡Fue una locura! Pero mi mejor recuerdo sigue siendo el primer partido de la Ligue 1, en Sochaux. Se me hizo rarísimo estar ahí, en la primera división. Fue entonces cuando me di cuenta del camino que había recorrido”. Disputaría 64 partidos en la élite, primero con la camiseta del conjunto corso y luego en el Angers, entre 2013 y 2016. 

5. La reconversión al arbitraje
Angoula decidió poner fin a su carrera de futbolista a los 35 años, cuando estaba en la Ligue 2 con el Nîmes, para emprender una nueva aventura: el arbitraje. “Había llegado a una edad en la que ya había que ir pensando en la reconversión, aunque todavía tenía contrato con el Nîmes. Allí conocí a un árbitro internacional. Le hice bastantes preguntas, y me interesó”.

“En lo que a mí respecta, en la primera y la segunda división, yo estaba catalogado entre los jugadores ‘de carácter’, los árbitros me ‘gestionaban’ de una manera diferente. Eso me gustó. Los jugadores vemos al árbitro como un simple director de juego. Pero me di cuenta de que era algo más que eso. Hay una verdadera dimensión psicológica. Y también una preparación antes de los partidos, un trabajo de equipo, etc. Me interesé más por el asunto y tuve la suerte de conocer a Sandryk Biton, que me ayudó mucho y me instruyó sobre este oficio”, explica Angoula.

6. Nuevos horizontes
Con la ayuda de Eric Borghini, Presidente de la Comisión Federal de Arbitraje, y de Pascal Garibian, Presidente de la Dirección Nacional de Arbitraje, Angoula pudo dirigir su primer encuentro, en la categoría sub-17, y aprobó el examen teórico en junio. “Me estoy divirtiendo muchísimo. He descubierto un mundo nuevo. No me marco objetivos concretos. Entre el mundo amateur y el mundo profesional la diferencia entre los árbitros es tan grande como entre los futbolistas. He vuelto a empezar un nuevo camino, una nueva lucha. Pero ¿por qué no apuntar a lo más alto? ¡La vida es un reto!”, concluye.