"Siempre he ido de frente y a por todas...".

Esa frase, salida de la boca del propio Thomas Berthold, resume a la perfección los rasgos que hacen de él un personaje único. El ex futbolista alemán, considerado en su día uno de los mejores defensas del mundo, nunca se ha andado con medias tintas, ni en su época como jugador en activo ni en años posteriores. Es un tipo al que le gusta hablar a las claras.

Su juego, además, se adaptaba a la perfección a esta actitud, y con ella consiguió el trofeo más importante del firmamento futbolístico: la Copa Mundial de la FIFA en Italia 1990. "O todo o nada. Lo de contemporizar no iba conmigo. Yo quería ganar, punto. Y se me notaba en los entrenamientos. Era de los que lo daban todo a cada momento", explica Berthold en su entrevista con FIFA.com.

Quizás la explicación haya que buscarla en su ADN: el futbolista nació en el seno de una familia apasionada por el deporte. Su padre, Gunter, había sido saltador de esquí, nadador y, por supuesto, futbolista; su madre, Inge, había practicado el balonmano y la gimnasia; y su hermana Christine fue campeona de hockey de Alemania.

En mal sitio y peor momento
Berthold inauguró su palmarés particular cuando todavía era muy joven: con 15 años cumplidos conquistó el título de liga con los juveniles del Eintracht de Fráncfort, club con el que, a los 18 años de edad, debutó también en la Bundesliga a las órdenes del legendario entrenador Branko Zebec, que veía en su pupilo a un "futbolista extraordinariamente dotado".

En las temporadas que siguieron, Berthold continuó haciendo las cosas a su manera. Ubicado inicialmente en el centro del campo, durante su último año en Fráncfort desempeñó funciones de lateral derecho con considerable proyección ofensiva. En 1987, con sólo 22 años, se convirtió en el internacional alemán más joven en fichar por un equipo italiano: nadie, ni Rummenigge, ni Völler, ni Briegel ni Haller, había osado un paso semejante a tan tierna edad. En Verona, durante las negociación de su contrato, se hizo querer de inmediato gracias a su más que aceptable italiano, que sorprendió a más de uno.

Vegano convencido, Berthold describe hoy los años pasados en el Hellas Verona y posteriormente en el AS Roma como los mejores de su carrera. En cambio, considera un error el regreso a la Bundesliga, esta vez enrolado en las filas del Bayern de Múnich. "Llegué en mal momento al lugar equivocado. Tenía que haberme quedado en Italia".

Tras una serie de problemas con su entrenador, Erich Ribbeck, se le eximió de participar en los entrenamientos, lo que llevó al tesorero del equipo bávaro a considerarlo "el golfista profesional mejor pagado desde Bernhard Langer". Tras dos temporadas decepcionantes en Múnich (1991-1993), Berthold consiguió retomar la senda del éxito en un antiguo rival, el VfB Stuttgart, antes de poner fin a su trayectoria profesional en el fútbol turco.

Una entrevista con consecuencias
Su salida del combinado nacional, con todo, resultó mucho más abrupta. El rocoso defensa concedió en 1994 una entrevista en la que se mostraba muy crítico con la selección, con la que nunca volvería a ir convocado. Esta circunstancia explica que pese a su enorme clase sólo alcanzara 62 internacionalidades. Marcó su único gol con Alemania en un partido de clasificación en la República Checa.

"Fue un buen gol de cabeza a saque de esquina", recuerda con una sonrisa. Aun así, Berthold tiene en su haber 18 partidos en las fases finales de la Copa Mundial de la FIFA y ocupa el décimo lugar en la lista de jugadores con mayor cantidad de partidos disputados en el Mundial.

Entre 1986 y 1994, Berthold disputó tres ediciones de la Copa Mundial de la FIFA, siempre como titular. En la primera llegó hasta la final, y en 1990 se proclamó campeón, precisamente en Italia, el país en cuya liga jugaba. "La final de Roma fue para mí muy especial. En el once inicial teníamos a cinco jugadores enrolados en equipos italianos. Por aquel entonces, la italiana era la liga más potente del mundo, con diferencia".

Pese a que han pasado más de diez años desde su despedida del fútbol profesional, Berthold no ha perdido un ápice de su carácter franco y abierto, como dejó patente en su entrevista con FIFA.com pocos días después de cumplir 50 años. Para él, el equipo alemán campeón en 1990 era mejor que los campeones de 2014: "En 1990, el equipo jugó en bloque de principio a fin, sin fisuras. Supimos imponernos a Holanda, la entonces campeona de Europa, y también a los argentinos, que habían ganado el Mundial anterior".

Talento multidisciplinar
Con el tiempo, Berthold ha hecho las paces con los medios de comunicación y ejerce en la actualidad de columnista y comentarista televisivo. Desde la perspectiva actual, dice, quizá habría hecho algunas cosas de manera diferente, pero no es persona a la que le guste darle vueltas al pasado. "Como jugador prefería tirar por la calle de en medio. Nunca he sido calculador."

Ya sea como implacable zaguero, piloto de carreras, asesor, comentarista o gerente de una inmobiliaria, Berthold se ha regido siempre por la misma máxima: lo imposible no existe. Cuando decide hacer algo, pone en ello todo su empeño. Y pese a que nunca alcanzó la fama de Rudi Völler, Jürgen Klinsmann u otras estrellas de su generación, sus éxitos deportivos resultan innegables.

Berthold nunca hincó la rodilla durante su carrera profesional; expresó su opinión siempre que quiso y  supo hacer frente a cuantos obstáculos encontró en su camino. Quizá eso sea más importante que el reconocimiento que en parte le ha faltado.