El origen del nombre Guyana se remonta a un lejano pasado indígena y significaba tierra de muchas aguas en una antigua lengua amazónica. Numerosos ríos recorren la espesa selva a modo de venas que forman una red impenetrable. En la actualidad, el fútbol se ha convertido en el alma de este diminuto país situado en el extremo nororiental de Sudamérica.

“Aquí todo el mundo juega en la calle”, explica a FIFA.com Vurlon Mills, estrella en ciernes de la selección guyanesa. “Cuando no hay trabajo que hacer, sólo se necesita que alguien saque un balón para que se monte un partido. Así de sencillo”, añade.

Guyana limita al sur con Brasil y la mayoría de su población se concentra en una estrecha franja de territorio situada en la parte septentrional del país, a orillas del Atlántico. El fútbol llegó por vía marítima a estas tierras que en su día albergaron a la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales y donde los británicos establecieron posteriormente diversas plantaciones. Los Jaguares Dorados, que es el sobrenombre con el que se conoce popularmente a la selección guyanesa, se enfundaron sus camisetas amarillas por primera vez en 1905. Hoy, más de un siglo después, el combinado sudamericano se encuentra en tendencia ascendente y ha escalado seis posiciones —hasta la 156ª— en la última edición de la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola.

A medio camino entre Sudamérica y el Caribe
“Vivimos en un cruce de caminos”, continúa Mills en alusión a la peculiar situación de su país que, ubicado en un nudo cultural y geográfico, juega al fútbol en las competiciones del Caribe aunque está en Sudamérica. Guyana es el único país anglófono del continente sudamericano y forma parte tanto de la Comunidad del Caribe (CARICOM) como de la Unión de Naciones Sudamericanas. “No somos ni lo uno ni lo otro”, añade con su acento caribeño el futbolista internacional.

Viajar más allá de los límites de la ciudad de Georgetown, la capital de Guyana, resulta, en el mejor de los casos, complicado. “Jugamos contra la vecina Surinam con mucha frecuencia, pero ir a lugares más distantes no es fácil”, cuenta Mills, que se toma con buen humor las complicaciones que conlleva ser futbolista en un país como el suyo. “Aquí, viajar a cualquier sitio desgasta casi tanto como una sesión de entrenamiento. Tienes que tomar tres o cuatro vuelos seguidos y necesitas un día para recuperarte”, explica.

La trayectoria internacional de Guyana recuerda a los ríos que recorren el país de arriba abajo y se estancan en largos tramos. Tras perder el primer partido de su historia, la selección guyanesa se pasó 16 años sin jugar. En cualquier caso, el inicio del presente siglo supuso un punto de inflexión para el fútbol de este país sudamericano. Guyana estuvo a punto de clasificarse para la Copa de Oro de la CONCACAF 2007 y, en noviembre de 2010, alcanzó el 86º puesto de la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola, su mejor resultado en la historia del escalafón internacional. En 2012, conquistó el que ha sido hasta la fecha su mayor éxito al apear a Trinidad y Tobago de la competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 y alcanzar así la segunda fase de grupos de las eliminatorias de la CONCACAF.

En aquella ilusionante etapa, los Jaguares se embarcaron en un largo viaje hasta Ciudad de México para jugar nada menos que en el Estadio Azteca, un coliseo mítico que se encuentra a muchos kilómetros del Providence Stadium, el campo de cricket en Georgetown donde Guyana disputa sus partidos como local.

“Fueron unos días maravillosos”, rememora Mills, un centrocampista creativo, con una calidad desarrollada entre los baches de las calles guyanesas. “No cabe duda de que selecciones como Costa Rica o México están un escalón por encima de nosotros, pero jugar contra ellos es una experiencia fantástica, porque tienes mucho que demostrar y nada que perder”, revela el jugador, que en aquella competición preliminar participó en el partido que Guyana perdió en Costa Rica por un rotundo 7-0. “Además, cuando la hinchada rival es numerosa y hostil aprendes cosas sobre ti mismo”, añade.

Aquella vivencia resultó muy positiva en cuanto a aprendizaje para Guyana, que sólo sumó un punto en la mencionada fase de grupos gracias al empate que arrancó en su visita a El Salvador. En los seis partidos que disputaron en aquella ronda, los guyaneses marcaron cinco goles y recibieron 24 pese a contar en sus filas con su estrella Carl Cort, que jugó en Inglaterra; con Ricky Shakes, el favorito de la afición; y con el actual capitán Chris Nurse, que compite en la segunda división del fútbol estadounidense con los colores del Puerto Rico FC.

Aire fresco para los Jaguares
El mes pasado, la escuadra guyanesa, entrenada por Jamaal Shabazz, exseleccionador de Trinidad y Tobago, volvió a verse las caras con la vecina Surinam, y en esta ocasión se llevó la victoria. Aunque su equipo ya se ha quedado fuera de la fase de clasificación de Rusia 2018 tras caer eliminado a manos de San Vicente y las Granadinas, Mills cree que sigue habiendo razones para el optimismo.

“La creación de una nueva liga en nuestro país ha cambiado las cosas para mejor”, asegura en referencia a la GFF Elite League, una competición formada por ocho clubes que funciona desde el año pasado y que viene siendo lo más parecido a una liga profesional que existe en Guyana. El Slingerz –el equipo que capitanea Mills– es el actual líder y el favorito para proclamarse campeón de la primera edición. “Antes faltaba organización, pero esta nueva liga brinda a los jóvenes guyaneses como yo la oportunidad de jugar en una competición de alto nivel que tiene repercusión y visibilidad. El seleccionador nacional podrá ahora elegir entre un abanico de futbolistas cada vez más amplio”, explica.

Mills está convencido de que, combinando la inconfundible picardía del fútbol callejero con las ventajas del profesionalismo y de la buena organización, la selección guyanesa va camino de alcanzar un equilibrio que siempre resulta difícil conseguir. “Muchos de nuestros jugadores no habían tenido hasta ahora la oportunidad de entrar en contacto con lo que son los fundamentos del fútbol profesional”, confiesa el centrocampista, mientras el ruido del viento del Atlántico interfiere por momentos en la conversación telefónica. “Pero eso está cambiando. La táctica y la inteligencia tienen una presencia cada vez mayor en nuestro fútbol”, concluye.