Justo en el día en que se conmemoraban los 65 años de la gesta del Maracanazo, el 16 de julio de 2015, Alcides Edgardo Ghiggia, autor del gol de la victoria uruguaya en el mítico estadio de Río de Janeiro y ante Brasil, falleció a los 88 años de edad. FIFA.com recuerda su carácter, talento y valentía, virtudes de un futbolista inolvidable.

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Le daban la pelota demasiado al pie y el hombre andaba ofuscado, así que el entretiempo debía servir para algo más que tomar agua y descansar. "Dígale a Julio Pérez que me la dé larga", le pidió Alcides Ghiggia a Juan López. El técnico habló y primero fue pelota bien dada, corrida y tic, pase atrás para que empatara Schiaffino. Y al ratito fue pelota bien dada, corrida y pum, botinazo raso para el 2-1, para dejar sin música a 200.000 brasileños, para que las salas de recién nacidos de todo Uruguay se llenaran de Alcides Edgardo, como él.

El Ñato Ghiggia, 23 años y apenas cuatro meses vistiendo la celeste, confió en lo que veía dentro del campo y gestó una de las hazañas más espectaculares de la historia de las Copas Mundiales de la FIFA: el Maracanazo, la victoria de Uruguay en Brasil 1950 sobre el arrasador Brasil, que era campeón con el empate, se puso 1-0 y terminó con los ojos rojos de dolor.

En un equipo plagado de testosterona y talento en partes iguales, con Odbulio Varela, Roque Máspoli y Juan Schiaffino, entre otros, Ghiggia fue el faro. Alguna vez, el diario El Observador le preguntó a Schiaffino cuál había sido la diferencia con los brasileños. "Ghiggia. Jugó brillante. Su juego fue imponente", contestó. Uruguay jugó cuatro partidos en ese Mundial. El Fantasma, como le dicen en Brasil, hizo goles en todos.

Cara afilada, bigote rompecorazones, piernas largas y tórax cortito, Ghiggia destrozó marcadores de punta a puro quiebre de cintura, técnica, velocidad y coraje. Cuenta la leyenda que después del 2-1 a Brasil, el técnico López le tuvo que pedir que ayudara en defensa, que se olvidara del arco de enfrente. "Ese loco quería hacer el tercero", dicen que dijo López.

Esa ambición lo acompañó durante toda su carrera, desde los inicios en Sudamérica hasta el adiós en Danubio, cuando dijo basta con casi 42 años. Tal vez ese fuego lo mamó de los héroes de 1930. Era muy chiquito cuando Uruguay ganó el primer Mundial –nació el 22 de diciembre de 1926- pero escuchó las leyendas de los primeros campeones del mundo mientras crecía en una familia patriarcal, con la rigidez propia de la época. Pese a que jugaba al basquetbol, amaba el fútbol y siguió el corazón: dejó los estudios y entró en Sudamérica en 1946.

Regreso a Peñarol
Un año después, Atlanta se lo llevó a Buenos Aires para probarlo y jugó con Adolfo Pedernera, uno de los mejores jugadores que vio, pero el Bohemio finalmente decidió no contar con él. Volvió al club que desvelaba a su mamá Gregoria, Peñarol, y comenzó a mostrar lo que mejor hacía: ridiculizar defensores y dar el pase gol.

"Su zancada era larguísima, era un galgo. Era casi imposible de tirar y tenía un coraje a toda prueba. Cuanto más le pegaban, más se agrandaba. Nunca volvió a haber un puntero como él", lo pintó el periodista uruguayo Franklin Morales.

Así se hizo un nombre en la inolvidable Escuadrilla de la Muerte que cualquier hincha de Peñarol repite de corrido y sin respirar desde 1949: Ghiggia, Oscar Migues, Ernesto Vidal, Juan Alberto Schiaffino y Juan Hohberg. Así se ganó un lugar en la selección uruguaya y así, siendo ya una estrella mundial, en 1953, fue el primer fichaje estelar de la Roma de posguerra.

También ayudó para su llegada a Europa el puñetazo que le pegó a un árbitro jugando un clásico Peñarol-Nacional en 1952. Lo suspendieron 15 meses. Su gran carácter, a veces, dejaba escapar un costado menos amable. A los 55.000 espectadores que fueron a ver su debut de giallorosso no pareció importarles. Él, como hizo toda su vida, no miró las tribunas para no impresionarse. Al carácter también hay que darle paz.

En Roma vivió ocho años a pura velocidad. Sobre la banda derecha, sobre alguno de sus tres Alfa Romeo y con las romanas. "Era muy farfallone –gran cortejador-, pero tenía un corazón y una generosidad excepcionales", recordó un ex compañero, Giacomo Losi.

Se convirtió en ídolo pero sólo ganó una Copa de Ferias. El scudetto lo logró recién en su único año en el Milan, aunque jugó apenas cuatro partidos. Con 37 años y dispuesto a retirarse, volvió a Uruguay. Andaba de gira por el país con otras viejas glorias jugando amistosos para recaudar fondos para un hospital de niños cuando dirigentes de Danubio lo tentaron para volver.  El amor por la pelota fue más fuerte y hubo Ghiggia casi cinco años más.

Tras el retiro, fue técnico unos meses e inspector público en el Casino de Montevideo muchos años, trabajo que le dio el gobierno uruguayo. A los 87 se recuperó milagrosamente después que un camión chocara su auto y lo dejara en coma. Fue el último sobreviviente del Maracanazo. Era capaz de recordar cada imagen con lucidez pero no escuchar los relatos radiales que tenía guardados. Ghiggia, el del carácter a prueba de patadas, se emocionaba demasiado.

¿Sabías que...?

  • Ghiggia marcaba pocos goles, pero muchos eran parecidos: desborde por derecha y, en vez de dar el pase atrás, le pegaba al arco. En la Copa Mundial de la FIFA Brasil 1950 le hizo el mismo gol a España y a Brasil. Jugando para la Roma, su único tanto en el derbi ante la Lazio también fue muy parecido.

  • Ghiggia conoció a su actual esposa, 45 años menor que él, dándole clases de manejo mientras trabajaba en una escuela de conducción. Fue en 1996.

  • Los únicos cuatro goles que convirtió Ghiggia defendiendo la camiseta de Uruguay los convirtió todos durante la Copa Mundial de la FIFA Brasil 1950.

  • Ghiggia jugó también para la selección italiana. Participó de las eliminatorias para la Copa Mundial de la FIFA Suecia 1958, pero la azzurra quedó eliminada con una recordada derrota en Belfast ante Irlanda del Norte. Fue la única vez que Italia no se clasificó a un Mundial vía eliminatorias.