• La legendaria Mia Hamm marcó 158 goles internacionales
  • Jugó 23 partidos de la Copa Mundial Femenina
  • Asegura que Francia será una soberbia anfitriona en 2019

Mientras el mundo del fútbol cuenta los días que faltan para que el 19 de septiembre se presenten en París el emblema oficial y el lema oficial de la Copa Mundial Femenina de la FIFA Francia 2019™, conversamos con las grandes figuras del fútbol femenino sobre la historia, el presente y el futuro del Mundial femenino.

En 18 años de carrera internacional, Mia Hamm lo conquistó todo. Ganó dos Mundiales y dos medallas olímpicas de oro, y fue elegida dos veces Jugadora del Año de la FIFA. Es además una de las pocas futbolistas que ha competido en dos ocasiones en el Mundial en las filas de una selección anfitriona: en 1999 alzó el trofeo ante 90.000 espectadores y, cuatro años después, cayó en semifinales ante una pujante y arrolladora selección de Alemania.

En una entrevista reciente con FIFA.com, Hamm repasa su ilustre carrera y habla con ilusión de la Copa Mundial Femenina de la FIFA Francia 2019™.

Crecimiento: de dos a millones
“La evolución de la Copa Mundial Femenina de 1991 a 2019 ha sido espectacular. Ha ido ganando paulatinamente más relevancia y prestigio, así como una base de seguidores cada vez mayor. Creo que, después de nuestra conquista del título en 1991, nos recibieron solo dos personas cuando llegamos a casa. Una de ellas era de nuestra federación, y otra de la compañía aérea en la que viajábamos. En 2015, en Canadá, millones de personas vieron el Mundial por televisión, y el público llenó los estadios, no solo en la final, sino en todo el país e incluso en los partidos de la fase de grupos. Tengo muchísimas ganas de ver cuántas personas más, cuántos pares de ojos más seguirán el Mundial de 2019”.

Convertirse en país anfitrión: asumir un reto
“Ser anfitrionas de un Mundial es para mí una de las experiencias más estimulantes. No lo viví como una presión adicional, sino como un honor increíble. Lo importante es que la selección francesa no se encierre en sí misma hasta dejar fuera todo lo que la rodea, sino que se cree un espacio seguro cuando salga al campo de entrenamiento o salte al terreno de juego, de manera que no pierdan jamás la unidad ni la concentración. A juzgar por la calidad que atesoran las francesas, estoy segura de que van a aprovechar al máximo esta oportunidad para exhibir su impresionante estilo de juego”.

Les Bleues: los frutos de la inversión
“Me acuerdo bien de las veces que he jugado contra las francesas, y recuerdo la habilidad técnica y la creatividad que tienen. Se notan los años de inversión en los programas de la selección y en la liga nacional, y está claro que estas jugadoras pueden sentar nuevas pautas en la forma de jugar al fútbol. Verlas hoy es una alegría y un honor, porque son un ejemplo del crecimiento continuo del fútbol femenino”.

Estados Unidos 1999: una edición mágica y un punto de inflexión
“En 1999 fuimos capaces de llegar al gran público en Estados Unidos. Vinieron espectadores que no habían visto fútbol en la tele de forma regular o que solo habían visto partidos de fútbol masculino, pero querían formar parte de algo muy especial. Por eso aquel verano fue tan maravilloso. Empezaron a generarse una energía y un impulso increíbles y, de repente, hablaban de nosotras en todos los programas matinales de las cadenas nacionales. Se palpaba el entusiasmo, y no solo el de las jugadoras. Recuerdo el primer partido, contra Dinamarca, y el júbilo y la sensación de haber alcanzado un hito que sentíamos por estar jugando ante 50.000 o 60.000 personas”.

Campeonas: la defensa de la perfección

“Tuve la gran suerte de estar en la final de 2015 y de ver a aquellas mujeres hacer realidad el sueño que todo futbolista persigue. Vi cómo lo conseguían de la forma más contundente [Estados Unidos 5-2 Japón], prácticamente con el fútbol más perfecto que se puede llegar a jugar, y en el momento más apropiado. Después del partido estuve sobre el terreno de juego, y en el ambiente se respiraba una sensación de orgullo tremenda. Me pudo la emoción. Se me llenaron los ojos de lágrimas tan solo de pensar en lo duro que habían trabajado y en cómo habían hecho suyo el papel de embajadoras del fútbol femenino y se habían convertido en todo un ejemplo para el mundo”.