En el día de su cumpleaños número 70, FIFA.com repasa la carrera de Elías Figueroa, un defensor que brilló por su elegancia y categoría, y que se transformó en símbolo del fútbol chileno y sudamericano. ¡Felicidades, Don Elías!

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En la previa a su debut en la Copa Mundial de la FIFA Chile 1962, Brasil utilizó como sparring a un equipo juvenil del Santiago Wanderers, un club de la ciudad de Valparaíso que distaba unos 10 km de Viña del Mar, sede del encuentro contra México. Durante esos entrenamientos, sobresalió un jugador chileno que, por categoría y personalidad, impresionó a Pelé y compañía, lo que no era poca cosa: los brasileños habían logrado el título en Suecia 1958 y volverían a consagrarse campeones semanas después.

Para el Mundial de Alemania 1974, aquella promesa de sólo 15 años era ya un futbolista hecho, derecho y laureado, que se animaba a decirle a cualquiera: “El área es mi casa. Ahí entra quien yo quiera”. Y a esta altura, nadie dudaba de que Elías Figueroa fuera justamente eso, el dueño de su propia área. Ya todos sabían de su capacidad de anticipo, su gran juego aéreo, su voz de mando y su técnica para salir jugando. Sin ir más lejos, en Alemania fue reconocido como el mejor defensor del torneo, conformando la dupla central del equipo ideal con Franz Beckenbauer.

"Figueroa es el mejor jugador de toda la historia de Chile, y probablemente el mejor zaguero central de la historia del fútbol de América", afirmó Pelé alguna vez. Más allá de cualquier debate, resulta innegable que desde la zaga revolucionó al balompié de su país, cosechando elogios y premios tanto en la selección como en los clubes que le tocó jugar, donde siempre terminó siendo capitán.

Obstáculos como motivación
Nacido en Valparaíso el 25 de octubre de 1946, Figueroa tuvo una infancia feliz, aunque su salud le jugó malas pasadas. Entre los 2 y 7 años sufrió problemas de corazón y asma, por lo cual le prohibían hacer ejercicio física; y a los 11 le diagnosticaron un principio de poliomielitis, que lo obligó a, prácticamente, aprender a caminar otra vez. “Todo me fortaleció”, dijo siempre. “Me fui poniendo metas cortas, templé mi personalidad y superé todos los desafíos”.

Así, a los 14 era un volante por derecha hábil e inteligente que se destacaba en el Club Deportivo Liceo, aunque un año después le consiguieron una prueba en el Santiago Wanderers, que superó con creces. Recién en este momento Figueroa bajó a jugar de zaguero central. Tras aquellas prácticas contra Brasil y su constante evolución, el joven Elías pedía a gritos un lugar en el equipo, pero estaba tapado por Raúl Sánchez, mundialista en 1962. Entonces, lo traspasaron al Unión La Calera.

Debutó en Primera en abril de 1964, aunque fue su actuación en un partido posterior ante Colo Colo el que le valió su primer apodo. “Estamos frente a un muchacho de diecisiete años que juega como un crack maduro. Desde hoy yo no puedo más que llamarlo Don Elías Figueroa”, dijo un locutor radial, sin saber que así sería conocido en todo el mundo.

El primer mundial y la partida a Uruguay
Figueroa volvió al Wanderers en 1965, año en el que también debutó en la selección mayor. Rápidamente se sumó al grupo que se preparaba para Inglaterra 1966, ganándose un lugar en la lista mundialista. De hecho, a nadie le extrañó que, con apenas 19 años, fuera titular y uno de los mejores de un equipo no superó la ronda inicial. Ahora también le decían Muralla Roja.

Al regreso, varios clubes se interesaron por él, pero Peñarol ganó la pulseada. El zaguero se hizo velozmente un lugar en un plantel donde brillaban pesos pesados como Ladislao Mazurkewizs, Néstor Gonçalves, Alberto Spencer y Pedro Rocha, consiguiendo un bicampeonato uruguayo (1967 y 1968) y una Supercopa de Campeones Intercontinentales (1969). Aquí sobresalió en la final ante el Santos de Pelé.

Eran épocas de partidos bravos, esos que le gustaban a Figueroa. “Contra Racing de Avellaneda rechacé de paloma un centro y (Alfio) Basile me dio una patada en la cabeza. Recuperé la conciencia en las duchas y pregunté cómo habíamos salido. Me dieron el resultado y me aclararon que había estado los 90 minutos en cancha”, contaría después.

No a Europa: de valientes e iluminados
A fines de 1971, Míster Lujo tuvo una oferta concreta del Real Madrid, pero él prefirió ir al SC Internacional de Porto Alegre. En la liga brasileña jugaban varias de las estrellas sudamericanas, y él quería medirse con los mejores.

En 1973, mientras tanto, Figueroa fue el líder de la clasificación chilena para Alemania 1974. Tras eliminar a Perú, la Roja debió jugar un repechaje ante la Unión Soviética, medalla de bronce en el Torneo Olímpico de Fútbol Múnich 1972. Don Elías brilló en el histórico 0-0 conseguido a la ida en Moscú. “Por arriba fue un león. Si a veces saltaba con dos rusos y... al suelo con ellos y la pelota era de él”, destacaría el arquero Juan Olivares.

Como Rusia se negó a viajar a Chile para la revancha, por la situación política que había generado un golpe de estado, la Roja se clasificó sin jugar el encuentro de vuelta. Pero la fama del zaguero se acrecentó en Alemania, y esto a pesar de otra temprana eliminación. El mejor elogio llegó del mismísimo Beckenbauer: “Yo soy el Figueroa de Europa”.

Tras coronar 1974 con el Premio al Mejor Jugador de América, que también ganaría los dos años posteriores, llegó otro momento cumbre de su carrera, la conquista del Campeonato Brasileño de 1975 como capitán del Inter. En la final ante Cruzeiro, un rayo de luz se coló entre las nubes que encapotaban el Beira Río para iluminar el cabezazo de Figueroa, quien anotó el tanto del título.

Del regreso al adiós
La leyenda del Gol Iluminado le valió una fama casi mística, con la que a veces le costó convivir. Fue así como en 1976, después de ganar otra vez título brasileño, Figueroa estaba listo para volver a Chile. Dejó Brasil siendo ídolo: “Si me pidiesen comparar a Don Elías con alguien, no lo podría hacer", aseguró Rubens Minelli, su técnico en el Inter.

El regreso no fue a uno de los grandes del país, sino al humilde Palestino. De su mano, los Árabes lograron una Copa de Chile (1977) y una liga (1978), durante la cual acumularon un invicto de 44 partidos, marca aún imbatida. En 1981 firmó contrato con el Fort Lauderdale Strikers de la NASL norteamericana, donde jugó con Gerd Mueller y Teófilo Cubillas.

Sin embargo, un año después pegó la vuelta a definitiva, ahora sí para jugar en el gigante Colo-Colo. Mucho tuvo que ver el proceso que desembocó en la clasificación a su tercer Mundial, el de España 1982, algo que no ha logrado ningún otro futbolista chileno hasta el momento. El 1 de enero de 1983, tras un 2-2 en el clásico ante la Universidad de Chile, Elías Figueroa colgó las botas.

Los reconocimientos y premios siguieron llegando tras su retiro, es cierto… Pero desde ese día, las áreas siguen buscando nuevo dueño.

¿Sabías que...?

  • En total, Figueroa disputó 9 partidos por Copas Mundiales de la FIFA, de los cuales empató 3 y perdió 6, sin marcar goles. Por eliminatorias, en cambio ganó 4, empató 2 y perdió 1, anotando dos tantos, sus únicos con la Roja.

  • Elías Figueroa es uno de los dos futbolistas chilenos que integran el FIFA 100, la lista con los mejores futbolistas vivos que confeccionó Pelé en 2004. El otro es el delantero Iván Zamorano.

  • El compositor brasileño Regis Antonio grabó un disco entero dedicado a Don Elías Figueroa, alternando también canciones en honor al club Internacional de Porto Alegre y al poeta Pablo Neruda.

  • En 1981, tras un amistoso con Argentina, un fotógrafo le pidió a Maradona si podía sacarse una foto con Figueroa. "Que venga él", dijo el 10 argentino. Al preguntarle a Don Elías, la respuesta fue idéntica. La foto nunca se hizo.

  • En 18 años de carrera, Figueroa resultó expulsado apenas una vez: fue el 24 de octubre de 1979, un día antes de cumplir 33 años, en un partido ante Perú por las semifinales de la Copa América.