A raíz de la revolución de 1956, Hungría quedó tan devastada como su selección nacional, que antes de la intervención rusa sólo había perdido una vez en 52 partidos. Zoltan Czibor, Ferenc Puskas y Sandor Kocsis buscaron refugio en España, y en su ausencia el combinado magiar cayó eliminado en la primera ronda de la Copa Mundial de la FIFA 1958, y luego fue derrotado por el equipo de la Unión Soviética en su primer clasificatorio para la Eurocopa de 1960.

Hungría necesitaba un príncipe azul que levantara los ánimos populares, y un adolescente acudió al rescate. Florian Albert sólo tenía 17 años cuando de repente le anunciaron su debut internacional para un amistoso contra Suecia en 1959. El delantero respondió atormentando a la defensa de la entonces subcampeona del mundo y sirviendo dos pases de gol en el triunfo de los suyos por 3-2.

Albert lucía impecable control de balón, aceleración instantánea, visión extrasensorial, pase milimétrico y potente disparo. Con la cadencia de una bailarina de ballet y la habilidad para zigzaguear sin despeinarse por entre los jugadores rivales como si ellos fueran los palos clavados en la nieve y él un esquiador de eslalon, consiguió dar a los aficionados al fútbol húngaros la esperanza de que había luz al final del túnel de la depresión.

Y había luz
Esos 90 minutos, de hecho, fueron el prólogo de una magnífica carrera con la camiseta húngara. Los tres partidos siguientes se saldaron con soberanas victorias, en las que Albert marcó cinco goles y sirvió numerosas asistencias, cuatro de ellas en la paliza de 7-0 a Francia. Fue así como los magiares accedieron a semifinales del Torneo Olímpico de Fútbol masculino de los Juegos de Roma 1960, y aunque el conjunto de Lajos Baroti sucumbió allí ante Dinamarca, finalizó su recorrido con otro memorable triunfo, por 2-1 sobre Italia, para colgarse el bronce. El Emperador, como apodaban a Albert, volvió a ser determinante en la consecución de la medalla de bronce que se colgó Hungría en el Campeonato Europeo de 1964, y tampoco defraudó en el mayor escenario de todos.

En el estreno de Hungría en Chile 1962, Albert atinó el gol de la victoria por 2-1 contra la Inglaterra de Bobby Moore, Bobby Charlton y Jimmy Greaves, y a continuación firmó una tripleta en el fenomenal 6-1 sobre Bulgaria. Aunque Hungría se apeó de la competición en cuartos tras naufragar por 1-0 ante Checoslovaquia, su dorsal número 9 tuvo el consuelo personal de suceder a Pelé como receptor del premio al Mejor Jugador Joven del certamen, del que acabó máximo goleador junto a otros cinco romperredes que habían marcado los mismos cuatro goles que él pero habían jugado más partidos.

Cuatro años más tarde, en Inglaterra, el ariete de 1,81 metros de altura realzó su rango como uno de los mejores futbolistas del mundo al conformar un tándem telepático con el diminuto extremo diestro Ferenc Bene. Juntos guiaron a sus compatriotas hasta el triunfo por 3-1 sobre Bulgaria y hasta una victoria histórica ante Brasil por el mismo resultado.

Algunos testimonios
El defensa húngaro Sandor Matrai recordó: "Garrincha, Gerson y Tostao saltaron al campo en Liverpool, pero había más de 50.000 espectadores neutrales gritando '¡Albert, Albert, Albert!' a lo largo de todo el encuentro". El propio Albert agregó: "El ambiente en los vestuarios antes de empezar era extraordinario: estábamos tan ávidos de jugar ese partido. Y después del final nos invadió una sensación de éxtasis total que jamás podré olvidar".

Lamentablemente, en el choque de cuartos de final contra la Unión Soviética, plagado de entradas bárbaras —consecuencia de las profundas desavenencias políticas entre las dos naciones— los húngaros cometieron dos errores garrafales y capitularon por 2-1.

Albert siguió prestando excelentes servicios a su patria, pero en el clasificatorio para la Copa Mundial de la FIFA contra Dinamarca en 1969 sufrió una grave fractura de pierna. Pasarían dos años antes de que pudiera reaparecer en la escena internacional, y a decir verdad ya no sería ni la sombra del astro que había llegado a ser.

Baroti, su seleccionador, recalcó en su defensa: "Era tan bueno de 10 como de 9. Es raro encontrar un jugador que destaque tanto marcando goles como creándolos. Albert lo hacía todo bien, y con una elegancia inimitable".

Lajos Tichy, cuya renta de 51 goles en 72 partidos internacionales le debe mucho a la imaginación de Albert, comentó en alusión a su principal asistente: "Él se lanzaba al ataque, serpenteaba entre los contrarios como si no existieran y luego nos enviaba esos maravillosos pases en profundidad para que nosotros los aprovecháramos. Daba gloria jugar con él; nos lo ponía todo tan fácil".

Otro compañero suyo, Gusztav Szepesi, esbozó este retrato: "Era un hombre modesto, respetuoso y bien educado, tan inteligente fuera del campo como dentro. Gustaba a todo el mundo. Y como futbolista era excepcional. Habría sido un digno miembro del Equipo de Oro. Si Albert hubiera nacido en algún otro país, probablemente se le habría considerado el mejor jugador nacional de todos los tiempos. Pero nació en Hungría, y Hungría tenía a Puskas".

Rey del Ferencvaros
Por más que el inexpugnable rey del fútbol húngaro impidiera que El Emperador se sentara en el trono patrio, nadie puede quitarle a Albert la corona de regente en el Ferencvaros, y seguramente nadie lo hará. Florian se inscribió en el club a los 11 años, anotó dos goles en su debut en el primer equipo a los 16, y fue uno de los principales responsables de que las Águilas Verdes imperaran en el campeonato húngaro en la década de los sesenta, durante la cual cosecharon cuatro títulos de liga en un periodo de seis años y libraron épicas batallas con su enemigo más acérrimo, el Ujpest.

La mayor gesta del Ferencvaros, sin embargo, acaeció en Europa. En la Copa de Ferias de 1964/65, precursora de la Copa de la UEFA, Albert batió con sus camaradas al Roma, al Athletic de Bilbao y al Manchester United de camino a la final. El conjunto de Budapest abordó esa cumbre con el cartel de víctima, dado que su rival era el poderoso Juventus, y que el recinto en el que se disputaría el único y definitivo partido sería el propio Estadio Comunale de Turín. Pero de alguna manera los verdiblancos se las arreglaron para salir victoriosos por 1-0. En la edición de 1967/68 de la misma competición, el Ferencvaros eliminó entre otros al Liverpool, al Bilbao y al Bolonia, para regresar al encuentro decisorio, en el que claudicó por 1-0 ante el Leeds United. Aún hoy sigue siendo el único club húngaro que ha levantado un trofeo europeo.

Rey de Europa
Si ése fue el annus mirabilis del Ferencvaros, el de Albert fue sin duda 1967. Porque a sus 26 años se convirtió en el primer hombre en ganar dos títulos seguidos de Futbolista Húngaro del Año desde la Primera Guerra Mundial, una distinción que había eludido a figuras de la talla de Gyorgy Sarosi, Ferenc Deak, Jozsef Bozsik, Nandor Hidegkuti, Puskas y Sandor Kocsis; y al mismo tiempo fue nombrado Futbolista Europeo del Año, muy por delante de Bobby Charlton, Jimmy Johnstone, Franz Beckenbauer y Eusebio, siendo el primero y hasta la fecha el único húngaro en recibir ese galardón.

"Fue mi momento de mayor orgullo", indicó Albert en referencia a ese hito de su carrera, que culminó en 1974. "Estoy muy contento con todos los títulos que he ganado, pero también estoy contento por las alegrías que les di a los aficionados haciendo un fútbol bonito. Una vez estaba jugando un partido de juveniles y los espectadores nos abuchearon. Fue entonces cuando me di cuenta de la importancia del espectáculo en el fútbol".

El fallecimiento de este espectacular futbolista, la semana pasada a la edad de 70 años, suscitó el luto nacional. A su sepelio del domingo asistieron innumerables celebridades húngaras y el funeral se retransmitió en directo por televisión terrestre. Más tarde ese mismo día, antes del partido del Ferencvaros contra el Paksi, se apagaron los reflectores y se encendieron velas. A continuación el equipo anfitrión saltó al campo con uniforme completamente negro en señal de homenaje y luto,  y se desplegó una pancarta con la leyenda: "Dios siempre estará contigo, Emperador". El legado de Florian Albert permanecerá para siempre en los corazones de los amantes del fútbol del Ferencvaros y de Hungría.

¿Sabías que...?

  • Albert dijo una vez: "Me costaba motivarme en los entrenamientos y tuve unas cuantas broncas con los técnicos por eso. Para mí lo importante no eran las prácticas sino lo que sucedía en el campo. En cuanto empezaba el partido, siempre tenía unas ganas tremendas de jugar".

  • Albert marcó 383 goles en un total de 537 partidos con el Ferencvaros, y 26 tantos en sus primeros 45 encuentros con la selección de Hungría.

  • El Futbolista Europeo del Año 1967 estaba casado con la actriz Iren Barsony, y el vástago de ambos, Florian Albert hijo, emuló a su progenitor jugando con el Ferencvaros y con Hungría.

  • Después de colgar las botas, Albert ejerció de entrenador del Al-Ahly Bengasi libio durante dos breves e infructuosos periodos, y luego asumió diversos cargos en el Ferencvaros, entre ellos el de director técnico y el de presidente honorario.

  • En 2007, cinco años después de que el recinto donde juega la selección húngara fuera rebautizado con el nombre de Estadio Ferenc Puskas, el Ferencvaros cambió el nombre de su coliseo y lo llamó Estadio Florian Albert.