Uno de los mayores honores a los que puede aspirar un futbolista es capitanear a su selección. Si, además, lo hace durante una Copa Mundial de la FIFA™, el mérito es todavía más grande. Pero si encima el jugador es el elegido para lucir el brazalete de capitán del equipo anfitrión en el partido inaugural de la prueba reina, la sensación ya es insuperable.

El alemán Bernd Schneider vio cumplido este sueño, si bien todo ocurrió de manera inesperada. "Recuerdo que Michael Ballack [ndlr: el entonces primer capitán del combinado alemán] no estaba al cien por cien. En un momento dado, los miembros del cuerpo técnico se acercaron a hablar conmigo y me dijeron que yo sería el capitán al día siguiente. Por supuesto, sentí un orgullo tremendo", cuenta Schneider en su entrevista con FIFA.com al rememorar la víspera del comienzo de la Copa Mundial de 2006. Lo que sucedió a continuación fue uno de los grandes momentos de su carrera [4-2 contra Costa Rica] y el inicio del célebre cuento de verano alemán. "Es algo que no olvidaré nunca".

Sin embargo, apenas unas semanas más tarde, el centrocampista comprobó en primera persona la delgada línea que separa la alegría de la decepción. La derrota en semifinales a manos de Italia [0-2 en la prórroga] fue la peor de su vida, sobre todo porque tuvo en sus botas cambiar el sino del partido. "Tuve una buena ocasión para poner por delante al equipo, pero controlé mal el balón", recuerda Schneider, de 41 años, acerca de la jugada que se produjo mediada la primera parte en el estadio mundialista de Dortmund.

Hay otra muesca amarga en su historial: la final perdida contra Brasil en 2002. Pero aun así, Schneider considera que aquella derrota contra la Azzurra, que acabó ciñéndose la corona, fue la más dura. Le parece incluso más dura que la sufrida por la anfitriona Brasil ante Alemania en la pasada Copa Mundial de 2014 [resultado: 1-7]. "Caer contra Italia en 2006 fue incluso peor. En la semifinal del año pasado, el duelo quedó sentenciado muy pronto, aunque, obviamente, duele mucho que te eliminen en la semifinal de un Mundial ante tu público. Nuestro objetivo en 2006 era llegar a la final, pero no pudo ser. De lo que estoy seguro es que perder en la prórroga es mucho peor", afirma.

Schneider confía en que la generación actual de la Mannschaft consiga algún que otro título más, aunque su objetivo más inmediato sea reinventarse. "Klose, Mertesacker, Lahm... Algunos de los puntales de la selección se han ido. Todos ellos tenían una gran calidad y han marcado una era. Ahora toca buscarles sustitutos, y eso llevará un tiempo. Pero si echamos un vistazo al potencial de Alemania y a los jugadores que vienen pisando fuerte, creo que podemos estar tranquilos. Seguro que el equipo luchará por el título en la Eurocopa de 2016. Eso sí, uno siempre necesita una pizca de suerte en los cruces y que el equipo esté en forma en las instancias decisivas. Alemania tiene calidad suficiente para seguir estando ahí arriba", opina.

El mérito de ser segundo
Schneider se consolidó en la élite planetaria cuatro años antes de "su" Copa Mundial en Alemania. En 2002, el centrocampista causó sensación con el Bayer Leverkusen en la Bundesliga y en la Liga de Campeones de la UEFA. "Éramos un equipo pequeño rodeado de gigantes. Por desgracia, al final no logramos dar el gran golpe". Aque año, el Leverkusen fue subcampeón de Liga, Copa y Champions. Había nacido el Vicekusen, un apodo que el club incluso registró legalmente y que a día de hoy todavía le acompaña.

A los tres subcampeonatos con el Bayer le siguió uno más con la selección en la prueba reina de 2002. Alemania alcanzó la final en Corea y Japón, un partido que el propio Schneider califica como el mejor de su carrera. Tras el encuentro contra la Seleção, los medios de comunicación lo bautizaron como el brasileño blanco. "No habría dudado ni un momento en cambiar ese apodo por el título Mundial", asegura.

Además, en la fase final disputada en Asia, Schneider anotó la primera de un total de cuatro dianas con el combinado nacional. "Fue el decisivo 8-0 contra Arabia Saudí. Lo marqué de falta", recuerda Schneider a FIFA.com con un guiño. "La verdad es que marqué muchos goles: de tacón, desde el centro del campo... Algunos incluso llegaron a ser elegidos mejor gol del mes. Guardo todas estas cosas en la memoria, me gusta recordarlas".

Schneider se crió en la antigua RDA, y cosechó sus primeros éxitos en el fútbol con los colores del Carl-Zeiss. Finalmente, en 1998 dio el salto a la Bundesliga de la mano del Eintracht de Fráncfort. Allí se hizo rápidamente con la titularidad, y apenas un año después fichó por el Leverkusen, club en el que disputó más de 260 partidos a lo largo de una década. En 2009 decidió poner punto final a su trayectoria en el fútbol profesional condicionado por una lesión.

"Estoy contento por cómo transcurrió mi carrera. Todo salió bien, viví momentos fantásticos y otros no tan buenos, pero que al fin y al cabo forman parte del deporte. Uno nunca desea terminar por culpa de una lesión, pero no me quedó otra alternativa. Tal vez hubiera jugado un par de temporadas más, pero aún así fueron diez años al máximo nivel. Y eso es para sentirse satisfecho. Lógicamente, también me habría gustado jugar en el extranjero, pero desafortunadamente fue algo que jamás pudo concretarse por alguna u otra razón", señala. A diferencia de otros compañeros suyos, Schneider nunca ha sentido interés por convertirse en entrenador.

Ahora está por ver qué le deparará el futuro. Y a pesar de que en su currículum no figuren títulos, este gran excentrocampista fue durante casi una década uno de los rostros más reconocibles de la selección alemana.