Fútbol femenino

Fatuma Hussein: "El fútbol tiene fuerza para unir a la gente"

(FIFA.com)
Fatuma at a training
© FIFA.com

Fatuma se mueve con desparpajo y determinación por las instalaciones de Soccer Without Borders en Oakland, y deja entrever que conoce al dedillo los entresijos de la organización que quiere romper fronteras sociales a través del fútbol. Las niñas y niños que la saludan alegremente al cruzarse con ella reciben de su parte una sonrisa radiante. Aquí la gente no solo se conoce, también se estima. "Estamos muy unidos", explica a FIFA 1904 orgullosa.

Fatuma es somalí y tiene 20 años. Creció junto a su madre y a sus cinco hermanos en un campo de refugiados en Kenia, un entorno que tiene muy poco en común con la ciudad ubicada en el soleado estado de California en la que ha vivido durante los seis últimos años. "Mi vida ha sido dura, pero no lo sentí así entonces porque no tenía que preocuparme por nada", cuenta recordando sus orígenes.

Su familia pasó 23 años en aquel campamento; Fatuma, los primeros 14 de su existencia. El fútbol entonces no tenía mayor importancia para ella. "Solía jugar con mis hermanos de vez en cuando. Pero tampoco mucho".

Cuando ahora sale a correr por los campos de entrenamiento de Soccer Without Borders, Fatuma ve las cosas de manera muy distinta. El fútbol ha cobrado un lugar preeminente en su vida. "Creo firmemente que el fútbol tiene fuerza para unir a gente de todo el mundo. No hace falta hablar el mismo idioma para poder comunicarse o entenderse en el fútbol".

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Fútbol, ¿por qué no?
Fatuma ha aprendido a amar el fútbol. Cuando llegó a Estados Unidos en 2012, el deporte rey se convirtió en su principal afición, a la que ha estado dedicándose desde entonces con pasión. Es hincha del Real Madrid y no se pierde ningún partido de los merengues. Cuando televisan un encuentro del conjunto español, se queda pegada ante el aparato de principio a fin.

Una vez, mientras estaba sentada en el sofá viendo jugar embelesada a su equipo favorito, se le ocurrió preguntar a su madre si no podría ella jugar también al fútbol. Le habían entrado ganas de imitar las filigranas con las que los madridistas encandilaban a la concurrencia. Su madre replicó: "¿Por qué no? Juega y disfruta".

Al principio de su estancia en Estados Unidos, Fatuma se mostraba tímida, pues había dejado atrás a todos sus amigos en el campamento de Kenia. Y aún no dominaba el idioma. Eso la ponía nerviosa, tanto en la escuela como en el terreno de juego. Sin embargo, su comedimiento no duró mucho. A través del fútbol, pudo desarrollar su personalidad, y no solo aprendió a desenvolverse por sí misma, sino en equipo.

Su entrenador de entonces era Ben Gucciardi, el fundador de Soccer Without Borders. "¿Quieres ser la primera somalí que juega con nosotros?"», le preguntó el mentor. "A eso solo podía contestar que sí", cuenta Fatuma guiñando un ojo.

Y eso que por aquel entonces ella no estaba muy segura de su talento futbolístico. "Le advertí a Ben que yo no era muy buena, pero él me respondió que eso no importaba, que el tema era pasárselo bien jugando juntos", relata Fatuma. "Eso sí que sabía hacerlo muy bien. ¡Jugar al fútbol me encanta!".

En Soccer Without Borders, Fatuma conoció a otras chicas de su edad. Ellas también venían de otros países y tenían su propia historia. Todas hablaban idiomas diferentes, procedían de entornos culturales distintos y profesaban religiones diversas. Pero a todas las unía el hecho de ser inmigrantes. Y el de querer jugar al fútbol.

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Crecer como deportista y como persona
Las chicas han crecido juntas y han aprendido un mantra común. "Daba igual cuántas veces perdiéramos o cayéramos; nunca nos rendíamos ni nos enfadábamos, porque sabíamos que aprenderíamos de los errores y mejoraríamos".

Aquella niña tímida se ha convertido hoy en una joven segura de sí misma, que ha completado con éxito el programa de Soccer Without Borders. El énfasis se pone en el fútbol como vehículo de integración. Pero al mismo tiempo, la organización ayuda a los chavales a aprender el idioma y a asimilar la cultura, y les ofrece apoyo académico. Los graduados, casi la mitad de ellos chicas, aprenden a crecer como personas, no solo como deportistas.

El balance suena muy prometedor: se gradúa el 95% de los participantes, entre ellos Fatuma. Nuestra protagonista ha terminado el ciclo de enseñanza secundaria y ahora se dispone a ir a la universidad. Su mayor deseo es hacerse enfermera y ayudar a los demás.

También tiene la intención de seguir haciendo el bien en Soccer Without Borders. "La organización hace algo extraordinario. Me siento muy agradecida por lo que me han dado, y me gustaría devolvérselo de alguna manera".

Fatuma ayuda ahora en los entrenamientos de las niñas sub-12 y sub-14 y, por ejemplo, se ofrece para transportarlas desde su casa a los campos y viceversa. Ella lo resume así: "El equipo de fútbol es para mí algo más que un equipo. Es como mi familia, es decir, que no tengo solo una familia sino dos".

Al final del entrenamiento, Fatuma recoge los balones, abraza a las jugadoras y se dirige con ellas hacia los vestuarios, irradiando en todas direcciones esa sonrisa inconfundible. Una sonrisa que delata que ha encontrado un compañero fiel que le guía, le inspira y le hace feliz: el fútbol. Con él se está construyendo una nueva vida en la ciudad estadounidense de Oakland.

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