Los Leones de la Teranga, los Leones Indomables, los Three Lions, los Leones del Atlas, los Leones de Persia… El rey de los animales da origen a muchos apodos en el mundo del fútbol. En Bélgica, el exdefensa internacional Eric Gerets recibió también este sobrenombre: León de Rekem. Merecido por su estatura (1,88 m), potencia, autoridad natural, melena rubia, carisma y combatividad.

Pero Jan Ceulemans, una auténtica leyenda del fútbol belga, también es Caje (que se pronuncia igual que “jaula” en francés). Algunos lo llamaban también Capitán Coraje o Sterke Jan (“Jan el fuerte”), pero “Caje es el apodo más simbólico”, explica él mismo en declaraciones a FIFA.com. “Mis abuelos tenían un bar llamado ‘Kazzelo’, y los clientes solían decir ‘vamos a beber una copa al Kazze’. Kazze se convirtió en Caje a raíz de un juego de palabras de un periodista que vino a entrevistarme al principio de mi carrera. Y a día de hoy la mayoría de la gente sigue llamándome así”.

Ese apodo pone de relieve el gran apego de Jan Ceulemans a sus raíces. El excentrocampista ofensivo, nacido en Lier en 1957, jugó en su país durante toda su carrera. Únicamente vistió los colores de dos clubes, el Lierse SK y el Brujas. Y como prueba definitiva de la fidelidad de Ceulemans a Bélgica, defendió 96 veces la camiseta de los Diablos Rojos (23 goles), un récord que se mantiene.

“Hoy en día es imposible realizar una carrera así. El 90% de los integrantes de los Diablos Rojos juegan en este momento en las grandes ligas de Europa. Para alcanzar un cierto nivel y mantenerse en él, no tienen otra opción que disputar esas competiciones”, observa Ceulemans. “En 1980, yo tuve una oportunidad de oro de fichar por el AC Milan. En aquella época, me consideraba demasiado joven como para afrontar un reto así. Quería consolidarme en el Brujas, y pensaba, equivocadamente, que más tarde me llegarían otras ofertas parecidas. Puede que cometiese un error desde un punto de vista económico, aunque en cualquier caso creo que tuve una carrera fantástica”.
 
León endiablado
Su trayectoria empezó en el Lierse SK, el club de su ciudad natal, en el que entró con siete años. Fue subiendo todos los peldaños que conducían al primer equipo... y a la selección belga, en 1976. Ceulemans marcó 40 goles en 112 partidos con el conjunto amarillo y negro. Permaneció allí hasta el final de la temporada 1977/78, que terminó con una cuarta plaza, a solo cuatro puntos del campeón, el Club Brujas, que se haría con los servicios de Caje.

Con las Gacelas, Ceulemans se transformó en un león hambriento de títulos y de goles. Firmó 240 dianas en 501 encuentros, se proclamó tres veces campeón de liga (1980, 1988 y 1990) y ganó también dos copas nacionales (1986 y 1991) y el respeto de sus compañeros, al ser elegido en tres ocasiones Bota de Oro belga, en 1980, 1985 y 1986… Fueron tres años dorados para los Diablos Rojos.

“La Eurocopa de 1980 es el mejor recuerdo de mi carrera”, cuenta Ceulemans, punta de lanza de un combinado belga convertido en revelación al alcanzar la final, por primera vez en un gran torneo. “En las eliminatorias vencimos a una Escocia que estaba en su mejor momento, y superamos a Inglaterra, España e Italia en la fase de grupos, antes de perder la final contra Alemania. Después del partido contra la Roja, que sin duda fue el más lindo de mi carrera, llegué a pensar ‘Jan, tú y tu equipo habéis hecho hoy un fútbol increíble”.

Bélgica y Ceulemans lograron luego una primera participación en la Copa Mundial de la FIFA™, en 1982, a la que siguió la deslucida Eurocopa 1984. Hubo que esperar a la competición preliminar de México 1986 y a aquella fase final para ver de nuevo a Bélgica y a su capitán en su mejor momento de forma. Llegaron a las semifinales del torneo, donde cayeron ante la Argentina de Diego Armando Maradona. Fue la mejor actuación belga en la historia del Mundial. “Me siento mucho más honrado por el desempeño colectivo que por el brazalete que lucía, que en aquella época era para el jugador con más internacionalidades”, apunta Caje, rebautizado entonces como Capitán Coraje por su entrega.

Aquella gesta colectiva pasó a los anales del fútbol belga, y Ceulemans entró en la leyenda del fútbol de su país gracias a su garra. “Es uno de los tres atributos del buen futbolista... para triunfar, un jugador debe combinar estado de ánimo, talento y condiciones físicas. Las únicas excepciones han sido Lionel Messi y Maradona. A día de hoy, uno puede ser el futbolista con más talento del mundo, pero si le falta condición física o estado de ánimo no conseguirá triunfar”.

Corazón de león
Tras este discurso hay un futbolista excepcional, y también un hombre convertido en entrenador cuando colgó las botas al cabo de 17 años. “Este oficio me encanta, ¡aunque el de jugador es muchísimo mejor! No se tiene el estrés, únicamente hay que centrarse en el propio rendimiento, ¡y sobre todo se es más joven!”, bromea.

Ceulemans comenzó su segunda carrera en la segunda división, en 1992, con el Eendracht Alost, al que condujo dos años más tarde a la Copa de la UEFA. Posteriormente vendría una experiencia en el Ingelmunster, al que ascendió de la tercera a la segunda categoría, y luego en el KVC Westerlo, de la Jupiler League, con la conquista de una Copa de Bélgica en 2001. Ese título le abrió de nuevo las puertas del Brujas, donde permaneció dos años, antes de volver a otra entidad que ya conoce muy bien, el Westerlo, equipo al que clasificó para la final de la Copa de Bélgica, aunque perdería el choque por el título, y no consiguió mantenerlo en la élite la temporada siguiente.

“Debo confesar que ser Jan Ceulemans me ayudó al principio de mi carrera de entrenador, aunque si los resultados no acompañan el valor de tu nombre enseguida disminuye”, analiza. Ahora, a sus 58 años, intenta devolver al KMSK Deinze a la segunda división belga. “Pero después de todos estos años como técnico puedo decir que siempre he procurado seguir siendo la misma persona, conservar el mismo carácter, y que eso es para mí lo más importante”, concluye Ceulemans.