Durante décadas, Johnny Warren fue el gran paladín del fútbol australiano, su imagen pública y su voz más resonante. “Cuando esté en el gran campo de fútbol del cielo, quiero que la gente se acuerde de que yo ya lo había dicho”, afirmó Warren meses antes de su fallecimiento, acaecido hace diez años. El Capitán Socceroo, como se le conocía con cariño, se refería al despertar del “gigante dormido” del deporte australiano: el fútbol.

El líder espiritual del juego nos dejó demasiado pronto, a los 61 años de edad. Por esas ironías del destino, el fútbol australiano ha progresado mucho más en los últimos diez años que en las cuatro décadas durante las que Warren promocionaba incansablemente 'su religión' en tierra de infieles. “Soy un misionero del fútbol”, aseguró en una ocasión sobre su empeño de toda una vida.

Justo un año y un día después de su entierro, Australia puso fin a una ausencia de 32 años de la Copa Mundial de la FIFA™ con una victoria en tanda de penales sobre Uruguay en una repesca internacional épica. Para los Socceroos terminaban años de fracasos heroicos, y el fútbol en Australia cambió para siempre. La frase de Warren: “Yo ya lo había dicho” se convirtió casi en un mantra, adornó pancartas y camisetas aquella noche contra Uruguay, y volvió a estar presente el año siguiente en Alemania. La creación de la exitosa A-League, una liga totalmente profesional, y el traslado a la Confederación Asiática de Fútbol también ocurrieron en cuestión de meses. Acababa de producirse un auténtico cambio generacional en un abrir y cerrar de ojos.

Convirtiendo a las masas
Warren jugó en la selección de Australia durante las campañas en los Mundiales de 1970 y 1974, la última como motor de un equipo no profesional que consiguió abrirse paso hasta el máximo escenario internacional. Era un motivador dentro y fuera de los terrenos de juego. “Cuando la gente habla de una persona a la que desearías tener a tu lado en las trincheras, por mi experiencia, esa persona era Johnny”, ha declarado el exdelantero de Australia Ray Baartz a FIFA.com sobre su antiguo compañero de equipo. “Por su técnica y liderazgo, era un placer jugar a su lado”.

Durante años, Warren fue la única figura del fútbol que consiguió abrirse un hueco en la memoria colectiva de una nación aparentemente entusiasmada sólo con otros deportes. Warren era de facto el portavoz del juego, y aceptaba su labor con alegría, pasión y un vigor incansable. Por su devoción, se hizo merecedor de la Orden del Mérito del Centenario de la FIFA en 2004, el único australiano que ha recibido tal galardón.

Warren se forjó una exitosa carrera en televisión como comentarista, el primero al que los medios acudían en las raras ocasiones en las que se interesaban por el fútbol. Él no dudaba entonces en dejar buena prueba de su pasión. En 1997 se echó a llorar en un programa de la televisión nacional tras la dolorosa derrota contra Irán por la regla de los goles anotados a domicilio, justo cuando Australia tocaba la clasificación para el Mundial con la punta de los dedos. “Deseaba ardientemente el éxito del fútbol”, afirma Baartz. “La pasión de Johnny y su amor por el juego te atrapaban”.

El legado de un ídolo
El nombre de Warren cruzó fronteras como el de ninguno de sus paisanos. Entre sus amistades se encontraban grandes personalidades como Pelé o Bobby Charlton. En sus últimos años de vida, Warren se apasionó por Brasil en cuanto país y por su tradicional jogo bonito.

Actualmente, la influencia del exjugador se deja sentir todavía en la comunidad futbolística de Australia, que sigue considerándolo un gran héroe. Innumerables figuras de la selección nacional, pasadas y presentes, describen a Warren como su ídolo del fútbol y su inspiración. Este fin de semana, en todos los partidos de la A-League se celebrará un minuto de aplausos, y en el primer partido de la jornada se aplaudirá además en el minuto 74, en honor a Warren y a la histórica clasificación de la nación para su primer Mundial.

El legado del Capitán Socceroo se mantiene vivo a través de la Fundación de Fútbol Johnny Warren, una organización que continúa con la que fue su misión principal: promocionar el fútbol y su cultura en el interior de Australia.

Además, el legado de Warren sigue viviendo en el mero hecho de que el fútbol australiano esté por fin desarrollándose al rimo que él hubiera deseado. El notable logro del Western Sydney Wanderers, primer equipo del país en conquistar el título de campeón de Asia, da fe de ello. A Warren, con su famoso sentido del humor, le habría encantado el hecho de que el Wanderers vista de rojo y negro, al más puro estilo del Flamengo.

“Me entristece que Johnny no se encuentre entre nosotros para disfrutar del desarrollo del juego y de las cotas que ha alcanzado recientemente”, comenta Baartz. “Johnny tuvo la lucidez de comprender el auténtico potencial del fútbol australiano. Johnny nos machacó a todos con esa idea constantemente. Pensábamos que se engañaba, pero tenía razón y nosotros éramos los equivocados”.