Marruecos se levanta tras la tragedia
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Cuando se debate y se informa sobre fútbol, las hipérboles están omnipresentes. Las derrotas se describen como “tragedias”, las sorpresas como “milagros”… y rara vez lo acontecido justifica realmente el uso de un lenguaje tan intenso.

La historia de Hicham Dguig constituye una excepción notable. Cuando el seleccionador de Marruecos habla en tono quedo de “un drama”, no tiene absolutamente nada que ver con el hecho de haber dejado escapar un 3-0 a favor en su primer encuentro en Tailandia 2012, para acabar perdiendo por 3-8 ante Panamá. En lugar de eso, sus palabras aluden a una auténtica tragedia: un accidente de tráfico ocurrido a primeros de septiembre en el que perdieron la vida dos de sus jugadores, y en el que el propio Dguig resultó gravemente herido.

“Cambió nuestras vidas para siempre”, afirmó el entrenador, cuyos movimientos todavía se ven afectados por las heridas que sufrió. “Estuvimos a punto de morir. Para mí y para las demás personas involucradas en el accidente aquel día, es un verdadero milagro que hoy estemos vivas y que podamos estar de pie, andar y llevar una vida normal; y no digamos hacer deporte… Sobrevivimos, gracias a Alá. Pero desgraciadamente, esos dos jugadores (uno de los cuales era un auténtico pilar de mi equipo) no lo hicieron”.

Inevitablemente, las secuelas físicas y mentales afectaron de forma importante a la preparación de Marruecos para Tailandia 2012; y el hundimiento del equipo en el segundo tiempo contra Panamá tal vez estuviese vinculado a las dificultades con las que se toparon. Aun así, ese terrible suceso también ha proporcionado a todos los miembros de la plantilla una cierta perspectiva en lo referente a la importancia de ganar y perder partidos de fútbol. Dguig, por su parte, percibe claramente la situación en su conjunto.

El Mundial constituye una gran oportunidad para hacer amigos y conocer a gente de todo el mundo; estos acontecimientos representan el espíritu del deporte
Hicham Dguig, seleccionador de Marruecos.

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“Debemos recordar que participar en un Mundial es un sueño para cualquier jugador y cualquier entrenador”, señaló. “Nos brinda la oportunidad de medirnos a las mejores selecciones, lo cual nos ayudará a mejorar la calidad de nuestro juego. Además, constituye una gran oportunidad para hacer amigos y conocer a gente de todo el mundo; estos acontecimientos representan el espíritu del deporte”.

El balón sigue girando
Aun a falta de dos partidos, salir airoso de un grupo en el que también figuran dos pesos pesados del fútbol sala como España e Irán se antoja ya una esperanza vana. Sin embargo, Dguig regresaría a casa siendo un hombre feliz si el futsal marroquí sacase provecho de la gran atención que está despertando su aventura tailandesa.

“Nuestros compatriotas son conscientes de la importancia de este Mundial”, aseguró. “Saben que vinimos aquí a situar a Marruecos en el mapa del fútbol sala, y algunos de ellos han viajado incluso hasta Tailandia para animarnos. Marruecos ya es una gran nación futbolística, y queremos que el fútbol sala les enamore también”.

“He oído que la gente en mi tierra ha estado siguiendo al equipo desde que llegamos a Bangkok, y eso es muy bueno saberlo. En nuestros próximos encuentros, pediremos a los jugadores que se sobrepongan a su falta de experiencia mostrando un espíritu combativo y decisión. No queremos decepcionarles”, concluyó.  

Ganen, pierdan o empaten, parece poco probable que lo hagan. Nguig ya ha demostrado precisamente las cualidades que busca en sus discípulos por el mero hecho de estar aquí.