Puede que Johnny Haynes no haya recibido el reconocimiento internacional que sus compatriotas ingleses campeones de la Copa Mundial de la FIFA™ en 1966, pero el relieve de esta gran figura de las décadas de 1950 y 1960 pudo haber sido muy diferente.

En el fútbol británico, a Haynes se le recuerda por su sueldo. El astro del Fulham fue el primer jugador de Inglaterra que ganó 100 libras a la semana después de la eliminación del tope salarial. Pero definirlo en términos monetarios abarata el recuerdo de un artesano del fútbol, leal servidor de su club. Cuando Hayes dejó el Fulham el 17 de enero de 1970, puso fin a una estancia de 17 años en el primer equipo del club del oeste de Londres, por la que en Craven Cottage se ha bautizado con su nombre una tribuna y se ha erigido una estatua en su honor fuera del estadio.

La afición disfrutó por primera vez de su talento en un partido televisado entre las selecciones escolares de Inglaterra y Escocia, y los seguidores del Fulham pidieron que se acelerara el ingreso de aquel chaval de 15 años en el equipo absoluto, cosa que no sucedió hasta tres años después en el Día de San Esteban de 1952.

Visión de juego y elegancia
Dotado con una visión de juego sublime, una elegancia en el toque soberbia y una habilidad increíble para quebrar defensas desde su posición de interior izquierdo, era el Xavi o el Andrés Iniesta de la época. Su apodo, El Maestro, el mismo que recibiría muchos años después Xabi Alonso, da fe de su precisión y acierto en el pase desde 35 metros.

Haynes ya llevaba disputados muchos de los 56 partidos que jugaría con la selección de Inglaterra cuando el Fulham ascendió a la primera división en 1959, al cabo de una campaña en la que el centrocampista marcó 25 goles. Su creatividad se convirtió en parte integral de los éxitos del combinado nacional inglés. “Es el pasador más brillante que he visto jamás”, comentó el delantero de Inglaterra Jimmy Greaves. “Pocas veces ha habido en la selección inglesa una figura más dominante que Johnny. Él orquestaba casi todas las jugadas ofensivas del equipo”.

Billy Wright, el entonces capitán del combinado nacional, se mostraba igual de efusivo al referirse a su compañero de selección: “Yo casi me moría de gusto cuando veía esos hermosos pases de Johnny con ambos pies. Sabía esconder muy bien. Era un maestro del fútbol”.

Haynes había participado en su primer Copa Mundial de la FIFA, Suecia 1958, cuando todavía estaba en segunda división. Allí disputó todos los partidos y marcó su único gol en un Mundial en el tercer partido de grupos, contra Austria, donde Inglaterra, sabiendo que una victoria le concedería el pase de ronda, empató a 2-2. Quedó eliminada de la competición tras su derrota por 1-0 contra la URSS.

Se levanta el tope
A Haynes se le conocía además como el chico Brylcreem, por ser uno de los primeros futbolistas que se prestaron a anunciar productos, en su caso para el pelo. Sin embargo, la abolición del tope salarial el 18 de enero de 1961 lo pondría en el centro de un torbellino que duró 18 meses.

El presidente del Fulham, Tommy Trinder, un famoso humorista de la época, había rechazado la oferta de 100,000 libras esterlinas que estaba dispuesto a abonar el AC Milan por el jugador, y que habría convertido a Haynes en el futbolista mejor pagado del planeta. Acto seguido, Trinder aseguró que, si de él dependiera, le pagaría cinco veces el tope máximo 20 libras por semana. “Haynes es un artista como yo, y si el alguna vez se aboliera el salario máximo, le pagaría lo que vale, es decir, 100 libras a la semana”.

En enero de 1961, Haynes apareció en la puerta de Trinder con los recortes de periódico de aquellas declaraciones, y al presidente no le quedó otra opción que aumentarle el sueldo, por una cifra equivalente hoy en día a unas 2.000 libras a la semana. El gran Bobby Robson, entonces compañero de club y de selección, pensó era dinero muy bien gastado: “Tenemos el mejor jugador del país, nadie va a tocarlo y le pagaremos lo que tengamos que pagarle”.

Pocos meses después, el entonces capitán de Inglaterra orquestó una impresionante goleada contra Escocia y la conquista del título del Campeonato de Naciones, un 9-3 que sigue siendo la segunda derrota más abultada que han sufrido los escoceses en su historia. Tras dos goles anotados y muchos otros creados, llegó lo increíble.

“Dimos la vuelta al campo con el gran Haynesie en hombros como si él hubiera sido la Copa de Inglaterra. Alcanzó la perfección”, recordaba Greaves, autor de una tripleta. El escocés Dave Mackay expresó con claridad meridiana lo que opinaba del capitán de Inglaterra. “Marcaría a cualquier otro jugador del mundo antes que a Johnny Haynes”.

La amargura de las Copas Mundiales
En la Copa Mundial de la FIFA Chile 1962, Inglaterra debutó ante Hungría. El seleccionador húngaro, Lajos Baroti, fue contundente al decir cómo pensaba derrotar a Inglaterra. “Muy sencillo: el número 10 (Haynes) bota los saques de esquina, el número 10 saca de banda; el número 10 lo hace todo. ¿Qué hacemos nosotros? Ponemos a un hombre junto al número 10. Adiós Inglaterra”. Surtió efecto. Hungría ganó por 2-1. Inglaterra fue eliminada en cuartos de final por el Brasil de Garrincha.

A partir de ahí, el sueño de Haynes estaba claro: “Mi gran ambición ahora es capitanear a Inglaterra en casa en la fase final de 1966, y ser el capitán del equipo vencedor”. Para el Mundial iba a tener 31 años, pero Haynes tuvo un accidente de coche mientras conducía por Blackpool después de un partido a domicilio con el Fulham, y se lesionó gravemente la rodilla. Estuvo de baja casi toda la temporada 1962/63. Cuando regresó, como en el accidente se había desgarrado el ligamento cruzado, siguió por siempre atenazado por las lesiones.

Nunca volvió a jugar con la selección de Inglaterra y sus facultades empezaron a mermar. Tras haber tirado del Fulham durante tanto tiempo, aunque lo máximo que alcanzó allí fueron dos semifinales de la Copa de la FA, el club acabó sufriendo dos descensos consecutivos. Haynes se retiró a mediados de la primera temporada en la tercera división, con sus días de gloria congelados en el tiempo por el famoso contrato que había firmado ocho años antes. “Fui el primer jugador que cobró 100 libras a la semana", observó. "Pero el Fulham no me subió el sueldo ni un penique desde entonces hasta el día en el que colgué las botas en 1970”.